Einar es el alfa más arrogante y dominante que he conocido la manada Stormwood. No ha permitido que la debilidad o el interés genuino por algo lo debilite, ha cumplido su propósito de liderar durante toda su vida. Nunca ha sido un problema que todo lo que desea lo tenga, pero todo cambia cuando se cruza con Lía, una omega que podría detrás de una fachada frágil ser la clave para su vida. Dadas suaves, pálidas y presuntamente inofensivas, Lía no esperaba llamar la atención de nadie. Quedar embarazada del hijo del alfa solo ha aumentado su problema, y está atrapada en una guerra entre lo que quiere y lo que simplemente se le cruza. Einar sin embargo no acepta dejarla ir a pesar de su frialdad y orgullo. Debido a ello, Lía deja Stormwood acompañada de Caleb, un alfa de otra manada que en su momento de desesperación le ofrece un refugio seguro. Elijo lo que más duele, y Lía se aleja de Einar para dar a su hijo una vida estable, pero segura. Pero Einar no se dejará robar lo que considera suyo. Lo que viene a continuación es una guerra emocional donde el orgullo choca con el deseo y los sentimientos reprimidos. ¿Einar estará dispuesto a cambiar todo por Lía?
Ler maisPromesas Bajo la LunaLa noche envolvía Stormwood con su manto oscuro, bañando el bosque en una luz plateada que se filtraba entre las copas de los árboles. El viento silbaba suavemente, llevando consigo los ecos lejanos de la naturaleza que volvía a reclamar su paz después de tantas batallas.El campamento dormía, pero en la cabaña principal, dos almas permanecían despiertas.Lía se encontraba sentada junto a la ventana, con su hijo dormido entre sus brazos. Sus dedos acariciaban suavemente los mechones oscuros del bebé, mientras su mirada se perdía en la inmensidad de la noche. La tranquilidad que los rodeaba era frágil, como si cualquier sonido pudiera romperla.Detrás de ella, Einar permanecía en silencio, recostado contra el marco de la puerta. Su cuerpo aún mostraba las cicatrices del duelo con el alfa rival, pero la herida más profunda era la que no se veía… la que había quedado en su corazón después de poner en riesgo a su familia.El silencio se prolongó entre ellos, pesado p
El sol despuntaba sobre los bosques de Stormwood, bañando la manada con su luz dorada mientras el aire fresco de la mañana traía consigo la promesa de un nuevo comienzo. Aunque las cicatrices de la reciente batalla seguían marcando la tierra y los corazones, la vida continuaba. El instinto de supervivencia que los mantenía unidos ahora los impulsaba a prepararse para lo que pudiera venir.Desde lo alto de la colina, Einar observaba el claro donde los jóvenes de la manada se reunían en círculo. Sus ojos fríos y calculadores recorrían cada rostro con una mezcla de orgullo y determinación. Sabía que la paz era frágil… y que solo con preparación podrían mantenerla.—¡Formación! —rugió con voz firme.Los jóvenes se movieron rápidamente, adoptando las posiciones que habían aprendido en los entrenamientos básicos. Algunos aún tambaleaban, torpes en sus movimientos, pero la voluntad de aprender ardía en sus ojos.Lía lo observaba desde la distancia, con su hijo en brazos. Aunque su papel en l
El sol comienza a ocultarse tras las montañas, tiñendo el cielo de tonos ámbar y púrpura. El aire huele a tierra húmeda y leña encendida mientras la manada Stormwood se reúne en el claro central, el corazón del territorio. Las cicatrices de la batalla aún son visibles en algunas cabañas dañadas y en los cuerpos de aquellos que lucharon, pero la esperanza palpita en el ambiente, más fuerte que nunca.Lía observa desde la cima de una pequeña colina, con su hijo en brazos. El bebé duerme acurrucado contra su pecho, ajeno a las tensiones que han marcado los últimos días. Su cabello oscuro es una copia del de Einar, pero su pequeña nariz respingada y la curva suave de sus mejillas le recuerdan a Caleb. Ese pensamiento le arranca una punzada de melancolía, aunque la oculta rápidamente. Esta noche no hay espacio para el pasado… solo para lo que viene.Einar camina hacia ella con paso firme, sus heridas aún visibles bajo la camisa de lino blanca que viste. Aunque su cuerpo no ha sanado por co
El sol apenas comienza a teñir el cielo con tonos dorados cuando Caleb se detiene en el límite de Stormwood, con su mochila de cuero colgada al hombro. El aire fresco de la mañana envuelve el bosque, y la brisa suave acaricia las hojas, como si la naturaleza misma se despidiera de él.Lía lo observa desde la distancia, con el corazón encogido. Sabía que este momento llegaría, pero eso no lo hace más fácil. Caleb siempre había sido su roca silenciosa, el amigo que estuvo a su lado incluso cuando el destino los obligó a tomar caminos diferentes.Con pasos lentos, se acerca a él. Caleb, con la mirada clavada en el horizonte, se gira al sentirla. Sus ojos oscuros la recorren con una mezcla de nostalgia y resignación.—¿De verdad tienes que irte? —susurra Lía, rompiendo el silencio.Caleb suspira, pasando una mano por su cabello desordenado.—Stormwood nunca ha sido mi hogar… y lo sabes. Mi lugar siempre ha estado con mi propia manada. Pero… —Hace una pausa, como si las palabras le pesaran
