Capítulo 28
El rostro de Isadora palideció; justo cuando Mateo estiró la mano para tomar el dispositivo, ella se abalanzó, lo soltó “por accidente” y lo dejó caer al piso. Después, fingiendo torpeza, lo aplastó con el tacón, partiéndolo en mil pedazos.

—Ay, Mateo, lo siento muchísimo… no fue mi intención, solo quería ayudarte a recogerlo —se disculpó con un falso aire de inocencia.

Leonora fijó la vista en los pedazos rotos de la USB. Entonces, sin más, dio media vuelta y se marchó. Al fin y al cabo, no le importaba si Mateo veía o no el contenido; lo verdaderamente significativo era que Isadora había reaccionado con pánico ante todos. Y esa reacción, por sí sola, hablaba por ella.

Apenas salió del salón, Aurora la alcanzó.

—¿Estás loca? ¿Cómo se te ocurre darle esa evidencia a Isadora? —le reclamó su madre, nerviosa.

—Mamá, ¿de verdad crees que podríamos haberla protegido? —repuso Leonora con sencillez.

—¿Y por qué no lo reprodujiste en vivo? ¡Así todos habrían visto el verdadero rostro de Isador
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