Capítulo 29
Cuando Leonora volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba en un hospital. Aunque podía mover ligeramente la mirada, su mente seguía atrapada en la confusión. Alcanzó a escuchar voces a su lado:

—¿Cómo sigue?

La pregunta, en un tono grave y peligroso, provenía de una voz muy conocida: la de Mateo.

—Señor Mateo, no se preocupe. Puede contar con mi palabra profesional: la mano de la señorita Leonora se recuperará por completo —respondió el médico con firmeza.

“¿La mano…?”

Apenas oyó esa palabra, Leonora empezó a tomar verdadera conciencia de lo que sucedía. Con la vista medio nublada, enfocó el gafete en la bata del doctor, que decía: Matías Hernández, Jefe de Neurología.

Ese nombre le resultaba inquietantemente familiar.

Recordó, entonces, algo que ocurrió en su vida anterior. Cuando Isadora se había hecho un simple corte cocinando, Mateo había ordenado llamar al mejor neurólogo para atenderla. Aquella vez, Leonora recibió la oportunidad de rediseñar una importante joya, pero j
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