Estaba asustada, se había despertado sintiendo que todo le daba vueltas, y se había preocupado cuando notó que no podía ver, creyó haberse quedado ciega, poco después se dio cuenta que tenía una venda en los ojos y que estaba amarrada a una silla, agudizo el oído y notó que estaba sola, eso le dio tiempo a pensar en quién pudo haberla secuestrado, quizás su padre con ayuda de algún enemigo de su nuevo esposito, aunque lo dudaba, su padre no tenía forma de saber dónde estaba su abuela y mucho menos que ella iría a visitarla, a menos que la hubiese seguido o hecho guarda durante muchos días, algo que le parecía poco creíble teniendo en cuenta que su padre amaba apostar más que otra cosa en el mundo, entonces sólo le quedaba la idea de que era algún enemigo, uno de los muchos que tenía Faddei.
A los pocos segundos pudo escuchar una puerta abrirse y a alguien entrar, las botas resonaban contra el piso, eran de un hombre, lo supo por lo pesadas que se escuchaban, también pudo sentir que estaba frene a ella y escuchó la cámara, seguro de algún móvil; grabando, era muy probable que alguna fotografía o vídeo acabaría en manos de Faddei, así que se había removido para hacerle saber que estaba bien, tenía la esperanza de que le importase al menos un poco y la salvara. Tras unos segundos o quizás minutos, el hombre abandonó la habitación, ahora sólo podía esperar y confiar en Faddei.
Decir que estaba enojado era un eufemismo, estaba lo que le seguía, tanta era su rabia que un arranque lo arrojó contra la pared rompiendo con aquel silencio, solo se pudo escuchar el cristal de la pantalla al romperse y como caía al suelo hecho pedazos.
- Vamos, tenemos que planear el rescate –sus hombres asienten y suben a los autos, no dejaba de maldecir a su ex en todo el camino.
Al llegar baja y camina con rapidez dentro de la vieja bodega que fungía como un taller mecánico, esa era la cubierta de su cuartel, parecía tan común y corriente que nadie pensaría que ahí se ocultaba una de las más grandes organizaciones criminales.
Camina hacia la parte final del lugar, entra y todos los ahí presentes se ponen derechos en señal de respeto.
- Señor, he rastreado la ubicación del móvil que usaron para enviarle el vídeo, ¿nos dirigimos ahí? –él niega.
- No, ustedes irán a ese lugar y la sacaran mientras yo distraigo a la autora intelectual, ya saben que hacer, eliminen a quién deban eliminar y tráiganla sana y salva o sus cabezas rodaran, ¿entendido? –si las miradas pudiesen matar, todos en aquella habitación estarían más que muertos.
- ¡Sí señor! –gritan todos al unísono, se dirigen a las gavetas para tomar las armas, Faddei por su parte toma un arma pequeña que esconde detrás de su espalda, sale por la parte de atrás y sube las escaleras al techo dónde está un pequeño helipuerto, el piloto ya había sido informado así que sólo lo esperaban para comenzar el vuelo.
- Ya sabes que debes hacer Dimitri –el aludido contesta con un asentimiento de cabeza. Cerca de 10 minutos divisaron a lo lejos el helipuerto del cuartel enemigo, era bastante fácil, él serviría de distracción mientras Dimitri investigaba y sus hombres salvaban a Hester.
Tras aterrizar Dimitri se había escondido, esperaría el momento justo para escabullirse, era un excelente espía, por eso era la mano derecha de Faddei.
- Cariño –hace una mueca ante la chillona voz de su ex, ¿siempre había sido así de insoportable? Al menos Hester tenía una voz suave, incluso gritando no le parecía insoportable.
- ¿Qué quieres? –escupe la pregunta sin más, hacía tiempo que no la veía, seguía igual, cabello negro y corto, ojos grises, piel moreno claro y labios grandes y de un rojo intenso. Seguía siendo escultural además de bella, pero era una serpiente traicionera.
