TrinaEl silencio de la cocina era engañoso. Mientras mordía el sándwich que me había preparado, trataba de no pensar en él. En Dominic. En la forma en que su cuerpo se había entrelazado con el mío. En la manera en que sus manos me habían hecho sentir cosas que no quería admitir. Pero no podía evitarlo. Cada vez que cerraba los ojos, lo veía. Lo sentía. Mecía mis pies bajo el banco, tratando de calmarme, pero el recuerdo de su piel contra la mía me hacía estremecer. Maldita sea, ¿por qué no podía olvidarlo? Justo cuando abrí los ojos, vi a dos guardias acercarse. Sus rostros eran impasibles, pero sus movimientos eran decididos. —¿Qué pasa? —pregunté, tratando de mantener la calma. —Debes acompañarnos —dijo uno de ellos, agarrándome del brazo con firmeza. —¿Para dónde? —pregunté, mirándolos con recelo. —Eso no es tu problema —respondió el otro—. Solo debes saber que es orden de Dominic. En ese momento, la señora que me había estado cuidando se acercó con una bolsa oscura e
Trina.Un momento después, nos subieron a unas vans. Recorrimos aproximadamente unos cinco o seis kilómetros, pero dentro de la misma propiedad. Aunque el trayecto fue corto, cada segundo en ese maldito vehículo se sintió eterno.Mi mente era un caos.¿Dominic realmente me había entregado como una más?Me negaba a creerlo. Me negaba a ser tan ingenua. Pero cuando bajé, uno de los hombres me quitó el collar que me marcaba como una de las sumisas de Dominic. —Esto ya no te pertenece —dijo uno de los guardias.Nos guiaron a un pasillo largo y estrecho, iluminado por lámparas colgantes de un dorado opulento. La decoración era lujosa, cada detalle reflejaba.El pasillo nos llevó a una especie de salón, donde otro grupo de mujeres esperaban.¿Cuántas éramos?Mi corazón latía con fuerza, cada bombeo era una cuenta regresiva hacia lo desconocido.Un hombre alto, vestido con un traje de diseñador, caminó hacia el centro de la sala.—Prepárense —anunció con voz autoritaria—. Ya va a empezar
DominicLa sala estaba llena de murmullos, de miradas codiciosas y de sonrisas que ocultaban intenciones oscuras. Yo estaba en el centro de todo, con el peso de la decisión más importante de mi vida sobre mis hombros. Trina estaba allí, en el escenario, con ese vestido rojo que la hacía parecer una diosa caída. Su mirada era un desafío, una mezcla de furia y desesperación que me atravesaba como un cuchillo. Hablé con el presentador, mi voz firme y autoritaria. —Antes de que empiece la subasta, debo hacer un anuncio. Me acerqué al podio, sintiendo cómo todas las miradas se clavaban en mí. Los hombres en la sala eran depredadores, listos para devorar lo que yo les ofreciera. Pero Trina no era una mercancía. No podía serlo. —Caballeros —comencé, mi voz resonando en el silencio—, les agradezco su presencia esta noche. Como pueden ver, tenemos una selección excepcional de mujeres para ustedes. En breves momentos, el presentador iniciará con la primera subasta de la noche. Hice una
DominicMe quedé viendo a Nadia con una sonrisa, me incliné a Andru dándole instrucciones.—Treinta y cinco millones —dijo, su voz resonando en la sala.Nadia miró, sorprendida por un momento, antes de que su expresión se endureciera.—Cuarenta millones —contraatacó.Sentí la mirada de todos sobre mí, a pesar de que era Andru que estaba pujando, todos sabían que él era mi hombre de confianza. Ese era un juego peligroso. Mostrar tanta desesperación por una mujer era una debilidad que no podía permitirme. Pero la idea de Trina en manos de Nadia... o de cualquiera me causaba una profunda inquietud.Volví a inclinarme hacia Andru y él asintió ante mis palabras.—Cincuenta millones —dijo, con voz fría como el hielo.El jadeo colectivo en la sala fue audible. Nadia palideció, sabiendo que no podía superar esa oferta.El presentador, visiblemente nervioso, miró alrededor de la sala.—¿Alguien ofrece más? —preguntó, su voz temblando ligeramente.El silencio fue su respuesta.—Vendida al señor
