No lo permitiré

Estábamos dentro de un domo mágico, ocultos de un peligro que podíamos ver y sentir aunque ellos no.

Mi padre con un grupo de lobos, incluyendo a mi ex prometido, al que abandoné por amor a un humano.

Había pasado mucho tiempo sintiéndome segura entre personas maravillosas, la aldea de Naya había sido nuestro hogar, pero ahora no podíamos volver allá.

El miedo heló mis huesos cuando mi padre en forma de lobo con sus dientes manchados de sangre olfateaba el suelo cerca del domo.

— Estuvieron aquí, puedo oler su aroma, pero parece perderse. – dijo mi padre, sus ojos rojos y llenos de furia salvaje me hacían olvidar el lobo qué un día llamé con amor: Padre.

Ahora era un depredador despiadado en busca de su presa, mi hijo.

Mi pequeño Aldan mostró sus dientes y gruñó.

Él podía ver a mi padre y a los otros lobos desde dentro del domo mágico, sin comprender que por fortuna ellos no podían verlo ni escucharlo
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