- Sólo quería verte amorcito, ¿es un crimen? –intenta abrazarlo, pero él la esquiva.
- ¿De verdad?, ¿no quieres contarme algo? –la mira alzando una ceja interrogante, ella pestañea un par de veces coqueta, sólo esperaba la orden de su equipo para poderse ir.
- Claro que sí, que te extraño mucho amorcito –gimotea bajo, si no supiera la clase de persona que era, podría haber sido engañado por ese rostro hermoso y ese gesto que la hacía ver desprotegida, pero eso no era más que otra artimaña, sólo un idiota caería dos veces en el mismo juego, y él no lo era.
- No te creo, ¿qué es lo que buscas en realidad?, ¿por qué te la llevaste? –intentaba mantener un tono neutral, lo último que deseaba es que diera la orden de matarla.
- Pues verás –baja la vista antes de comenzar a hablar.
Estaba atenta a cualquier sonido, quería irse a casa o de vuelta al hospital con su abuela, aunque debía conformarse con salir de aquí. A los pocos minutos escucha quejas y la puerta que se abre, se tensa de inmediato, ¿y si venían a matarla? Ojalá no tuviese la estúpida venda en los ojos, así al menos podría ver dónde estaba el maleante e intentar defenderse golpeando zonas vitales.
- Tranquila señora –escucha una voz detrás de ella, pronto la venda cae y parpadea un par de veces intentando adaptarse de nuevo a la luz–, el señor Grigoryev nos envió a salvarla, pronto estará en casa –suspira de puro alivio, el hombre le desata las manos y otro los pies, se pone de pie y gracias a unos de los hombres no cae al piso, se había mareado. Con ayuda de uno de ellos sale de aquella habitación, afuera había dos hombres en el suelo, no había querido verlos con detenimiento por temor a encontrarse con lo evidente: estaban muertos.
Mientras era conducida a la salida pudo notar que había más cuerpos, suponía que eso era inevitable, ellos eran enemigos y por lo que sabía del grupo que lideraba Faddei, ellos no perdonaban a quienes los traicionaban, así que debía estar agradecida de seguir con vida.
La ayuda a subir al Mercedes, seguido de ella dos hombres, uno de cada lado, el chófer arranca nada más cerrarse la puerta, es ahí cuando se permite estar tranquila y comenzar a llorar.
Había visto el mensaje de su subordinado, había pretendido escuchar su triste historia de soledad y anhelo.
- Estoy harto de tus idioteces, hasta nunca –se gira sin más, ella gritaba a su espalda y podía escuchar como rogaba porque volviera, pero era tarde, él ya casi estaba arriba del helicóptero.
- La mataré, te lo juro –no paraba de gritar molesta. Había sonreído antes de subir, dentro ya se encontraba Dimitri, sin tiempo que perder el piloto comenzó el vuelo hacia la mansión, en la parte trasera tenían un helipuerto. El helicóptero aterrizo ahí quince minutos más tarde, bajo sin esperar a que las aspas se detuvieran y entro casi corriendo a la mansión, Hester estaba en el despacho, así que entró sin llamar y azotando las puertas, la ve dar un respingo del susto.
- ¿En qué demonios estabas pensando en salir sola?, ¿acaso sabes a lo que te expones? No puedo creer que seas tan estúpida para irte por tu cuenta –Faddei no paraba de gritarle, el miedo de Hester estaba siendo sustituido por la ira.
- ¡Basta! –grita alto, Faddei guarda silencio por la sorpresa–, yo no tenía idea que me iban a secuestrar, ¿crees qué salí con la idea de que un loco demente me secuestrara? –lo mira molesta–, tuve mucho miedo, pero yo cumplí mi parte del trato y me casé contigo, tú prometiste que podía ver a mi abuela y eso hice, no puedes tenerme aquí encerrada, no soy una mascota ni mucho menos puedes restringirme la libertad, si quiero ir y ver a mi abuela lo haré –sentencia firme, sabía que él podía deshacerse de ella, de su abuela y de su mejor amiga, pero no le podía prohibir ir con su abuela.
