El lobo sostenía a la niña en sus garras. Las órdenes eran claras: deshacerse de ella. Emma lo miraba con ojos brillantes, demasiado serenos para una criatura tan pequeña.—Eres solo una mocosa —murmuró, endureciendo la mandíbula.La niña inclinó la cabeza, como si entendiera sus palabras. Luego, el aire a su alrededor se volvió denso. Una brisa helada surgió de la nada y las sombras parecieron alargarse. La bestia sintió cómo sus patas temblaban sin razón aparente.De repente, su pecho ardió.Un dolor invisible lo atravesó, obligándolo a soltar a la niña y retroceder con un gruñido. Miró su torso, buscando heridas, pero no había nada.Emma extendió una de sus manitas. La brisa se intensificó, y el lobo sintió su cuerpo paralizarse. Su respiración se volvió errática. No podía moverse.—¿Qué demonios…? —gimió, con el hocico crispado.La niña sonrió. Sonrió.Esa criatura no era normal. No era solo la hija de una humana y un lobo… Era algo más.Soltó un gruñido de frustración y, con esfu
La luna filtraba su luz a través de las copas de los árboles, bañando el bosque en un resplandor pálido y frío. Entre las raíces retorcidas de un gran roble, la pequeña Emma yacía inmóvil, su cuerpecito cubierto de tierra y hojas. Su respiración era débil, apenas un murmullo entre el silencio de la noche.Un crujido en la maleza alertó a los depredadores nocturnos. Ojos brillantes surgieron de la penumbra, reflejando el plateado de la luna. Eran lobos, pero no pertenecían ni a Valragh ni a Shadowfang. Sus pelajes eran de tonos grises y pardos, sus miradas feroces pero llenas de inteligencia.—¿Qué es eso? —gruñó uno de ellos, adelantándose con cautela.—Una cachorra humana —respondió otro, su voz profunda y sorprendida.El más grande del grupo, un lobo de pelaje cenizo y cicatrices en el hocico, avanzó y olfateó el aire con precaución.—Esperen… —su voz se tornó más seria—. Tiene el aroma de Valragh.Los lobos se miraron entre sí, sorprendidos.—¡Kael! —susurró el más joven—. Huele a
Clara se encontraba en la fría y oscura cueva, su cuerpo temblaba de debilidad. Su piel estaba marcada por el sufrimiento y sus ojos apagados reflejaban la desesperanza. Pero de repente, una sensación recorrió su ser. Fue un escalofrío, una certeza inexplicable que la atravesó hasta los huesos. Emma… su hija aún estaba viva.Se llevó una mano al pecho, sintiendo su propio corazón latir con una renovada intensidad. Lágrimas silenciosas corrieron por sus mejillas. No todo estaba perdido. A pesar de todo lo que había soportado, el vínculo con su hija seguía fuerte. Era como si una fuerza invisible le susurrara que no debía rendirse.El sonido de pasos firmes interrumpió su momento de esperanza. Dorian entró en la cueva con su porte imponente, la mirada oscura clavada en ella. Su presencia ensombreció el espacio, haciendo que la temperatura pareciera descender aún más.—Mi querida Clara —murmuró con sorna—. Deberías arreglarte un poco para mí. Tu aspecto no es muy sexi para mi en estos mo
Lina temblaba, su respiración era errática y su pecho subía y bajaba con fuerza. Sus ojos se clavaron en Kael con terror, confusión y rabia. Su mente se negaba a aceptar lo que había visto, lo que había sentido.—¿Qué eres tú? —susurró al principio, pero luego su voz se alzó, temblorosa—. ¡¿Qué clase de bestia eres, Kael?!Kael no respondió de inmediato. Su mandíbula estaba tensa y su mirada reflejaba un dolor contenido. No quería verla así, pero tampoco podía cambiar lo que era.—Lina…—¡No! —gritó ella, retrocediendo, sintiendo que sus piernas apenas la sostenían—. No… No puede ser verdad… Esto no es real…De pronto su mirada se quedó fija en la nada misma y recordó los momentos en que ambos estuvieron juntos; los besos, las caricias… todo aquello que habían vivido, las veces que hicieron el amor con pasión y frenesí. Sus ojos reflejaron una angustia acompañada de dudas, su cabeza daba vueltas.—Tú y yo… —no encontraba las palabras—. Tú y yo …hicimos el amor. Fui tuya…¿Cómo es esto
