Capítulo 23
Mateo no dijo nada. Se limitó a echar un vistazo por encima del hombro de Leonora con una frialdad cortante, como si detrás de él se extendiera un glaciar invernal que no admitía visitantes.

Leonora soltó una risa helada en su fuero interno. «Así es Mateo», pensó, «siempre impenetrable.»

De pronto, una voz penetrante y autoritaria resonó a sus espaldas:

—Leonora, ¿qué haces ahí parada? Todos te están esperando.

Se trataba de Gregorio. Leonora se dio la vuelta y vio que, tras él, estaban Aurora y Esteban. En circunstancias normales, ninguno de ellos habría tenido cabida en un lugar tan céntrico, pero esta vez habían aparecido en un escenario que se antojaba poco favorable. Quedaba claro que Gregorio temía que Leonora se retractara y se negara a subir al estrado.

—Leonora… —murmuró Esteban, con semblante serio, dando un paso para protegerla.

Pero ella sacudió la cabeza y susurró:

—Tío, mejor acompaña a mi mamá. Confía en mí.

Ante la mirada de advertencia de Gregorio, Leonora subió al esc
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