-Aquí es según la dirección que Wayne me envió. –Dijo mi padre revisando el GPS. – ¿Lista para lo que seguramente será una excelente y perfecta cena? –Añadió con un inmenso sarcasmo mientras terminaba de estacionar el automóvil, no pude evitar reír ante su comentario.
-¡Dios te oiga! –Dije riendo mientras comenzábamos a bajar del mismo.
Ambos sabíamos que la familia del señor Wayne era peculiarmente extraña. Él era un hombre de negocios bastante reconocido en la industria de las finanzas, su empresa formaba parte del top 5 de las más reconocidas del país, su vida profesional era un éxito, sin embargo la personal tenía algunas cosas fuera de lo común por lo que mi padre solía contar.
Los Wayne solían desaparecer una vez al mes, todos los meses, durante tres días exactos, sin dar explicación alguna, y cuando les preguntaban al respecto evadían por completo el tema. Para nadie en la empresa era un secreto que el señor Nicholas a veces era algo agresivo, su esposa, Olivia, era pedante y bastante engreída, solía mirar a los demás por encima de su hombro. Su hija, Allison, era la clara representación de su madre, aunque a veces esta tenía sus momentos de humanidad. En la lista de “La familia Wayne” también estaba su hijo, Thomas, sin embargo a él no lo conocía ni siquiera mi padre, esto era debido a que, al ser el menor de la familia, aún no trabajaba en la empresa, y por alguna razón que desconocía nunca asistía a los eventos de la empresa, sin embargo estaba casi segura que él no era la excepción con respecto a su familia.
Estábamos entrando al restaurante cuando de repente un frío recorrió todo mi cuerpo, dejando mi piel completamente erizada. Fue realmente extraño pero trate de no darle importancia, quizás había sido por el aire acondicionado. Al llegar a la recepción nos atendió un chico alto y robusto, su cabello era castaño oscuro y sus ojos de color avellana, llevaba un traje completamente negro que lo hacía ver realmente amenazante, a decir verdad parecía más un guardia de seguridad que un recepcionista.
-Buenas noches, bienvenidos a “Blue Moon”, ¿En qué puedo servirles? –Dijo con amabilidad, a decir verdad quede sorprendida con su tono de voz, sonaba como un adolescente de unos quince o quizás dieciséis años, no concordaba en lo absoluto con su físico, el cual parecía de veintitantos. Mi padre pareció quedar igual de sorprendido pues tardo en responder.
-Eh…, buenas noches. –Dijo recomponiéndose. –Tenemos reservación con la familia Wayne. –Vimos como el muchacho bajó con tranquilidad la mirada hacía el cuaderno que se encontraba en la cabina. Asintió antes de volver a hablar.
-Perfecto, ustedes deben ser los Miller, ¿Cierto? –Preguntó alzando su mirada en nuestra dirección. Era bastante amable en realidad, incluso había algo en él que se me hacía familiar, quizás lo llegue a ver en los pasillos del instituto al que yo asistía, no estaba segura.
-Sí, somos nosotros. –Afirmó mi padre mientras asentía con educación.
-Síganme por favor, por acá esta su mesa. –Dijo el chico mientras salía de la cabina. Lo seguimos en silencio hasta una de las mesas que se hallaban al fondo del local, era un reservado VIP. –Esta es la mesa reservada para ustedes, la familia Wayne no debe tardar en llegar, pueden esperarlos acá sin ningún problema. –Dijo con cortesía. Le agradecimos justo antes de que lo llamasen en otra mesa y se marchase con rapidez.
-Bueno, ojala no tengamos que esperar mucho. –Dijo mi padre mientras tomaba asiento, yo imite su acción casi de inmediato– ¿Quieres ordenar algo mientras? –Pregunto con tranquilidad.
-No, gracias, creo que es mejor esperar. –Respondí con indiferencia. –Es un lugar muy bonito la verdad. –Añadí mirando a mí alrededor con más detenimiento.
