251El rugido de los motores se había apagado hace unos minutos, pero todavía no se movían de la carretera desierta. Marcelo estaba mirando al frente, su mirada fija y decidida mientras Julieta, estaba a su lado esperando, sostenía el dispositivo con el rastreador que indicaba la ubicación exacta de Tomás. Cada segundo contaba, y ambos lo sabían.—Estamos cerca de recuperarlo —dijo Julieta, revisando el mapa en la pantalla—. El GPS marca una bodega abandonada al final de la calle —señaló hacia el lugar.Marcelo asintió y apretó los puños. Atrás, dos camionetas llenas de hombres entrenados seguían esperando instrucciones, las otras dos ya estaban en posiciones. Julieta había movilizado todo lo que tenía a su disposición para rescatar a su mejor amigo.La bodega se alzaba frente a ellos, oscura y silenciosa, como un animal agazapado esperando atacar. Marcelo apagó las luces del auto y señaló a los hombres que se prepararan.—Julieta, quédate aquí —ordenó Marcelo, su tono firme pero prot
252—Ya voy al límite, Julieta —respondió Marcelo con la mandíbula apretada—. No te preocupes, lo llevaremos a tiempo.Tomás murmuró algo inaudible y se movió ligeramente, lo que hizo que Julieta se inclinara más cerca de él.—Estoy aquí, Tomás. No te preocupes. Vamos al hospital —le dijo, acariciando suavemente su cabello.—Duele… todo duele —murmuró él con voz apenas audible y los ojos cerrados.—Lo sé, lo sé —respondió Julieta, con lágrimas en los ojos—. Pero estarás bien. No voy a dejar que te pase nada. ¡Tiene fiebre!Cuando llegaron al hospital, ya había personal médico esperando. Marcelo había llamado de camino para informarles que llevaban a un paciente en estado crítico.—¡Rápido, necesitamos una camilla! —gritó Julieta al bajarse de la camioneta.Dos paramédicos llegaron corriendo con una camilla. Marcelo y uno de los hombres ayudaron a levantar a Tomás con cuidado, mientras los médicos les pedían espacio.—¿Qué le pasó? —preguntó uno de los médicos.—Fue… golpeado
253No Me Iré Sin EllaDimitri respiraba con dificultad, sus ojos brillando con una furia que parecía consumirlo desde dentro. El vaso que había lanzado al fuego crepitaba entre las llamas, mientras los restos de su escritorio yacían desperdigados por toda la habitación. Papeles rotos, una lámpara caída, y un par de plumas destrozadas completaban el caos.—¡Todo este maldito plan arruinado! —gruñó Dimitri, golpeando con el puño la madera astillada del escritorio.Fernando, sentado en una silla cercana, trataba de mantenerse calmado, pero el sudor en su frente lo traicionaba. Las palabras de Dimitri eran cada vez más erráticas, y la sombra de Ignati, el hombre al que ambos temían, parecía crecer en cada rincón de la habitación.—Es solo una mujer, Dimitri —intentó calmarlo Fernando, limpiándose el sudor con un pañuelo arrugado—. Max está en la cárcel, sí, pero Julieta no es una amenaza real. Solo es astuta porque sabe aprovechar los recursos a su disposición.Dimitri lo fulminó co
254—¿De verdad? ¿El señor Santori te dijo algo? —preguntó, la emoción vibrando en cada palabra.—Me apoya… siempre y cuando no toquemos a Ignati. Solo a Dimitri —aclaró Alejandro, mientras le daba un ligero pellizco en el trasero— Dimitri está en malos termino con el Pakhan es por eso que Gio consideró que podíamos ir en su contra, y si tengo un respaldo es mucho mejor, no queremos a Frejya encima de nosotros.Ya Alejandro le había explicado sobre eso, la Reina del inframundo no era alguien que podías jugar y ella no se metía con las organizaciones a menos que el orden se viera afectado. Decían que era la Reina del inframundo, pero la verdad era que dominaba el mundo con su dedo meñique, a Liliane siempre gustó ser así de poderosa que esa mujer.—¡Ay! —protestó ella, sobresaltada, pero no podía ocultar la sonrisa traviesa que se formó en sus labios y lo besó sensualmente pidiendo otra ronda.—Vístete, conejita. Tenemos que salir —ordenó Alejandro, con su tono decidido y una mirada qu
