Kael ya no estaba en la reserva. Tenía asuntos pendientes en el hospital, responsabilidades que no podía descuidar pese a todo lo que ocurría a su alrededor. Sin embargo, sabía que no tardaría en resolverlos. En cuanto lo hiciera, se concentraría por completo en preparar una defensa sólida, en anticiparse al posible ataque de Dorian. No podía permitirse más pérdidas. No esta vez. Pero a Lina no la había vuelto a ver. Ni una palabra. Ni una mirada. Junto con su ausencia, había dejado una orden clara: Lina no debía salir de la reserva.—Es por tu seguridad —le repitió Arthur, una tarde en la que ella, con los brazos cruzados, caminaba en círculos frente a la cabaña de Clara.—¿No puedo estar aquí encerrada? —soltó ella, frustrada—. Tengo una vida allá afuera, un trabajo que no he vuelto a tocar. Arthur, como siempre, mantenía una expresión tranquila, pero firme.—Lo hace porque te quiere viva. Porque la manada Shadowfang no va a descansar hasta provocar otra guerra. Esta vez, no solo
El tiempo en Valragh comenzaba a suavizar el dolor. Lina ya no se sentía una extraña en ese territorio marcado por árboles milenarios, susurros de hojas y miradas intensas. Cada día descubría algo nuevo: un gesto, una tradición, una historia tejida en el alma de esa manada que, poco a poco, comenzaba a hacerla sentir parte de algo más grande que ella.La manada era extensa. No todos vivían cerca, pero se reunían con frecuencia, compartiendo alimento, consejos y silencios llenos de significado. Lina se sorprendía de lo unidos que eran, de la manera en que se miraban entre sí como si compartieran un lenguaje invisible, una fidelidad que no pedía condiciones. Se protegían con ferocidad, pero también se cuidaban con ternura. Los más jóvenes eran instruidos con paciencia, y los mayores, los ancianos, eran tratados con una reverencia que a Lina le estremecía. El Consejo de Ancianos no solo era respetado: era sagrado. Sus palabras eran escuchadas como si llevaran el peso del bosque entero.U
Lina Winters apretó el volante del Jeep, el sonido de las ruedas sobre el camino de tierra resonaba a través del silencio denso del atardecer. La Reserva natural de Blackwood estaba en lo profundo de un valle. Las montañas cubiertas de pinos se alzaban como sombras gigantes contra un cielo que comenzaba a oscurecer, pintando todo con tonos de gris y azul. El aire fresco traía consigo el olor a tierra mojada y madera, una fragancia cruda que parecía invadir sus pulmones con cada respiro.Al llegar al borde de la reserva, se detuvo en un claro solitario y observó la vasta extensión de árboles que se extendían ante ella. El paisaje era tan hermoso como inquietante: vastas colinas cubiertas de un espeso manto de árboles, y en el horizonte, una cadena montañosa que parecía abrazar el cielo.—Este es el lugar donde Clara desapareció —susurró, como si al decirlo, las palabras pudieran explicarle algo que llevaba un año preguntándose. Su corazón latía con fuerza mientras miraba hacia el bosqu
El alfa sentía una feroz guerra dentro de él, una batalla entre lo que sabía que debía hacer y lo que su corazón le dictaba. El vínculo que se había formado con la humana, era un peligro que no había anticipado. Su mente estaba llena de tormentas oscuras, pensamientos que se mezclaban con la preocupación por la manada, por el futuro incierto que podría desatarse si esta situación continuaba."Esto no debía pasar," pensaba, mientras sus ojos recorrían a Lina con una mezcla de urgencia y desespero. Sabía que su presencia en ese lugar ponía en riesgo no solo su vida, sino la de todos los que él amaba, los de su manada. Pero el instinto lo había llevado hasta ella, y ahora su única prioridad era mantenerla a salvo, sin importar las consecuencias.Con voz grave, casi rota, le dijo:—Tienes que irte. Este lugar no es seguro. Es mejor que te vayas, antes de que todo empeore.Lina, desorientada y aterrada, aún no lograba procesar lo que había ocurrido. La confusión y el miedo la envolvían. Co