Las mesas eran redondas, de madera clara al igual que las sillas, tenían un mantel blanco que caía con delicadeza por los bordes las mismas. Las paredes eran también de madera, pero esta era un poco más oscura que la de las mesas, del techo blanco colgaban unos candelabros que transmitían una luz tenue a todo el lugar. En el centro de la mesa reposaba un florero con unas hermosas flores de variados colores, todos en tonos cálidos, que transmitían una gran armonía. Habían seis platos sobre la mesa, cada uno acompañado de sus respectivos cubiertos y copas, también había una botella de vino que reposaba a uno de los lados del florero.
-Bastante, aunque es primera vez que escucho hablar de él. –Dijo mi padre mirando a sus alrededores. –Quizás sea un lugar nuevo. –Añadió mientras se encogía de hombros.
Me disponía a responderle cuando escuché la campanilla de la puerta, a la cual le estaba dando la espalda por la silla en la que me había sentado. Repentinamente un escalofrío volvió a recorrer todo mi cuerpo, esta vez con mayor intensidad. No tuve que girar a ver la puerta para saber de quien se trataba, o quienes mejor dicho, pues la reacción de mi padre me lo hizo saber: Habían llegado los Wayne.
Mi padre pareció retener el aliento durante un par de segundos y luego lo exhalo poco a poco, lo conocía bastante bien como para saber que se encontraba realmente nervioso, y no lo culpaba, había trabajado durante casi dos años para lograr el ascenso que tanto deseaba y que al fin estaba obteniendo. Por fortuna no renunció cuando sucedió lo de mamá, a pesar de que las ganas no le faltaron, siempre trato de mantenerse a flote, y lo había logrado. Era una lástima que ella no estuviese acá para verlo triunfar.
-Por acá, por favor. –Escuche decir al mismo chico que nos había atendido en recepción. Vi a mi padre levantarse, así que di un suspiro antes de imitar su acción, acá comenzaba el show. Al colocarme de pie me giré para poder ver a la familia Wayne hacer su llegada a la mesa. El primero en acercarse era el señor Wayne, quien venía de la mano de su esposa, su hija se encontraba detrás de ellos y, como era de esperar, su hijo no se veía por ningún lado.
-William, un gusto verte de nuevo. –Dijo el señor Wayne mientras le tendía la mano a mi padre, quien correspondió su acción.
-Igualmente, Nicholas. –Dijo mi padre con educación. –Ella es Anabelle –Añadió girándose en mi dirección–, mi hija, no sé si la recuerdas.
-Claro que la recuerdo. –Respondió él brindándome una pequeña sonrisa, la cual le devolví por cortesía. –Bueno, no creo que sea necesario presentarlos a ustedes. –Dijo girándose levemente en dirección de su esposa e hija, y luego hacía mi padre.
-Sí, ya nos conocemos. –Dijo mi padre mientras se acercaba a las mujeres Wayne– ¿Cómo has estado, Olivia? –Añadió tendiéndole la mano a la esposa del señor Wayne, quien pareció dudar antes de responder de igual manera.
-Bastante bien a pesar del clima, como sabrás esta temporada es fatal para mantener un buen bronceado. –Dijo ella con un tono que no logre descifrar en lo absoluto.
-Me contenta que estés bien, aunque para mí el clima ha estado perfecto. –Respondió mi padre con total educación, sabía que estaba tratando de ser lo más respetuoso y tolerante posible. Rápidamente, antes de que la señora Olivia contestase a su comentario, él se dirigió a su hija. –Hola Allison, que gusto verte. –Añadió dándole una pequeña sonrisa.
-Lo mismo digo, señor Miller. –Respondió ella devolviéndole el gesto.
-¿Ya conoces a mi hija? –Le pregunto mi padre.
-No he tenido la oportunidad. –Respondió Allison negando levemente con su cabeza. Luego se giró en mi dirección. –Un gusto, Allison Wayne. –Añadió tendiendo su mano en mí dirección.
-Anabelle Miller, el gusto es mío. –Respondí imitando su acción mientras le dirigía una pequeña sonrisa.