- ¿Me estas retando Hester? –la mira entrecerrando los ojos, ella traga saliva.
- No es eso, pero tú y yo teníamos un trato, debes cumplirlo –sentencia frunciendo el ceño. Camina hacia la puerta y la abre con brusquedad.
- Sergei –grita el nombre del mayordomo con fuerza, tras unos segundos el hombre aparece.
- A sus órdenes señor –lo mira atento, Faddei se gira hacia su esposa.
- La señora tiene prohibido salir sin mi permiso, diles a todos que, si alguien se atreve a obedecerla, perderá la cabeza, ¿estamos claros? –Hester lo observa con sorpresa y rabia.
- Muy claro señor, permiso –asiente con la cabeza antes de retirarse para cumplir con la orden.
- No es justo, eres un maldito tramposo –apretaba los puños con ira, lo ve acercarse con expresión sombría, traga saliva.
- Guarda silencio –casi había siseado aquello, toma su mano y sin ningún tacto la saca de ahí, ella se resiste, aunque en vano, aquel hombre tenía mucha fuerza y le era muy fácil hacerla avanzar. Sube las escaleras a trompicones, intenta zafarse una vez que están arriba, el agarre se intensifica volviéndolo doloroso.
Al llegar a la habitación entra pateando las puertas, estas se abren y entra, arroja a Hester en la cama.
- No puedes hacerme esto, necesito estar con ella –se había puesto de pie, si tenía que rogar lo haría, todo valía si se trataba de su abuela.
- Yelena –grita el nombre del ama de llaves, esta entra de inmediato, Sergei le había dicho de la orden de su señor e intuyó que iba a necesitar su presencia.
- A sus órdenes señor –hace una pequeña reverencia con la cabeza.
- Pon a todas las criadas a resguardar esa puerta, nadie salvo ustedes o yo puede entrar y salir de esta habitación, no pueden quitarle la vista de encima o sus cabezas rodarán, ¿es clara mi orden? –la mujer asiente, mira a su señor salir a pesar de las protestas de su señora.
- Maldito, maldito –dio un respingo al escuchar algo estrellarse contra la puerta, al ver que es pudo notar los restos de un jarrón.
- Ya mismo lo limpiamos –dice la mujer antes de salir.
- ¡TE ODIO FADDEI! –grita con fuerza, arroja todo lo de la mesita, se deja caer en la cama llorando, haría como la primera vez, una huelga de hambre.
A pesar de no estar comiendo y de que las sirvientas le informaran de eso, Faddei no fue a verla ni una sola vez, así que ahí estaba, sentada en el marco de la enorme ventana, estaba bloqueada para evitar que escapase por ahí, planeaba la forma de salir de ahí, estaba preocupada por su abuela y sabía que ella la necesitaba, Faddei se había negado cuando se lo había pedido a través de Yelena, así que sólo podía ver por la ventana y llorar, ni siquiera le había dejado usar el teléfono de él para llamar al hospital, pero seguiría intentando, debía salir de aquí a como diera lugar.
