Emily Sinclair, ve su vida desmoronarse cuando su esposo la obliga a firmar el divorcio. La pérdida de su bebé y la muerte de su padre, que deja a su familia en deudas, la empujan al abismo. Al descubrir la oscura verdad detrás de esas muertes, Emily toma una decisión audaz: ¡venderse para matrimonio con el despiadado CEO, Franklin Robinson, en busca de dinero y venganza! Franklin, un manipulador que vela únicamente por sus egoístas intereses, no tarda en atraer a Emily hacia una intensa y peligrosa atracción que la consume por completo. Sin embargo, cuando se entera de que está embarazada nuevamente, Franklin exige que se deshaga del bebé. Decidida a no perder a su hijo, Emily se enfrenta a un hombre que no conoce límites. ¿Podrá conquistar el corazón de Franklin, y lograr su venganza, o su matrimonio está condenado desde el principio?
Leer más—Estoy… Un poco afectado. Probablemente adelanten mi cirugía —le confesó el CEO Robinson. Emily sintió un hormigueo en su estómago. Lo que parecía ser una conversación casual y amistosa, se tornaba incómoda para ella. ¿Por qué Franklin no era tan expresivo con ella a como con Isabella? ¿Quién era esa mujer? Se preguntó si había algo más entre ellos, alguna conexión que ella no conocía. —Me he estado sintiendo un poco abrumado —continuó Franklin, su voz más baja—. No es fácil para mí estar en el centro de atención por esta m@ldita discapacidad. Isabella asintió, mostrando que él tenía toda su atención. —Sabes cómo soy, esto me fastidia como no tienes idea —expresó el CEO Robinson, desahogándose—. Y sin embargo, no hay nada que pueda hacer. Sé que el culpable de mi discapacidad, mi hermano, salió de la prisión de Miami. Tiene que pagar, pero mi gente lo busca sin éxito. —Entiendo —dijo Isabella, acercándose un poco más a él—. Pero eres fuerte, Franklin. Todos lo saben. Solo
La continuación en la recepción, sin baile de los novios, por la reciente molestia que el CEO Robinson venía experimentando en su pierna. Un hecho que no pasó desapercibido para los invitados, pero por supuesto, nadie se atrevió a hablar del tema, sobre todo porque la discapacidad de Franklin, era obvia. Mientras Emily intentaba procesar sus emociones, una mujer se acercó a ella con una sonrisa cálida. —Hola, soy Isabella Howard, pero puedes llamarme Isa —dijo la mujer pelirroja, extendiendo la mano. Emily la miró, sorprendida. —¿Isabella Howard? La esposa del CEO Howard, ¿verdad? Isabella asintió, su sonrisa se amplió. —Sí, ese mismo. Hemos conocido a Franklin desde hace años. Siempre ha sido un buen… Amigo. Emily sintió una mezcla de admiración y sorpresa. —Es un placer conocerte. —El placer es mío —respondió Isabella, su tono amigable—. ¿Cómo te sientes en tu gran día? Emily suspiró, sintiendo que un nudo se formaba en su garganta. —Es un poco abrumador —respondió de
✧✧✧ Unos días después. ✧✧✧ El fin de semana había llegado, y la mansión del CEO, Robinson, era envuelta en la oscuridad de la noche. Los jardines estaban adornados con luces brillantes, creando un ambiente casi mágico. La música en vivo resonaba en el aire, acompañando las risas y charlas de los invitados que lucían sus trajes elegantes, listos para celebrar. —Es su tercer matrimonio. ¿Cuánto crees que durará esta vez? —comentó una mujer, con un tono de curiosidad y escepticismo. —No mucho. El señor Robinson tiene fama de dejar atrás a sus esposas con facilidad —respondió su amiga, riendo suavemente. En medio de sus murmullos, una de ellas elevó la voz, señalando hacia la entrada. —¡Oh Dios mío, mira! —exclamó—. ¿No son ellos el señor Howard y su esposa? ¡No los veía desde hace años! —Sí, los vi hace poco en Londres. Es un magnate muy importante, siempre de viaje —respondió la otra, mientras sus ojos brillaban con emoción. Jameson Howard caminaba, orgulloso, con su esp
El silencio se instaló por segundos que se sintieron eternos para Emily. La mujer pelirroja observó la expresión seria e indescifrable de ese hombre y, finalmente, soltó su mano. —No es nada. Puedes ir a descansar —respondió él, pero Emily ya había notado la botella en el escritorio y el olor a alcohol que emanaba de su prometido. Era evidente que, si se iba, él seguiría bebiendo, y había algo que lo inquietaba. ¿Qué podía hacer ella? Él no quería hablar… no lo haría. Sabía cómo era. "Sé que no me ama… Pero pensé que podría acercarme un poco, tratar de… ser alguien importante para él, no solo por un contrato, no solo porque estoy embarazada de su hijo…" Los pensamientos de Emily la llevaron a una dura realidad. Lo amaba. Quería ser amada. Pero… eso no iba a suceder. Se levantó de inmediato, tan rápido que se mareó. Apoyó una mano en el respaldo de la silla y cerró los ojos, mientras la otra se posaba en su frente. —¡Emily! —Franklin se acercó al ver su reacción, colocando s
¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! Franklin, desde el interior de la habitación, escuchó los golpes que daba con fuerza Emily. Se detuvo en seco y volteó a ver con el ceño fruncido. ¡No estaba de humor para lidiar con ello! Se dirigió al minibar de la oficina y tomó una botella, sirviéndose una copa. Tomándola de golpe, sirvió otra más. ¡Había mandado la m@ldita invitación por cortesía! ¡No tenía exactamente una buena relación con los Howard! Sí, Jameson Howard una vez fue su mejor amigo. Pero eso era tiempo pasado. "Isabella… ¿Ella vendrá a la boda? ¿Mi boda con…?" ¡PUM! ¡PUM! Los golpes de Emily interrumpieron los pensamientos del CEO, que de inmediato soltó un profundo suspiro. —¡Lárgate Emily, no voy a abrir la m@ldita puerta!, ¿no te queda claro? Ve a descansar o haré que seguridad te lleve y te encierre en la habitación. Ese hombre habló a grandes voces desde el interior. Por un momento, el silencio reinó. "¿Se fue?" Pensó Franklin. Sin darle mayor importancia, se acercó a su escrit
✧✧✧ La mañana del día siguiente, en Los Ángeles, Estados Unidos. ✧✧✧ Franklin y Emily llegaron a la clínica. Franklin, con su elegante bastón apoyado a su lado, caminaba con paso firme, mientras Emily trataba de mantener el ritmo. A pesar de los nervios que la invadían, se sentía agradecida de no estar sola en ese momento. —¿Estás tranquila, verdad? —preguntó Franklin, mirándola por el rabillo del ojo mientras esperaba en la recepción. —Intento estarlo —respondió ella, forzando una sonrisa—. Sé que solo es un chequeo por el embarazo… Pero… Estoy un poco ansiosa… Es mi bebé —sonrió Emily, posando su mano en su vientre—. Nuestro bebé —recalcó ella con emoción. Franklin simplemente la miró de reojo, sin opinar del tema. De inmediato la enfermera los guió a una habitación donde el médico los esperaba. Después de los chequeos de rutina, el médico les dio buenas noticias. —Todo está bien, señorita Sinclair. Usted, sí está embarazada; y el embarazo progresa adecuadamente —dijo el m
✧✧✧ La mañana del día siguiente. En la mansión del señor Robinson. ✧✧✧ Emily salió del coche oscuro y se encontró rodeada de vehículos estacionados. Tiana Bennett estaba dirigiendo a algunos hombres que bajaban cajas de un camión. —¡Señorita Sinclair, señor Robinson! —sonrió Tiana, acercándose a Emily y Franklin, que recién bajaban mientras él ajustaba su corbata con una expresión de aburrimiento. —Señorita Bennett. No sabía que hoy tenía que venir… ¿Tan pronto comenzarán los preparativos de la boda? —preguntó Emily, confundida y con un ligero sonrojo en su rostro, sus ojos azules volviendo a posarse en el CEO que estaba a su lado. Franklin, sin dignarse a mirarla, simplemente saludó a Tiana con un apretón de manos. —La boda es el próximo fin de semana. Estamos contra el reloj. Por supuesto que debe estar aquí hoy —hablaba Franklin a Emily—. Sé clara y dile todo lo que piensas, no te guardes nada. Esa noche quiero verte con una sonrisa que haga justicia a la señora Robins
>>> Emily Sinclair: Lo besaba, mis labios disfrutando de los suyos, de cada roce, de cada lamida y mordisco, hasta que los sentí hinchados. Como si no existiera un mañana, me perdí en él, en su calor envolvente. Mis manos se deslizaron con delicadeza por los rizados mechones de su cabellera negra, tocando sus mejillas, acariciando su cuello y sus hombros. Anhelaba recorrerlo, sentir cada centímetro de su piel. Comencé a desabotonar su camisa de manga larga mientras él se acercaba más a mí. Franklin, compartiendo la misma urgencia, se apartó un instante, se quitó la camisa y la lanzó a un lado. En ese momento, casi me arrancó la prenda que llevaba puesta, dejándome completamente expuesta, desnuda ante su mirada intensa. Sus ojos grises se posaron en mí, llenos de deseo ardiente que me estremeció. No podía negarlo; ya no había espacio para las mentiras. Me enamoré de él. Me repetía que era una tonta por hacerlo, pero… Rápidamente esos pensamientos se esfumaron, mientras sent
>>> Emily Sinclair: —Si vuelves a tratarme así de mal. Me iré… Sin importar si soy o no tu señora Robinson —advertí. Mis ojos lo veían fijamente, mi corazón latiendo aceleradamente… Quizá mi voz temblaba, al igual que mi cuerpo… Él no era un juego. Pero yo tampoco quería ser tratada como uno. Franklin cerró sus ojos por unos segundos, era como si estuviera conteniendo su furia o frustración. Me levanté de la silla, pero antes de irme… Él detuvo mi mano. Me quedé inmóvil, mi corazón dando un vuelco, mientras mis ojos volvían a verlo… Su expresión era fría y altiva. ¿Provoqué nuevamente su furia? Fue la primera pregunta que cruzó por mi cabeza… Tuve un poco de miedo. —¿A dónde irás? —sin embargo, la pregunta que él me hizo, fue totalmente ajena a mi advertencia, quizá simplemente me ignoró pensando que yo no era nadie para provocarle temor o dolor. —¿A… A dormir?… Es noche. —¿Dónde piensas dormir?, ahí solo queda la sala. —En un sofá, claro está —dije intentando solt