Capítulo 25
La calma de Leonora sorprendió a todos. Aquella muchacha, relegada en los confines de la familia Arévalo, ya no se mostraba sumisa ni agachaba la cabeza. Se mantenía sobre el escenario, defendiendo su posición con una firmeza y aplomo que no dejaban lugar a dudas. Sus ojos, llenos de determinación, pasaron por el semblante helado y enigmático de Mateo, sin la menor intención de retroceder.

Ante el repentino cambio de rumbo en la historia, los reflectores se dirigieron a Pedro y a Isadora. Pedro, inseguro, le envió una mirada a Isadora, quien frunció el ceño para indicarle que debía seguir atacando. Sin perder tiempo, él alzó la voz:

—Señorita Leonora, no puede ser que, solo porque te hice preguntas incómodas, me acuses de conspirar con la señorita Isadora.

Con los ojos enrojecidos, Isadora levantó la voz:

—Leonora, sé que el hecho de que la escuela me consiguiera un lugar en la competencia te molestó muchísimo. Pero en realidad, solo busco una disculpa. Incluso ya hablé con la policía
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