—Nos han subestimado demasiado tiempo —exclamó el alfa de shadowfang, su voz profunda y llena de veneno—. Los humanos creen que pueden cazarnos como si fuéramos simples bestias. Creen que pueden invadir nuestro territorio, asesinarnos y seguir con sus vidas como si nada. Es hora de demostrarles lo que realmente somos.Un murmullo gutural recorrió la manada. Algunos gruñeron en aprobación, otros golpearon el suelo con sus garras, impacientes por la orden de ataque.—Atacaremos cuando menos lo esperen. Cuando la noche esté en su punto más oscuro —continuó, clavando sus ojos fríos en cada uno de los presentes.Dorian sonrió, un gesto afilado como la hoja de un cuchillo.—Nos dividiremos. Luzbria será nuestro y luego, Valragh.El aire se cargó de una energía densa, un latido salvaje y hambriento en los pechos de los lobos. Esa noche, la sombra de la manada de Dorian se alzaría sobre Luzbria, y el pueblo jamás volvería a ser el mismo.Luzbria estaba envuelto en un manto de calma aparente.
La lucha era salvaje, sin cuartel. Garras desgarraban piel, colmillos se hundían en carne.Dorian lanzó un zarpazo dirigido al cuello de Kael, pero este se agachó a tiempo, girando con rapidez para hundir sus garras en el costado de su enemigo. Dorian gruñó de dolor, pero en lugar de retroceder, aprovechó la proximidad para clavar sus colmillos en el hombro de Kael. El líder de Valragh rugió, sintiendo el ardor de la herida, pero no cedió.Con un poderoso empujón, Kael liberó su brazo y, con un movimiento ágil, derribó a Dorian al suelo. Se abalanzó sobre él, sus colmillos a centímetros de la garganta del otro lobo. Dorian forcejeó, pero Kael era más fuerte. Lo tenía atrapado.—¡Se acabó! —gruñó Kael, con los colmillos desnudos, listo para hundirlos en el pecho de su enemigo.Pero entonces, un aullido cortó el aire.Kael giró la cabeza y su cuerpo se tensó.A pocos metros de ellos, un lobo oscuro sostenía a Selene entre sus fauces, su hocico pegado a su cuello. La loba tenía la piel m
Lina sintió que el aire se escapaba de sus pulmones en un jadeo ahogado. Su mente se negaba a aceptar lo que sus ojos veían. No podía ser. Clara había desaparecido hacía un año. Había llorado su muerte, había sentido el vacío de su ausencia hundirse en su pecho como una daga. Pero allí estaba… viva.Sus labios temblaron al pronunciar su nombre.—¿Clara…?Los ojos de la mujer parpadearon con esfuerzo, intentando enfocar el rostro que tenía enfrente. Un atisbo de sorpresa se dibujó en sus facciones antes de que su expresión se llenara de angustia.—Lina… —su voz fue apenas un susurro.Lina sintió que todo dentro de ella se quebraba. Sus rodillas amenazaron con doblarse mientras se apresuraba a desatar las gruesas cuerdas que sujetaban a su hermana. Su mente estaba llena de preguntas, de confusión, pero lo único que importaba en ese momento era liberarla.—Dios mío… no puede ser… ¿Cómo… cómo es posible? —Lina murmuró, con los ojos llenos de lágrimas, sus manos temblorosas luchando con lo
El bosque era un laberinto de sombras y sonidos crujientes. Lina avanzaba con torpeza entre la maleza, tropezando con raíces ocultas y apartando ramas que parecían empeñadas en cerrarle el paso. Pero su hermana, Clara, se movía como si el bosque la reconociera.El viento soplaba entre las copas de los árboles, pero alrededor de Clara el aire parecía quieto, expectante. Lina la observó con atención, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.Entonces, notó algo más.Las sombras de los árboles se mecían con el viento, pero nunca cubrían por completo a su hermana. La luz de la luna encontraba siempre un camino para tocarla.Y los animales…Primero fue una ardilla que bajó de una rama y se posó en el hombro de Clara, mirándola con sus pequeños ojos brillantes. Luego, un búho dejó su percha y revoloteó sobre sus cabezas antes de posarse en una rama baja, observándolas en silencio.Lina se detuvo.—¿Qué está pasando? —preguntó, con la respiración agitada.Clara no respondió.En ese mome