255La vida en la cárcel se había convertido en una rutina para Maximiliano. A pesar de las restricciones y las limitaciones, no era del tipo que se dejaba doblegar por las circunstancias. En poco tiempo, se había hecho un nombre dentro de las rejas. Su actitud imponente y su capacidad para mantener la cabeza fría en situaciones críticas lo habían convertido en alguien respetado y temido por igual.Maximiliano no tardó en comprender que, incluso en ese entorno hostil, había un sistema de poder. Supo jugar sus cartas desde el primer día. Observaba en silencio, evaluando a los demás internos, descubriendo quién era quién, quién tenía influencia y quién buscaba protección. Para cuando alguien intentó probar su fuerza con él, ya tenía aliados entre los más fuertes y astutos del lugar. El resultado fue claro: Maximiliano era alguien con quien no debías meterte.La rutina era monótona. Se levantaba temprano, hacía ejercicio con disciplina militar y participaba en los trabajos asignados, sie
256El caos en la prisión aumentaba a cada segundo. Las explosiones parecían orquestadas, no un ataque al azar. Maximiliano lo sabía; esto era demasiado preciso. Mientras otros reclusos y oficiales corrían como ratas atrapadas, él se mantuvo firme, evaluando la situación. Kenny, que estaba a su lado, respiraba entrecortado, intentando no perder los estribos.—Max, ¿quién demonios haría algo como esto? —preguntó Kenny, con la voz temblorosa.—Alguien con mucho poder y un interés particular en esta prisión. —Maximiliano frunció el ceño, mirando hacia las puertas que ahora eran un amasijo de metal destrozado. El humo comenzaba a llenar el ambiente, dificultando la visión.Otro estallido resonó, esta vez más cerca, haciendo que parte del techo del taller de arte donde se escondían se desplomara. Maximiliano empujó a Kenny a un lado, justo a tiempo para evitar que los escombros lo alcanzaran.—¡Quédate detrás de mí! —ordenó Max, mientras avanzaba hacia una de las salidas traseras que conoc
257El sonido de las máquinas del hospital llenaba el ambiente mientras Julieta caminaba con una bandeja que sostenía un café y un par de sándwiches. Sus pensamientos estaban enfocados en encontrar una solución para los problemas de Hawks Holding y el bienestar de Tomás. Desde que asumió el mando, la presión había sido constante, y ahora, con Dimitri aún en libertad, su vida era una lucha constante contra el reloj. Primero la empresa, después Dimitri, se repetía como un mantra para no perder el foco.Cruzaba el pasillo principal cuando dos enfermeras pasaron conversando apresuradamente. Julieta no les prestó mucha atención al principio, pero unas palabras llamaron su atención de inmediato.—¿Supiste? —dijo una de ellas, mirando a su compañera con expresión alarmada—. La mujer que raptó a una niña hace poco se escapó antes de llegar al sanatorio. Dicen que todos murieron.Julieta se detuvo en seco. La bandeja tembló en sus manos.—No me digas… —respondió la otra enfermera, sorprend
258Faltaba poco para la rueda de prensa, y Julieta no podía evitar sentir un leve nudo en el estómago. Sentada en una pequeña sala de espera, su asistente, Mateo, revisaba algunos documentos mientras ella intentaba concentrarse en su respiración. Llevaba un vestido rosa palo elegante, sencillo pero sofisticado, que contrastaba con su expresión seria y pensativa.De repente, la puerta se abrió, y una mujer desconocida entró, mirando alrededor como si estuviera buscando algo. Sus ojos se iluminaron cuando vio a Julieta y, con una sonrisa satisfecha, se acercó con pasos firmes.—Oh, te encontré —dijo la mujer con entusiasmo, deteniéndose frente a Julieta.Julieta alzó la mirada, su postura se enderezó de inmediato, proyectando autoridad.—¿Qué quiere? —preguntó Julieta con voz calmada pero firme.—Me encantaría hablar con usted, señorita Persson.—Soy Beaumont. Julieta Beaumont —corrigió Julieta automáticamente, su ceño fruncido mientras evaluaba a la intrusa—. ¿Y usted es…?—Ver