Te amo

Aurora miró a Antonio y sintió cómo su cuerpo entero se estremecía. Las palabras se atascaban en su garganta, incapaz de decir nada mientras él la observaba con intensidad, con esos ojos oscuros que siempre habían sido su refugio y su tormento.

Su corazón latía desbocado, sus manos temblaban, pero su alma gritaba una verdad que su mente se negaba a aceptar.

Antonio, sin dudar, llevó las manos a su cuello y la atrajo hacia él. Aurora sintió la calidez de sus dedos sobre su piel, la electricidad del contacto, el aroma familiar que tanto había tratado de olvidar.

Sus labios se encontraron con los de ella en un beso urgente, desesperado, como si con ello pudiera recuperar el tiempo perdido, borrar las heridas, anular la realidad que los separaba.

Por unos instantes, Aurora se dejó llevar. Sus manos se aferraron a los brazos de Antonio y sintió que el mundo desaparecía.

El amor que había creído muerto aún ardía dentro de ella, quemándola con cada roce, con cada caricia. Pero entonces, l
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