Había estado meditando durante esos días, y había llegado a la conclusión que nada ganaba con esto, él no iba a cambiar de parecer, así que era hora de aceptarlo y seguir, quizás en un punto lograría convencerlo, con esto en mente, se fue a dormir.Faddei se despertó más temprano que de costumbre, quizás porque ayer le había llegado todo el cansancio de golpe y se había dormido temprano.Hizo su rutina de todos los días, baño, entrenamiento y regadera antes de irse a la cocina, grande fue su sorpresa al ver que Hester estaba ahí.- Buenos días –le dice suave, deja un plato en la isla de la cocina–, siéntate, ahora te sirvo el café, cargado y sin azúcar, ¿verdad? –él asiente mientras se sienta, la observa servir el café y dejarlo frente a él, mira el desayuno y se sorprende al ver que era su comida favorita, un platillo tradicional ruso que mi madre me hacía en la infancia, syrniki–, no sé qué prefieras, si mermelada o miel, así que te dejo ambas –se gira tras dejar las cosas frente a
El regreso a casa fue por demás silencioso, no uno cómodo sino letal, al menos así lo sintió Hester, se había concentrado en ver por la ventana, no se había atrevido ni siquiera a ver el móvil para saber si Lola estaba bien, temía que Faddei arremetiese contra ella en ese momento.Tras unos minutos llegaron, Faddei bajo hecho una furia, ella fue tras él con rapidez, estaba tentada a irse a su habitación, pero sabía que sería peor, lo mejor era enfrentar el problema de una buena vez.- Es increíble que uses a tu abuela de pretexto para salir a divertirte –casi había ladrado en cuanto cerro las puertas–, te recuerdo que eres mi maldita esposa, ¿sabes dónde me dejaría eso parado si se enteran de que andas en ese tipo de lugares? –se había acercado a ella, a pesar de temerle, no se movió–. No volverás a salir –sentencia, Hester resopla, estaba harta de todo esto– y si te atreves a desobedecerme, ya sabes quienes pagaran el precio –la apunta con el dedo.- Sabes una cosa Faddei, estoy hart
- A las siete debe estar lista señora –Hester asiente, se coloca las pantuflas y va dónde Faddei, sabía que estaba en su habitación, debía jugar bien esta carta.- Adelante –escucha que autoriza y entra, vestía un short, una blusa de tirantes, sería fácil remover aquello.- Necesito decirte algo –dice tras suspirar, Faddei se gira arreglándose el moño del traje corte inglés que le quedaba como un guante, era probable que fuera a la medida.- ¿Eso tiene que ver con el hecho de que no te has vestido? –la mira serio alzando una ceja, eso la hace volver a la realidad.- Sí, quiero que sepas que no volveré a causar problemas, más que nada porque no me gusta que me castigues –lo mira seria, no creía mucho en lo que acababa de decir pero si quería que accediera, tenía que verse sumisa–, además quiero volver a trabajar, no me gusta estar aquí sin hacer nada –alza la mano deteniendo lo que sea que vaya a decir–, si te niegas, no iré contigo a la fiesta –se encoge de hombros como si aquello no
Se había despertado bastante tarde, y bueno, era entendible después de haberse dormido entrada la madrugada.Tras bañarse y vestirse, supo que su esposo había salido, así que almorzó algo y decidió preparar la comida, de ese modo le mostraría su buena voluntad.Tras terminar la comida procede a enviarle un mensaje a la misteriosa mujer de ayer, esta le respondió encantada porque ella se hubiese animado, le contó que dentro de unos días habría una pasarela y si le interesaba estar, debía asistir a un ensayo, sonriendo presionó la respuesta, debía decir que le emocionaba mucho la idea, era diferente a lo que hacía pero sin duda, le dejaría mayor ingreso, así podría pagar el hospital de su abuela y devolverle a Faddei todo lo que había gastado, así que estaba bien.Fue a su habitación para buscar que se pondría, tenía que ser algo casual pero elegante, ante todo, debía verse como la esposa de un hombre muy rico, una vez seleccionado el conjunto se sentó a leer, cada tanto dejaba el libro
