Capítulo 55. No puedes hacer eso.

Trina.

Un momento después, nos subieron a unas vans. Recorrimos aproximadamente unos cinco o seis kilómetros, pero dentro de la misma propiedad.

Aunque el trayecto fue corto, cada segundo en ese maldito vehículo se sintió eterno.

Mi mente era un caos.

¿Dominic realmente me había entregado como una más?

Me negaba a creerlo. Me negaba a ser tan ingenua. Pero cuando bajé, uno de los hombres me quitó el collar que me marcaba como una de las sumisas de Dominic.

—Esto ya no te pertenece —dijo uno de los guardias.

Nos guiaron a un pasillo largo y estrecho, iluminado por lámparas colgantes de un dorado opulento. La decoración era lujosa, cada detalle reflejaba.

El pasillo nos llevó a una especie de salón, donde otro grupo de mujeres esperaban.

¿Cuántas éramos?

Mi corazón latía con fuerza, cada bombeo era una cuenta regresiva hacia lo desconocido.

Un hombre alto, vestido con un traje de diseñador, caminó hacia el centro de la sala.

—Prepárense —anunció con voz autoritaria—. Ya va a empezar
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