Advertencia: Es romance oscuro que se caracteriza por tratar temas intensos y sombríos en el contexto de una relación romántica. Aquí son malos los mafiosos, no se arrastran ante la mujer y tienen pocos gestos romántico. Demuestran su amor a lo bruto. Si no les gusta este tipo de historia por favor vayan a leer otra de su agrado. Antecedentes La mafia roja, o la Bratvá, tiene sus raíces en las antiguas organizaciones criminales de Rusia que se expandieron hacia América durante el colapso de la Unión Soviética. A lo largo de los años, han consolidado su poder mediante alianzas estratégicas y una reputación temida por su brutalidad. La historia del grupo está marcada por sangrientos enfrentamientos con familias rivales y un legado de venganza que ha moldeado su cultura interna. Vor (El Padrino o Jefe): Máximo líder del grupo criminal, toma las decisiones y supervisa todas las operaciones. Pakhan: Miembros de alto rango que eligen al Vor. Élite criminal. Sovietnik (Consejero o D
Dominic Luego de aterrizar ese mismo día en la ciudad de Nueva York, el cambio para mi es radical, de la tranquilidad de mi mansión en Rusia, a la vibrante marea de luz y color de un desfile de moda en Nueva York.La primera fila es un escenario propio, donde cada gesto es observado, cada expresión analizada. Pero nadie puede leerme. Mi rostro es una máscara de serenidad inescrutable, un contraste gritante a la oscuridad que dejé tras las puertas de mi fortaleza ancestral.Sentado allí, rodeado de la elite, las cámaras y las sonrisas fabricadas, puedo sentir cómo se diluye cualquier vestigio de duda. El ruido, el bullicio, la superficialidad del glamour... Nada toca la esencia de lo que soy. Soy un depredador vestido de etiqueta, un lobo entre ovejas, y sin importar cuánto brille el mundo a mi alrededor, mi naturaleza oscura no se ve afectada."Adaptabilidad," pienso, mientras mis ojos recorren la pasarela. Esta habilidad para camuflarme entre las facetas de la sociedad es tanto mi a
Trina QuinteroEl último paso resonó como un eco en la pasarela, y con él, el tumulto de aplausos que marcaba el final de mi desempeño. La adrenalina aún latía por mis venas como una melodía frenética, mientras las luces me cegaban y los flashes capturaban cada instante fugaz de gloria. De pronto, alguien se acercó y me entregó un ramo de rosas; lo sujeté con fuerza. Las flores eran hermosas, de un rojo tan profundo que parecía beber la luz a su alrededor.Al leer la tarjeta, sentí cómo una leve corriente eléctrica recorrió mi piel."Me recordaste lo que es la belleza en un mundo oscuro. Dominic Ivankov."—Dominic Ivankov, —murmuré para mí, dejando que el nombre se repitiera en mi mente. Mi corazón, ya acelerado, saltó un compás.Nerviosa, dejé atrás el fulgor y comencé a caminar hacia el caos de bastidores, donde cada sombra parecía susurrar su nombre.Había algo en ese nombre que se sentía vagamente familiar, como si lo hubiese escuchado antes en un contexto que no lograba recordar.
Al escuchar sus palabras, sentí como si el aire se hubiera escapado de mis pulmones. Las palabras de Dante resonaban en mi cabeza, mezclándose con recuerdos borrosos de un niño de ojos amables y sonrisa reconfortante.Me dejé caer en la silla, sintiendo que el mundo giraba a mi alrededor. Las imágenes de aquel día, enterradas en lo más profundo de mi memoria, comenzaron a surgir como fantasmas del pasado.—No puede ser —murmuré, cerrando los ojos con fuerza—. Él me salvó... y yo... yo ni siquiera...—No es tu culpa, Trina —dijo Izan, su voz suave pero firme—. Eras solo una niña.Izan se acercó, arrodillándose frente a mí. Sus ojos verdes, tan parecidos a los míos, estaban llenos de preocupación.—Lo siento, hermanita. No queríamos que cargaras con ese peso.Asentí mecánicamente, incapaz de procesar completamente la información. Mi mente vagaba entre el shock de la noticia, sentía mi corazón adolorido, como si alguien le hubiese asestado una gran herida. Pese a ello, me armé de valor,