Vittorio se miró en el espejo con detenimiento, él estaba completamente listo para lo que se venía ahora. La luz tenue de su habitación resaltaba los ángulos marcados de su rostro y el traje negro que había elegido para la ocasión. Él estaba completamente seguro que lo que se venía en la noche era realmente interesante, y lo mejor es que iba a ver a Aurora. Él ajustó el nudo de su corbata con precisión y deslizó las manos por la tela de su chaqueta, comprobando que todo estuviera en su sitio. Su cabello, peinado con esmero, le daba un aire de elegancia y seriedad. Inspiró profundamente y dejó escapar un suspiro. Estaba listo para la fiesta.Justo cuando estaba por girarse y salir de su habitación, la puerta se abrió de golpe. Se encontró cara a cara con Fiorella, su hermana menor, su ceño se frunció de inmediato. Fiorella tenía una gran sonrisa llena de satisfacción estaba disfrutando el momento —¿Qué haces aquí?—preguntó Vittorio con voz seria, cruzando los brazos sobre su pecho—
Vittorio avanzó con paso seguro, su brazo enlazado con el de Fiorella. Su porte distinguido y la elegancia natural con la que se movía acentuaban su presencia, atrayendo miradas curiosas y expectantes. Sin embargo, mientras cruzaban la entrada del gran salón, los labios de Fiorella se curvaron en una mueca de desagrado al ver a Aurora.Aurora se veía radiante, su rostro iluminado por una sonrisa encantadora que no parecía fingida en lo absoluto. Vestida con un elegante vestido negro parecía completamente ajena a la incomodidad que su presencia causaba en Fiorella. Pero lo que realmente llamó la atención de Vittorio no fue solo la belleza de Aurora, sino la forma en la que Dante la sostenía.Dante la tenía sujetada por la cintura, su mano firmemente colocada en la curva de su espalda, como si quisiera asegurarse de que nadie más osara acercarse a ella. Y entonces, con un movimiento decidido, la pegó aún más a su cuerpo, inclinándose sobre ella para besarla con una pasión que dejó sin a
El murmullo de las conversaciones y el tintineo de copas llenaban el aire, Ethan Avanzó con pasos firmes hasta quedar frente a Dante, quien lo observó con una mezcla de curiosidad y por supuesto emoción.—Dante —saludó Ethan, con una leve inclinación de cabeza.Dante asintió en respuesta, solo que los ojos de Ethan se desviaron hacia Aurora, a la mujer, de una belleza innegable, Ethan tomó la mano de Aurora con delicadeza, y sin apartar la mirada de ella, llevó sus manos a la de ella y beso con sutileza.Dante tensó su mandíbula. Su mirada se oscureció mientras su cuerpo se erguía con rigidez.—Ella es mi esposa —declaró con voz firme, marcando cada palabra con un tono que no admitía discusiones.Ethan sonrió con serenidad, y sin apartar la mirada de Dante —Tienes una esposa muy bella —replicó Ethan.Las palabras quedaron suspendidas en el aire durante unos segundos, mientras una corriente invisible parecía pasar entre ambos hombres. Fue entonces cuando Ethan giró levemente su ros
Aurora miró a Antonio y sintió cómo su cuerpo entero se estremecía. Las palabras se atascaban en su garganta, incapaz de decir nada mientras él la observaba con intensidad, con esos ojos oscuros que siempre habían sido su refugio y su tormento. Su corazón latía desbocado, sus manos temblaban, pero su alma gritaba una verdad que su mente se negaba a aceptar.Antonio, sin dudar, llevó las manos a su cuello y la atrajo hacia él. Aurora sintió la calidez de sus dedos sobre su piel, la electricidad del contacto, el aroma familiar que tanto había tratado de olvidar. Sus labios se encontraron con los de ella en un beso urgente, desesperado, como si con ello pudiera recuperar el tiempo perdido, borrar las heridas, anular la realidad que los separaba.Por unos instantes, Aurora se dejó llevar. Sus manos se aferraron a los brazos de Antonio y sintió que el mundo desaparecía. El amor que había creído muerto aún ardía dentro de ella, quemándola con cada roce, con cada caricia. Pero entonces, l