- ¡No me mientas maldita sea! –pronto la ira estaba comenzando a sustituir el miedo, o quizás era instinto de supervivencia.- No sé quién te haya dicho eso, pero miente, no le dije ni a Lola, ¡menos a alguien desconocido! –le espeta molesta–, no soy tan estúpida como crees que soy –ahora estaba rabiosa, estaba harta de que menospreciara su inteligencia.- Habíamos hecho un trato, ¿qué debería hacer?, ¿detengo los pagos al hospital o volvemos esto real? –la miraba con burlesca diversión.- No te atrevas, si lo haces lo pagaras muy caro –al fin había logrado quitarlo de encima, se sienta y tras sentir que sus piernas no van a fallar, se pone de pie, así se sentía menos indefensa.- ¿Sí, qué harás? –si las miradas mataran, ella estaría más que muerta.- Te juro por mi madre que así tenga que vender mi alma al diablo, derribaré esta casa hasta los cimientos –apretaba los puños a su lado, temblaba de rabia y porque no, de miedo.- ¿Así es cómo pagas tus deudas, metiendo en aprietos a otro
No sabía en que punto se habían quedado dormidos, lo único que supo Hester al despertar es que él ya no estaba, y era mejor, le daba tiempo a pensar y reflexionar, claro que había actuado por impulso, si algo tenía era su terquedad.Se pone de pie y muerde su labio, sentía extraño en medio de sus piernas, suponía que era normal. Camina lento hasta el baño, abre las llaves de la tina y una vez lista, entra, nada más hacerlo siente como sus músculos se relajan, cierra los ojos intentando no pensar, pero era inevitable recordar sus besos o sus caricias, jamás pensó que todo resultaría así.Debía analizar todo, si bien se arrepentía de haber actuado por la rabia, no así de haber compartido la cama con él.Estas últimas semanas se habían llevado bien, se habían contado algunas cosas e incluso creyó que podrían considerarse amigos, pero la realidad era otra, cada que ocurría algo él tenía la bendita costumbre de culparla, algo que la molestaba mucho, ¿tan difícil era confiar en su palabra?,
Tras volver a casa ya entrada la noche, pregunto por ella, le pareció muy raro no verla en la cocina, y no es que sólo ahí pudiese estar, pero esperaba con ansias una de sus deliciosas cenas.- Ella no ha salido en todo el día, Katerina le llevó la comida, pero apenas la tocó –Faddei lo mira desconcertado, ¿estaba enojado por lo de anoche? Creyó que tras hablar todo estaba bien, pero bueno, no sabía cómo funcionaba la cabeza de Hester. Suspira antes de camina hacia la habitación, llama a la puerta, pero no hay respuesta, quizás se durmió, piensa antes de volver a llamar, Katina sale con una bandeja casi completa.- La señora no se siente bien, ha pedido que nadie la moleste –Faddei asiente tras suspirar, camina hacia su habitación cabizbajo, quizás podría enviarle un mensaje, no era lo que hubiese querido pero peor era no hacer nada, ¿no?Con esa idea entra en su habitación, saca su móvil y comienza a redactar un mensaje de, ¿disculpa?, ¿preocupación? Suspira escribiendo y borrando va
Hester había pedido de manera explícita que no la molestaran, no tenía ganas de nada. - Señora –llama Katina, era de las pocas que entraban a su habitación–, sé que pidió que nadie la molestara, pero han venido a verla –dice alto, silencio es lo único. - Hester Valentine Grigoryev, abre ahora mismo –aquella voz la hizo saltar, se sienta y mira la puerta como si pudiera ver a través de ella, se apresura para abrir la puerta. - Lola –la abraza sonriendo, su amiga le devuelve el abrazo, se sentía tan feliz. - Qué es eso de qué no quieres salir de aquí, ¿eh? –la mira alzando una ceja, Hester la lleva dentro, hasta unos pequeños sillones individuales. - No me siento con ganas –dice bajo, muerde su labio, no podía decirle la verdad. - No sé qué te hizo ese hombre, pero me llamó pidiendo ayuda para que lo perdonaras, si fuera yo le habría hecho comprarme dos o tres tiendas, pero siendo tú, sé que un lo siento no es suficiente, cuéntame –Hester se sorprende al escuchar aquello, ¿él la h