-Bueno, ya que las presentaciones están hechas, creo que podemos tomar asiento. –Dijo con tranquilidad el señor Nicholas. Todos hicimos caso y tomamos nuestros respectivos asientos. Tomé asiento al lado derecho de mi padre, el señor Nicholas a su lado izquierdo, luego su esposa y por ultimo su hija, el asiento a mi derecha quedo desocupado. En lo que todos terminábamos de acomodarnos, mi padre hizo la pregunta del millón.
-¿Y tu hijo, Nicholas? –Inquirió con genuina curiosidad. Luego añadió. –Pensé que vendría hoy, tenía bastantes ganas de conocerlo.
-Oh tranquilo William, Thomas si vendrá, él también tiene ganas de conocerte, estuvo leyendo tus planteamientos para el desarrollo de la empresa y quedo muy fascinado contigo, incluso dijo que no se perdería esta cena por nada del mundo, sin embargo quizás llegue un poco tarde, aunque dijo que ya venía en camino. –Respondió el señor Wayne revisando la hora en su reloj a lo último. –Tú sabes cómo son los jóvenes de hoy en día. –Añadió despreocupado mientras se encogía de hombros. Parecía que la señora Olivia estaba por decir algo en el preciso momento que el chico de la recepción, quien se había mantenido a un lado del grupo, habló.
-Disculpen la interrupción. –Dijo de manera muy respetuosa a nadie en particular. – ¿Gustan degustar de un poco de vino en lo que les traigo la carta del menú?, es cortesía de la casa. –Añadió. Luego de que todos asintiéramos él se dispuso a abrir la botella que descansaba sobre la mesa y a llenar cada copa hasta la mitad. Luego se retiró para buscar los menús.
-Me gustaría proponer un brindis. –Dijo el señor Nicholas mientras tomaba la copa entre una de sus manos. –Por el nuevo gerente administrativo de Industrias Wayne. –Finalizó alzando su copa en dirección de mi padre, quien no pudo evitar sonrojarse. Todos imitamos la acción del señor Nicholas y dijimos a unísono “Por Will”, luego cada uno dio un sorbo a su respectiva copa.
-¿Estás seguro de estar preparado para el nuevo cargo, William? –Soltó la señora Olivia a mi padre apenas bajamos nuestras copas. Sentí como el dulce trago del vino se convirtió en uno bastante amargo tras su comentario, ¿Cómo podía preguntar eso?, sentí como una tensión se formó en la mesa y por la expresión en el rostro del señor Wayne supe que tampoco le había agradado el comentario tan repentino y fuera de su esposa, incluso Allison se veía sorprendida de lo que su madre había dicho.
-Por supuesto que lo estoy. –Respondió mi padre sin dudar. –Así como también estoy totalmente seguro que de no estarlo no me habrían ni siquiera considerado para el cargo. –Junto a su comentario soltó una pequeña risa que aligero por completo el ambiente. Todos reímos con él, exceptuando la señora Olivia. –Y ya que tocamos este tema en particular, me gustaría aprovechar para agradecerles, no solo por el hecho de que me hayan considerado, sino que me hayan elegido. Siendo ustedes tres los dueños mayoritarios de la compañía, sé que tuvieron la responsabilidad de seleccionar entre los candidatos, y que me hayan escogido es un gran honor para mí. Brindo por ustedes. –Culminó alzando nuevamente su copa, acción que de nuevo todos imitamos. A decir verdad me sentía muy orgullosa de mi padre.
Todos no disponíamos a dar el sorbo del brindis cuando alguien aplaudió a mis espaldas, todos nos detuvimos por completo en lo que hacíamos para ver de quien se trataba. Me gire y me encontré con un joven esbelto que vestía un traje negro con una camisa de vestir blanca debajo, la cual tenía los primeros botones desabrochados, su cabello era castaño claro y sus ojos eran de color gris, su mandíbula no era tan definida y sus cejas eran algo gruesas. El escalofrió que llevaba sintiendo toda la noche se intensifico al verlo de una manera inexplicable, a tal punto de que mi piel se erizo por completo. Había algo en él, o quizás era todo él, que llamo mi atención por completo.