Vittorio se movió con cautela por los pasillos de la mansión, el ruido de la música fue su mejor aliado, sus pasos amortiguados por la gruesa alfombra. No debería estar ahí, lo sabía, pero una corazonada lo había llevado a seguir a Antonio. Y ahora, oculto entre las sombras, escuchaba cada palabra que aquel hombre le decía a Aurora.Las promesas dulces, las palabras de amor, la pasión contenida en cada frase... todo aquello prendió fuego dentro de Vittorio. Su mandíbula se tensó, sus manos se cerraron en puños mientras la ira lo consumía. Antonio hablaba con tanta seguridad, con una certeza insoportable de que Aurora le pertenecía. Como si Dante no existiera, como si su compromiso fuera una simple formalidad."Maldito seas, Antonio", masculló entre dientes, incapaz de contener el odio que se apoderaba de su ser. Su mente giraba en torno a una sola idea, él debía quitarle a Dante a Aurora. No podía permitir que ese idiota de Antonio se interpusiera, ni que Dante la mantuviera a su lad
El sudor de su frente bajaba lentamente por su rostro, era como si el tiempo se hubiese detenido en ese mismo momento.Su cuerpo dolía como nunca, los golpes en sus costillas hacían que Dante se retorciera de dolor, aún así su mandíbula seguía tensa, y con la firme intención de salir de ahí con vida. Dante alzó su mirada, y vio una vez más el azul celeste de los ojos de sus amada cerrarse por última vez, la mujer de su vida, maldijo internamente, porque el día que se suponía que iba hacer el más feliz de sus vidas… se había convertido en un completo infierno.—¡Jamás pensé tener tanta suerte en esta vida!, y vaya que siempre he sido un hombre con mucha suerte!, ¿Acaso no lo crees primito? —exclamó Antonio tomando fuertemente la mandíbula de Dante, él tenía su mirada fija en Eva, quien yacía inerte a un lado de sus pies.Dante apretó un poco sus manos, la impotencia era evidente, solo quería soltarse y correr a los brazos de su amada, poder salvarla, poder estar ahí para ella.—Disfru
Aurora pegó un brinco, aún así hizo lo que aquel hombre mal herido le pedía, se inclinó aún más y ayudó al hombre a subir a su auto.—¿Qué esperas? ¡maldita sea!, ¡Arranca! —exclamó Dante.—Señor, no puedo conducir, al menos no hasta que detenga el sangrado o de lo contrario puede morir, en realidad no quiero cargar con un muerto en mi auto —exclamó Aurora mirando por el retrovisor.Los ojos de Dante rodaron, al mismo tiempo que maldecía por dentro, sabía que era cuestión de minutos para que Antonio llegará a ese lugar y cumpliera con su cometido, acabar con él, quitarle la vida sin pensarlo. —¡Está bien! Haga lo que se le dé la maldita gana, eso sí, si intenta hacer algo en mi contra no dudaré en meterle un tiro en la cabeza —vociferó Dante, se inclinó aún más en el asiento trasero del auto y abrió su camisa y así la mujer pudiera ayudarlo.Aurora respiró profundo, caminó hasta el baúl del auto y sacó su maletín, no creía que lo utilizaría, mucho menos en sus vacaciones, aún así cam
El viento resoplaba con mucha más fuerza a medida que pasaba el tiempo, los árboles se movían de lado a lado, al igual que la mandíbula de Antonio, quien solo contaba los segundos por encontrar a Dante.Sus ojos se desviaron al notar que una de las camionetas frenaba bruscamente metros más adelante.—¡Ve y averigua qué sucede!, no puedo perder más tiempo, bastante me costó retrasar la reunión con los socios del sur de Italia —dijo Antonio.Efectivamente, Antonio se había encargado de retrasar la reunión después que se llevará a cabo el matrimonio de Dante y Eva. Todos se enterarían de la muerte trágica de los novios en un accidente fatal y él por supuesto tomaría el control total, solo que no contaba que todos sus planes se salieran de control y que Dante tuviera suerte.—¡Señor!, sobre la vía hay sangre, está fresca, lo más posible es que el señor Dante esté cerca —avisó uno de los hombres.Antonio llevó un puro a su boca, abrió la puerta de la camioneta y se bajó de ella.—¡Maledett