—Está hecho, Kael. La humana ya está fuera de la Reserva. —Nox se acercó a su líder con paso firme, sus ojos grises reflejaban determinación.Kira, otra miembro de la manada, dio un paso adelante. Su presencia, aunque menos imponente, irradiaba una autoridad serena.—La llevamos hasta el límite norte, cerca del viejo puente. Está a salvo, pero… no tardará en darse cuenta de que algo no está bien.Kael asintió con un gruñido bajo, mostrando su satisfacción. Su mente, sin embargo, seguía trabajando en los posibles escenarios que podían desatarse ahora que Lina estaba fuera de su alcance.***Nox y Kira habían llegado al lugar donde aún permanecía Lina, siguiendo las órdenes de Kael. Como líder de la Manada de Valragh, él mismo les había encomendado la misión: sacar a la humana antes de que el caos se desatara.Kira caminaba delante, con pasos ágiles y seguros. Su cabello rojizo, tan intenso como las hojas de otoño, parecía arder bajo los últimos rayos del sol. Su rostro, de facciones de
Lina condujo de regreso al pueblo de Luzbria, ubicado a ocho kilómetros de la Reserva de Blackwood. La carretera serpenteaba entre densos árboles que parecían cerrar el paso, envolviéndola en una penumbra inquietante. Su mente era un torbellino de pensamientos que iban y venían a una velocidad vertiginosa.Todavía podía sentir esa sensación extraña que aquel hombre le había provocado. Había algo en él, en su voz grave y en su mirada intensa, que la había dejado desorientada, como si hubiera sido tocada por una energía desconocida. Pero esa sensación se mezclaba ahora con el miedo que la había invadido momentos antes. Recordaba cómo su corazón había latido con fuerza, convencida de que sería devorada por aquellos animales salvajes. Incluso ahora, su respiración se volvía errática al recordar esos ojos brillando en la oscuridad, esas sombras que parecían moverse con una inteligencia aterradora.Sin embargo, hubo un pensamiento que le erizó la piel por completo. Clara. La posibilidad de
La alarma del móvil sonó a las 7 a.m., cortando el silencio de la habitación con su tono insistente. Lina despertó sobresaltada, entrecerrando los ojos mientras estiraba una mano hacia la mesita de noche para apagar el dispositivo. Se sentó en la cama unos segundos, tratando de despejar su mente, pero la verdad era que no había dormido bien. Llevó ambas manos a su rostro, intentando contener el torbellino de emociones que la invadía. Todo lo que había vivido en la reserva desfilaba por su mente como un torrente incontrolable. Cerró los ojos con fuerza, deseando que todo aquello fuera sólo una pesadilla, algo de lo que pudiera despertar. Pero no, sabía que había sucedido realmente. Cada imagen, cada sensación estaba grabada en su memoria con una nitidez dolorosa. Sus manos temblaban al bajar lentamente, mientras un suspiro cargado de resignación escapaba de sus labios.Después de salir del baño, se vistió con rapidez. Eligió un pantalón ajustado que resaltaba su figura, una camisa d
—Eres un inutil —gritaba el líder de la manada Shadowfang, Dorian Howlstone. Su voz resonaba en el aire mientras, con un movimiento rápido y preciso, desató un latigazo sobre uno de sus hombres. El sonido del látigo cortando el aire fue seguido por un fuerte crack cuando impactó contra la piel del hombre, que apenas pudo reaccionar antes de que otro latigazo lo alcanzara.Uno de los lobos de su manada había atacado a un humano, pero, a pesar de la brutalidad del ataque, lo había dejado gravemente herido, apenas aferrándose a la vida. El humano fue rescatado y llevado al hospital, pero para Dorian, el simple hecho de que hubiera sobrevivido era una violación de las estrictas normas de su manada. Según su código, no podían dejar a ningún humano vivo, quienes siempre eran presas para ellos.Dorian, líder de su propia facción de licántropos, era conocido por su naturaleza cruel y despiadada. No había compasión en su corazón, ni remordimientos por sus actos sangrientos. Para él, los humano