-Se los dije, este era el hombre que le hacía falta a la compañía. –Dijo él chico que acababa de llegar mientras sonreía en dirección de mi padre.-Lo sé, Thomas, yo tampoco dudo de ello. –Respondió el señor Nicholas al joven. Mierda, ¿Ese era su hijo menor?, mi padre al darse cuenta de quien se trataba se levantó para saludarlo, mientras yo seguía completamente congelada en mi asiento, no podía dejar de mirar al tal Thomas. “¿Por qué carajos te pones así?, ¡Ni si quiera le conoces!, ¡Al menos trata de disimular!” me regañé internamente.-Muchísimas gracias, Thomas. –Dijo mi padre mientras le tendía la mano al recién llegado, a lo que este correspondió de inmediato. –Es un gusto conocerte, muchacho.-Lo mismo digo, señor William. –Respondió él mostrando su sonrisa con perfecta dentadura. Mi-er-da. Luego de saludar a mi padre, quien volvió a tomar asiento, se dispuso a ocupar el puesto restante en la mesa, justo a mi lado, aunque a decir verdad parecía no percatarse
-¿Estas segura que no quieres que los lleve?, ya te dije que no tengo ningún problema con hacerlo. –Insistía Thomas nuevamente.-Y yo te dije que sé manejar, no te preocupes. –Repetí por séptima vez mientras rodaba mis ojos. Desde que anuncie que ya debíamos marcharnos Thomas había comenzado a insistir en que él podía llevarnos, debido al estado de ebriedad de mi padre. A decir verdad tenía algo de encantador su gesto, además de que su preocupación se veía genuina, sin embargo no había necesidad de eso, yo podía hacerlo sin ningún problema, mi padre me había enseñado a manejar a los catorce, incluso ya había conseguido mi licencia de conducir. Además, no quería dar la impresión, por mucho que me gustase la idea, de que entre él y yo podía surgir algo, una situación así podría afectar el puesto que del cual mi padre recién se iba a hacer cargo.-Está bien, si quieres puedes manejar tú, pero entonces ¿Me dejas acompañarte? –Pregunto con cierta ternura, había en sus ojos al
-Agh, no, aún nada. –Dije negando con mi cabeza mientras llevaba unas cuantas papas a mi boca. –Es como si hubiese desaparecido de la faz de la tierra. ¿Estás seguro que los meses antes del accidente los pase con él? –Inquirí frunciendo mi ceño.-¿No te cansas de preguntar eso? –Dijo rodando sus ojos. –Ya te dije que sí, estoy completamente seguro de que así fue. –Añadió con sequedad.-Disculpa si te molesto con mis preguntas, es que ya no hallo la manera de recuperar la memoria. –Dije con frustración. –Es que no puedo creer que la única persona que pudiese ayudarme a recuperar la memoria sea precisamente alguien que no aparece. Es una estúpida ironía.-Perdón. –Dijo soltando un suspiro. –Me encantaría poder ser de más ayuda, en serio, pero de momento solo puedo traerte papas fritas e intentar que te sientas meramente normal. –Dijo encogiéndose de hombros.-No es tu culpa, tranquilo. –Dije exhalando un aire que sin saber retenía. –Me estoy volviendo loc
18 de abril, 2019.Eran alrededor de las 9 am, me encontraba trotando a la mitad del Central Park con mis auriculares a todo volumen mientras escuchaba “Bomm Clap” de Charlie XCX. A decir verdad me gustaba como se veía Central Park a estas horas, se convertía en un lugar bastante pintoresco, de lo habitual, además, el clima fresco de hoy le sumaba más puntos al lugar. Me encontraba sumergida en mis pensamientos, en la canción, en el entorno a mí alrededor, tanto que no me percaté que me llamaban a mis espaldas, fue cuando sentí que tocaron mi hombro que caí nuevamente en la realidad.-Por Dios, no eres fácil de alcanzar en ningún aspecto. –Dijo él colocando las manos en su cintura mientras luchaba por recuperar el aliento. Se encontraba con ropa formal, de traje para ser exacta, su cabello se hallaba complemente despeinado, sin mencionar que se le veían algunas gotas de sudor en la frente.-¿Thomas? –Dije por inercia frunciendo mi ceño mientras me
