34.

Después de que Michelle salió, cerrando la puerta con fuerza, Nicolás se volvió hacia mí.

— De verdad siento que hayas tenido que pasar este mal rato — dijo.

Yo miré hacia la ventana, haciéndome la digna, la que no quiere problemas. Pero yo sabía ahora en qué terreno me había metido. Sabía que si mi manera de conseguir las cosas sería seduciendo a Nicolás, tenía que comportarme como una mujer difícil, una mujer que se hace desear. Para Nicolás, las mujeres fáciles nunca fueron especialmente un reto. Antes de casarme con él, era bien sabido que siempre escogía ligues difíciles. Las mujeres que se veían fáciles o que llegaban a él como cuervos sobre las semillas nunca llegaron a interesarle realmente.

— Esto no puede volver a pasar — le dije sin mirarlo a la cara, concentrada directamente en la ciudad que se veía a través del cristal.

Nicolás se acercó a mí. Pude sentir el calor de su cuerpo junto con el mío.

— Lo siento, solo fue un impulso. Yo no sé qué me pasó — dijo.

Entonc
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