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Todo marchó contrarreloj. Preparar los drones para lo que teníamos presupuestado fue más difícil de lo que imaginamos. Había que retirar los tanques en los que se cargaba el fertilizante y reemplazarlos por estructuras perfectamente armadas para montar las armas. No fue una tarea fácil, pero, por suerte, uno de los hombres del equipo de seguridad tenía suficientes conocimientos de ingeniería como para ayudarnos en esa tarea.

Ya había caído la noche cuando los dos drones estaban en perfecto estado, dispuestos para ejecutar las órdenes. El área de cobertura de los drones no era tan grande como quisiéramos, así que los hombres que los pilotarían tendrían que estar relativamente cerca del lugar del encuentro.

Eran pasadas las nueve de la noche cuando salimos hacia la fábrica. Nicolás me había dado un arma. Sinceramente, yo no sabía cómo usarla, pero de todas formas la metí entre mi pantalón.

— Recuerden que Elisa me quiere viva — les dije — . Si algo pasa, quiero que se acerquen a mí. Es
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