La luna se alza alta sobre Stormwood, proyectando una luz plateada sobre el territorio silencioso. La manada intenta sanar las heridas del ataque, pero las cicatrices invisibles son mucho más profundas. Lía se mueve entre los miembros, sintiendo la tensión en el aire, como si una amenaza aún latente se ocultara entre las sombras.Einar descansa dentro de su cabaña, su cuerpo aún debilitado por el duelo con el alfa rival. Caleb patrulla los límites junto a un grupo de guerreros, pero incluso su presencia no logra calmar el malestar que se ha instalado en Stormwood.Algo no está bien.Lía lo siente en lo más profundo de su pecho.Durante días, los suministros han desaparecido de los almacenes sin explicación. Las trampas colocadas en los límites aparecen desactivadas, como si alguien desde dentro hubiera advertido a la manada rival antes del ataque. Nadie quiere decirlo en voz alta, pero los susurros recorren los rincones del campamento: hay un traidor entre ellos.Lía se niega a ignora
El sol comienza a asomarse por el horizonte, iluminando un escenario de destrucción. La manada de Stormwood ha sobrevivido al ataque, pero las heridas—físicas y emocionales—siguen abiertas. Lía camina entre los miembros caídos, su corazón latiendo con fuerza ante la devastación que la rodea. Hay cuerpos inmóviles en el suelo, algunos de los suyos, otros de la manada enemiga. Los lobos heridos reciben atención de los sanadores, pero el dolor en sus ojos es imposible de ignorar. Einar aún se recupera de sus heridas, recostado en una camilla dentro de la cabaña principal. Su duelo contra el alfa rival casi le costó la vida, y aunque lo venció, sus fuerzas se vieron llevadas al límite. Caleb, por otro lado, se ha hecho cargo de la vigilancia del territorio, asegurándose de que no haya más amenazas inmediatas. Pero la verdadera batalla ahora es otra: mantener a la manada unida después de la tormenta. Lía lo sabe. La tensión se siente en cada rincón del territorio. Algunos miembros aún
El silencio de la cabaña solo es interrumpido por la respiración pesada de Einar y el crepitar del fuego en la chimenea. Afuera, la manada de Stormwood se mantiene en alerta, aún asimilando la victoria y las pérdidas que han sufrido. La muerte de Magnus ha traído un alivio momentáneo, pero la herida de Einar ha dejado una sombra de preocupación sobre todos.Caleb se apoya contra la pared, observando a Einar con una expresión seria. Nunca pensó que estaría aquí, velando por su antiguo rival, pero el destino parecía disfrutar de sus ironías.—Nunca imaginé que terminaría cuidando de ti —murmura en voz baja, cruzándose de brazos.Lía, sentada junto a la cama, acaricia suavemente la mano de Einar. Su piel sigue fría, pero su respiración es más estable que antes. Ella levanta la mirada hacia Caleb con un atisbo de cansancio en sus ojos.—No eres el único —susurra—. Pero ahora mismo, lo único que importa es que se recupere.Caleb asiente. Desde la batalla, ha pasado cada noche en la cabaña,
El sonido de gruñidos y golpes resuena en el campo de batalla. La luna ilumina la escena con su luz pálida, reflejándose en el sudor y la sangre que cubren a los combatientes. Einar, con el cuerpo lleno de heridas, apenas se mantiene en pie, pero no se permite ceder. Su oponente, Magnus, el alfa rival, también muestra signos de agotamiento, pero su mirada sigue cargada de rabia y determinación.Lía observa desde la distancia, su corazón latiendo con fuerza. Quisiera intervenir, pero sabe que este duelo debe resolverse entre alfas. Caleb, a su lado, también se mantiene tenso, listo para actuar si la situación se sale de control.Magnus se lanza contra Einar con un rugido feroz. Einar apenas logra esquivarlo, pero el cansancio le juega en contra. El puño de Magnus impacta en su costado, haciéndolo tambalear. El dolor es insoportable, pero Einar aprieta los dientes y se obliga a mantenerse firme.—Eres débil, Stormwood —escupe Magnus con desprecio—. Tu manada no merece un líder como tú.
El campo de batalla aún huele a sangre y humo. La manada de Stormwood se mueve entre los cuerpos de los enemigos caídos, asegurándose de que la victoria sea definitiva. Aunque la pelea ha terminado, Lía no puede ignorar la sensación de inquietud que la invade. Algo en el aire no se siente del todo bien.Einar y Caleb dan órdenes a sus guerreros para reforzar las fronteras. La seguridad del territorio es la prioridad, pero Lía tiene la mirada fija en un prisionero que han capturado: un hombre de complexión fuerte, con el cabello oscuro y los ojos de un tono dorado similar al suyo. Hay algo en él que le resulta extrañamente familiar.El prisionero está de rodillas, con las manos atadas a la espalda. Sus ropas están rasgadas y tiene una herida en la ceja, pero su expresión no refleja miedo, sino curiosidad. Cuando sus ojos se encuentran con los de Lía, ella siente un escalofrío recorrerle la espalda.—Tienes los ojos de mi madre —murmura el hombre, con una voz áspera.Lía frunce el ceño