Mientras tanto, en uno de los clubes de Antonio, él había decidió ir a celebrar la posible muerte de su querido primo. Antonio alzó su copa de whisky con una sonrisa satisfecha, disfrutando del sabor ardiente que le recorría la garganta. El club estaba en su punto elevado de la noche, con la música vibrando en las paredes y las luces tenues que le daban un aire de clandestinidad al ambiente. Sus ojos oscuros, llenos de júbilo y malicia, recorrían la pista de baile y se posaban en cada detalle con una placidez que rara vez se permitía.Sabía que esa noche era especial. Su estado de ánimo lo delataba, y la razón de su felicidad no era ningún secreto para él, Dante había desaparecido. Más que eso, lo habían arrastrado lejos, y si todo salía como debía, no volvería a ser visto con vida. Se imaginaba el miedo en los ojos de ese malnacido cuando fue rodeado por los hombres que se lo habían llevado, la forma en que suplicaría por una oportunidad que jamás llegaría. Solo de pensarlo, la son
Dante subió de nuevo a las camionetas con la mandíbula tensa y los puños cerrados. El aire nocturno apenas lograba enfriar la furia que lo consumía por dentro. Caruzzo estaba muerto y él no había sido el que le arrebató la vida. La impotencia lo carcomía, como un veneno lento que se esparcía por sus venas, recordándole a cada instante que su venganza le había sido arrebatada.El motor rugió cuando la camioneta arrancó, alejándose del lugar donde todo había ocurrido. La carretera serpenteaba en la oscuridad, iluminada solo por los faros que cortaban la noche. Sus hombres iban en silencio, sabiendo que cualquier palabra estaría de más. Dante no era un hombre que se conformara con las migajas y, sin embargo, ahora se veía obligado a aceptar que alguien más había cerrado el capítulo de Caruzzo. Alguien que no era él, y que debía averiguar, un enemigo, un nuevo enemigo, de eso no había duda.Golpeó el panel de la puerta con el puño, frustrado. Su mente repasaba una y otra vez las posible
Aurora se encontraba en su habitación, preparándose para ir a la fiesta que Dante había mencionado, no es que tuviera muchas ganas de ir, todo lo que estaba pasando a su alrededor con Dante y sus sentimientos hacia Antonio, tenía en su cabeza hecha bolas. No podía dejar de pensar que por momentos me acordaba de Antonio y el amor que le juró en algún momento. Ella no podía dejar de cuestionar el hecho de que sus sentimientos estuvieran así de colapsados.Por más que quisiera aclarar todo lo que sentía se estaba volviendo bastante complicado. No podía entender como su cabeza y su cuerpo sentían algo mientras que su corazón indicaba otra cosa totalmente diferente.Luego de darse una ducha con agua caliente ella humectó su cuerpo.Se había estado preparando durante más de una hora probándose diferentes vestidos qué Dante había proporcionado, hasta que finalmente había encontrado el look perfecto. Según él, tenía que mostrarse como la esposa perfecta y no sabía si eso lo había dicho en
Vittorio se miró en el espejo con detenimiento, él estaba completamente listo para lo que se venía ahora. La luz tenue de su habitación resaltaba los ángulos marcados de su rostro y el traje negro que había elegido para la ocasión. Él estaba completamente seguro que lo que se venía en la noche era realmente interesante, y lo mejor es que iba a ver a Aurora. Él ajustó el nudo de su corbata con precisión y deslizó las manos por la tela de su chaqueta, comprobando que todo estuviera en su sitio. Su cabello, peinado con esmero, le daba un aire de elegancia y seriedad. Inspiró profundamente y dejó escapar un suspiro. Estaba listo para la fiesta.Justo cuando estaba por girarse y salir de su habitación, la puerta se abrió de golpe. Se encontró cara a cara con Fiorella, su hermana menor, su ceño se frunció de inmediato. Fiorella tenía una gran sonrisa llena de satisfacción estaba disfrutando el momento —¿Qué haces aquí?—preguntó Vittorio con voz seria, cruzando los brazos sobre su pecho—
