CAPÍTULO 40.

Clara se encontraba en la fría y oscura cueva, su cuerpo temblaba de debilidad. Su piel estaba marcada por el sufrimiento y sus ojos apagados reflejaban la desesperanza. Pero de repente, una sensación recorrió su ser. Fue un escalofrío, una certeza inexplicable que la atravesó hasta los huesos. Emma… su hija aún estaba viva.

Se llevó una mano al pecho, sintiendo su propio corazón latir con una renovada intensidad. Lágrimas silenciosas corrieron por sus mejillas. No todo estaba perdido. A pesar de todo lo que había soportado, el vínculo con su hija seguía fuerte. Era como si una fuerza invisible le susurrara que no debía rendirse.

El sonido de pasos firmes interrumpió su momento de esperanza. Dorian entró en la cueva con su porte imponente, la mirada oscura clavada en ella. Su presencia ensombreció el espacio, haciendo que la temperatura pareciera descender aún más.

—Mi querida Clara —murmuró con sorna—. Deberías arreglarte un poco para mí. Tu aspecto no es muy sexi para mi en estos mo
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