Capítulo 30
De regreso en la universidad, Leonora entró a su dormitorio. Ninguna de sus compañeras estaba allí, seguramente seguían con sus planes de búsqueda de empleo o pasantías. Ella se dirigió a su armario y lo abrió; entrecerró los ojos al ver lo que había dentro.

En ese instante, una voz sonó a sus espaldas:

—Leonora…

Volteó lentamente y vio a Freddi, quien de inmediato se abalanzó y empezó a darse bofetadas en la cara.

—¡Perdóname, Leonora! —exclamó, golpeándose una y otra vez—. Tenía miedo a la pobreza; Pedro me dijo que solo necesitaba tu cuenta para publicar un par de comentarios y… pues, ya sabes cómo es mi mamá. Dice que perder el tiempo en la universidad es un lujo. Me dejé llevar. ¡Ten piedad de mí!

Mientras se abofeteaba, Freddi lanzaba un chantaje emocional que Leonora fingió no entender. Se quedó con la mirada clavada, simulando asombro. El sonido de las palmadas contra la mejilla de Freddi resonó en la habitación, y ella no se atrevía a detenerse. Cuando su rostro lucía ya enroj
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