“¿Qué carajos iba a colocarme?” Era el interrogante más grande en este preciso momento. Ya me había probado absolutamente todos los jeans, las blusas, suéteres, franelillas y demás prendas de ropa que tenía y nada, había colocado mi closet patas arriba y aún no hallaba una combinación que me convenciera como outfit para mi cita con Thomas. Me deje caer boca arriba sobre mi cama completamente frustrada, ¿Por qué no podía vestirme con equis cosa y ya? ¿Por qué me importaba tanto vestir bien para ir a ver a Thomas?, “Porque te gusta, duh” respondió la voz de mi interior, di un suspiro de resignación. Escuche como mi celular comenzó a sonar desde la sala, respire hondo y me levante para ir a contestar, quizás se trataba de mi padre, o de Thomas. Al ver la pantalla descubrí que era Noah quien llamaba. Oh, mierda.-¿Ya estas lista? –Pregunto al otro lado de la línea apenas conteste. –Ya casi voy saliendo a buscarte.-Noah, perdón, perdón, perdón. –Dije de inmediato. –Me
Presente.-¿Thomas? –Pregunté al verle allí parado frente a mí. Era él sin duda alguna, aunque la verdad se veía bastante diferente al recuerdo que conservaba del día que lo conocí. En esta ocasión se encontraba despeinado y tenía algo de barba, la cual lo hacía ver desaliñado, el brillo de sus ojos se había perdido por completo, el gris era opaco, oscuro. Vestía una franela gris con un estampado que decía “STOP”, un jean negro que estaba algo roto a la altura de las rodillas y unas VANS clásicas.-Hola, An. –Dijo curvando un poco la comisura de sus labios, más que una sonrisa su gesto era de nostalgia. Noté como sus ojos se humedecieron un poco, su tono de voz era apagado, lo cual hizo que mi estómago diera un vuelco, en definitiva no estaba ni cerca de ser el Thomas que recordaba.-¿Qué te paso? –Pregunte con una mezcla de confusión y sorpresa. Una parte de mí quiso acercarse a él y abrazarlo, darle consuelo a lo que fuese que pasase por su mente
La noche era bastante fría, sin embargo eso no parecía importarles a las personas que iban y veían por las aceras de Brooklyn. A veces solía preguntarme sobre qué rumbo tendrían esas personas, incluso me gustaba pensar que todos iban ya a sus casas a descansar después de un día de trabajo, o quizás se dirigían hacia algún restaurante a tener una cita con el amor de sus vidas, o tal vez simplemente a reunirse con amigos o familiares. A decir verdad trataba de no pensar en las cosas malas, hacía lo posible por dejar ese tipo de cosas a un lado, como si no existiesen, a pesar de que en el fondo sabía que la verdad era otra, el mal, la desdicha, la mala suerte y sobre todo las malas situaciones siempre iban a existir. Yo era el claro ejemplo de eso.Pase los primeros cinco años de mi vida en el orfanato “Santa Marta”, planeando todas las noches sobre cómo encontraría a mis padres biológicos, planes que fui dejando de lado cuando me volví miembro oficial de la familiar Miller
Los abuelos de Dylan nos recibieron con gran cariño y amabilidad, como si fuésemos conocidos de toda la vida, aunque si lo pensaba bien quizás Thomas lo era, “¿Y si yo los había conocido también?” fue un pregunta que no pude evitar formularme. Luego de atravesar la puerta principal nos condujeron hacía la cocina de la cabaña, donde nos ofrecieron un poco de chocolate caliente acompañado de unas tostadas con tocino, no me había dado cuenta del hambre que tenía hasta que las probé, estaban realmente deliciosas. El lugar era bastante acogedor, por lo que había alcanzado a notar contaba con un sinfín de fotografías familiares que decoraban las paredes de madera, del techo colgaban candelabros que brindaban una luz tenue, se notaba como los muebles habían sido bien elegidos, pues combinaban perfectamente con todo el entorno.-¿Te gusta el lugar? –Pregunto con tranquilidad la señora Caroline, abuela de Dylan, en mi dirección.-Es un hogar muy acogedor. –Respondí dirigién