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XXXIV Aterrizando expectativas

—¿Y qué va a pasar con el circo? —preguntó Elena luego de enterarse sobre la última cláusula del testamento de su padre.

—Estamos quebrados —dijo Tobías—. Esto de llenarse de deudas es herencia familiar.

—¿Y saben algo sobre finanzas? —preguntó Ale—. Porque para trabajar en empresas Grandón hay que estar bien calificado.

—Claro. Un circo también es una empresa —aseguró Tobías. Les mostró la cuchara que cargaba. Acababa de doblarla con el poder de su mente.

Elena aplaudió.

—¡Son tan talentosos! Es una pena que acaben trabajando en una oficina —dijo ella.

—Yo no tengo problemas con eso. Además, me dan miedo las alturas —dijo Julián, el trapecista.

Magnus rodó los ojos. Eran un montón de payasos.

—Papá tampoco es tan bueno. Su último número, donde intentó partir a una mujer a la mitad, no salió muy bien. La demanda que le llegó fue el golpe final para el circo.

—Entendí al revés las instrucciones —dijo Tobías.

—Y Ulises se fracturó —siguió diciendo Julián—. Se le dislocó un brazo y una p
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