Lejos de mi

Ariadna Valdés miró a su padre fijamente desde la cama, sus ojos verdes clavados en él con una intensidad que cortaba el aire.

Leonardo estaba de pie junto a ella, sosteniendo aún su mano tras el alivio de verla de nuevo, pero al sentir esa mirada, apartó la vista, el peso de su presencia abrumándolo. Dio un paso atrás y comenzó a caminar por la habitación, sus pasos lentos resonando en el suelo mientras el silencio entre ellos se volvía denso. Ariadna respiró hondo antes de hablar.

—Papá, siéntate —dijo, su voz ronca y firme, cortando el aire con una autoridad que no admitía dudas.

Leonardo se detuvo, girándose hacia ella con una mezcla de sorpresa y tensión en el rostro. Asintió apenas y tomó asiento en la silla junto a la cama, las manos temblándole sobre las rodillas mientras la miraba de reojo.

Ella puso a sus hijos en la cuna.

—¿Cómo se llaman? —preguntó, su voz grave pero suave, señalando con la barbilla a los bebés en las cunas—. Tus hijos… ¿tienen nombres ya?

Ariadna lo obser
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