Lina Winters apretó el volante del Jeep, el sonido de las ruedas sobre el camino de tierra resonaba a través del silencio denso del atardecer. La Reserva natural de Blackwood estaba en lo profundo de un valle. Las montañas cubiertas de pinos se alzaban como sombras gigantes contra un cielo que comenzaba a oscurecer, pintando todo con tonos de gris y azul. El aire fresco traía consigo el olor a tierra mojada y madera, una fragancia cruda que parecía invadir sus pulmones con cada respiro.Al llegar al borde de la reserva, se detuvo en un claro solitario y observó la vasta extensión de árboles que se extendían ante ella. El paisaje era tan hermoso como inquietante: vastas colinas cubiertas de un espeso manto de árboles, y en el horizonte, una cadena montañosa que parecía abrazar el cielo.—Este es el lugar donde Clara desapareció —susurró, como si al decirlo, las palabras pudieran explicarle algo que llevaba un año preguntándose. Su corazón latía con fuerza mientras miraba hacia el bosqu
El alfa sentía una feroz guerra dentro de él, una batalla entre lo que sabía que debía hacer y lo que su corazón le dictaba. El vínculo que se había formado con la humana, era un peligro que no había anticipado. Su mente estaba llena de tormentas oscuras, pensamientos que se mezclaban con la preocupación por la manada, por el futuro incierto que podría desatarse si esta situación continuaba."Esto no debía pasar," pensaba, mientras sus ojos recorrían a Lina con una mezcla de urgencia y desespero. Sabía que su presencia en ese lugar ponía en riesgo no solo su vida, sino la de todos los que él amaba, los de su manada. Pero el instinto lo había llevado hasta ella, y ahora su única prioridad era mantenerla a salvo, sin importar las consecuencias.Con voz grave, casi rota, le dijo:—Tienes que irte. Este lugar no es seguro. Es mejor que te vayas, antes de que todo empeore.Lina, desorientada y aterrada, aún no lograba procesar lo que había ocurrido. La confusión y el miedo la envolvían. Co
—Está hecho, Kael. La humana ya está fuera de la Reserva. —Nox se acercó a su líder con paso firme, sus ojos grises reflejaban determinación.Kira, otra miembro de la manada, dio un paso adelante. Su presencia, aunque menos imponente, irradiaba una autoridad serena.—La llevamos hasta el límite norte, cerca del viejo puente. Está a salvo, pero… no tardará en darse cuenta de que algo no está bien.Kael asintió con un gruñido bajo, mostrando su satisfacción. Su mente, sin embargo, seguía trabajando en los posibles escenarios que podían desatarse ahora que Lina estaba fuera de su alcance.***Nox y Kira habían llegado al lugar donde aún permanecía Lina, siguiendo las órdenes de Kael. Como líder de la Manada de Valragh, él mismo les había encomendado la misión: sacar a la humana antes de que el caos se desatara.Kira caminaba delante, con pasos ágiles y seguros. Su cabello rojizo, tan intenso como las hojas de otoño, parecía arder bajo los últimos rayos del sol. Su rostro, de facciones de
Lina condujo de regreso al pueblo de Luzbria, ubicado a ocho kilómetros de la Reserva de Blackwood. La carretera serpenteaba entre densos árboles que parecían cerrar el paso, envolviéndola en una penumbra inquietante. Su mente era un torbellino de pensamientos que iban y venían a una velocidad vertiginosa.Todavía podía sentir esa sensación extraña que aquel hombre le había provocado. Había algo en él, en su voz grave y en su mirada intensa, que la había dejado desorientada, como si hubiera sido tocada por una energía desconocida. Pero esa sensación se mezclaba ahora con el miedo que la había invadido momentos antes. Recordaba cómo su corazón había latido con fuerza, convencida de que sería devorada por aquellos animales salvajes. Incluso ahora, su respiración se volvía errática al recordar esos ojos brillando en la oscuridad, esas sombras que parecían moverse con una inteligencia aterradora.Sin embargo, hubo un pensamiento que le erizó la piel por completo. Clara. La posibilidad de