Capítulo 62. Sentencia de muerte.

Nunca me había sentido así. Nunca había sentido que algo ardía dentro de mí, consumiéndome, devorándome. Era una sensación abrumadora, pero también excitante.

Sentí cómo apartaba la ropa de mi cuerpo, cómo sus dedos recorrían mi piel con impaciencia cruel, dejando una estela de fuego a su paso. Sentí cómo sus dedos rompían la blusa que llevaba puesta, los botones volaron como esquirlas.

No pude gritar. No pude huir.

Su boca descendió por mi cuello, sus labios ardientes contra mi piel fría. Me sentí atrapada en un fuego que no entendía. Me odiaba por reaccionar. Me odiaba por arder.

Intenté resistirme, pero era inútil. Él era demasiado fuerte, y yo demasiado débil. Pero, en el fondo, sabía que no quería resistirme.

Dejé que el fuego me consumiera, que el deseo me dominara. Y en ese momento, supe que nada volvería a ser igual.

Sus manos encontraron mis pechos, los acariciaron, los apretaron, y gemí sin querer. Quise taparme la boca, pero él me lo impidió. Su lengua trazó un camin
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