Vittorio avanzó con paso seguro, su brazo enlazado con el de Fiorella. Su porte distinguido y la elegancia natural con la que se movía acentuaban su presencia, atrayendo miradas curiosas y expectantes. Sin embargo, mientras cruzaban la entrada del gran salón, los labios de Fiorella se curvaron en una mueca de desagrado al ver a Aurora.Aurora se veía radiante, su rostro iluminado por una sonrisa encantadora que no parecía fingida en lo absoluto. Vestida con un elegante vestido negro parecía completamente ajena a la incomodidad que su presencia causaba en Fiorella. Pero lo que realmente llamó la atención de Vittorio no fue solo la belleza de Aurora, sino la forma en la que Dante la sostenía.Dante la tenía sujetada por la cintura, su mano firmemente colocada en la curva de su espalda, como si quisiera asegurarse de que nadie más osara acercarse a ella. Y entonces, con un movimiento decidido, la pegó aún más a su cuerpo, inclinándose sobre ella para besarla con una pasión que dejó sin a
El murmullo de las conversaciones y el tintineo de copas llenaban el aire, Ethan Avanzó con pasos firmes hasta quedar frente a Dante, quien lo observó con una mezcla de curiosidad y por supuesto emoción.—Dante —saludó Ethan, con una leve inclinación de cabeza.Dante asintió en respuesta, solo que los ojos de Ethan se desviaron hacia Aurora, a la mujer, de una belleza innegable, Ethan tomó la mano de Aurora con delicadeza, y sin apartar la mirada de ella, llevó sus manos a la de ella y beso con sutileza.Dante tensó su mandíbula. Su mirada se oscureció mientras su cuerpo se erguía con rigidez.—Ella es mi esposa —declaró con voz firme, marcando cada palabra con un tono que no admitía discusiones.Ethan sonrió con serenidad, y sin apartar la mirada de Dante —Tienes una esposa muy bella —replicó Ethan.Las palabras quedaron suspendidas en el aire durante unos segundos, mientras una corriente invisible parecía pasar entre ambos hombres. Fue entonces cuando Ethan giró levemente su ros
Aurora miró a Antonio y sintió cómo su cuerpo entero se estremecía. Las palabras se atascaban en su garganta, incapaz de decir nada mientras él la observaba con intensidad, con esos ojos oscuros que siempre habían sido su refugio y su tormento. Su corazón latía desbocado, sus manos temblaban, pero su alma gritaba una verdad que su mente se negaba a aceptar.Antonio, sin dudar, llevó las manos a su cuello y la atrajo hacia él. Aurora sintió la calidez de sus dedos sobre su piel, la electricidad del contacto, el aroma familiar que tanto había tratado de olvidar. Sus labios se encontraron con los de ella en un beso urgente, desesperado, como si con ello pudiera recuperar el tiempo perdido, borrar las heridas, anular la realidad que los separaba.Por unos instantes, Aurora se dejó llevar. Sus manos se aferraron a los brazos de Antonio y sintió que el mundo desaparecía. El amor que había creído muerto aún ardía dentro de ella, quemándola con cada roce, con cada caricia. Pero entonces, l
Vittorio se movió con cautela por los pasillos de la mansión, el ruido de la música fue su mejor aliado, sus pasos amortiguados por la gruesa alfombra. No debería estar ahí, lo sabía, pero una corazonada lo había llevado a seguir a Antonio. Y ahora, oculto entre las sombras, escuchaba cada palabra que aquel hombre le decía a Aurora.Las promesas dulces, las palabras de amor, la pasión contenida en cada frase... todo aquello prendió fuego dentro de Vittorio. Su mandíbula se tensó, sus manos se cerraron en puños mientras la ira lo consumía. Antonio hablaba con tanta seguridad, con una certeza insoportable de que Aurora le pertenecía. Como si Dante no existiera, como si su compromiso fuera una simple formalidad."Maldito seas, Antonio", masculló entre dientes, incapaz de contener el odio que se apoderaba de su ser. Su mente giraba en torno a una sola idea, él debía quitarle a Dante a Aurora. No podía permitir que ese idiota de Antonio se interpusiera, ni que Dante la mantuviera a su lad