El hospital estaba en completo silencio. Solo el pitido intermitente de las máquinas y el leve zumbido de las luces mantenían el ambiente en un inquietante letargo. Lina dormía, pero su cuerpo se agitaba levemente entre las sábanas.Entonces, la oscuridad la atrapó.Se encontró en medio de un bosque sombrío, donde los árboles se alzaban como garras contra el cielo sin luna. Un viento helado la envolvió, susurrándole cosas que no entendía. Su respiración se volvió errática. Sentía que alguien la observaba.De pronto, una figura apareció frente a ella.Una mujer estaba de rodillas en el suelo, temblando. Su rostro estaba cubierto por una sombra densa, como si el mundo se negara a revelar su identidad. Pero Lina sintió algo profundo, un lazo desconocido, un grito silencioso que atravesó su pecho.Escuchó un susurro ahogado: —Vete…cuida de mi hija.El eco de esas palabras se extendió en el aire, helándole la sangre—¿Quién eres? —preguntó Lina acercándose.Un aullido rasgó la noche.Lina
Rykker corría entre la espesura del bosque, su respiración entrecortada por la urgencia. Tenía que llegar a Valragh. Clara estaba en peligro, y si alguien podía ayudar, era Kael.Pero entonces, el viento le trajo un olor familiar. No estaba solo.Se detuvo en seco, los oídos erguidos, y antes de que pudiera reaccionar, una sombra lo embistió con fuerza descomunal. En un parpadeo, Ragnar lo tenía sujeto por el cuello, alzándolo en el aire con una sola mano.—¡Bastardo de Shadowfang! —gruñó Ragnar, sus ojos brillando con furia—. ¿Vienes a espiarnos? ¿O acaso Dorian te mandó a emboscarnos?Rykker luchó por liberarse, arañando el antebrazo de Ragnar con desesperación.—¡No estoy aquí para pelear! —gargajeó.Pero Ragnar no escuchaba. Apretó su agarre, listo para terminar con él.De pronto, un escalofrío recorrió su brazo. Sus músculos se tensaron y, antes de que pudiera reaccionar, sintió que su mano lo traicionaba. Un latigazo de energía le recorrió la piel y sus dedos se abrieron involun
El aire fresco de la mañana la envolvió cuando salió del hospital, pero ni siquiera eso fue suficiente para calmar el torbellino que llevaba dentro. Arthur había insistido en llevarla al Roca Sombra, lejos de Kael y los suyos, al menos hasta que estuviera mejor. Lina no discutió. ¿Para qué? Su mente estaba hecha un caos.El trayecto fue silencioso, pero su cabeza era un grito constante.Kael.Su nombre latía en su pecho, en su piel, en cada rincón de su ser.Cuando finalmente llegó a su habitación, cerró la puerta y apoyó la frente contra la madera. Respiró hondo, tratando de apagar la tormenta que la consumía. Pero apenas cerró los ojos, lo vio.Kael sobre ella.Kael dentro de ella.Kael devorándola con esa hambre primitiva que la hacía arder.Su cuerpo se estremeció. La pasión que habían compartido la golpeó como un vendaval. Podía sentir la presión de su boca, la dureza de sus manos, la intensidad de su mirada clavándose en la suya mientras la poseía. Cada beso, cada caricia, cada
Llevaba horas allí, inmóvil, esperándolo. Al principio, la rabia y la determinación la habían mantenido firme, recordándole que tenía derecho a respuestas, que no podía seguir ignorando la verdad que tanto la atormentaba. Pero conforme el tiempo pasaba y el frío se colaba por su piel, una sensación distinta comenzó a instalarse en su pecho: la duda.Se abrazó a sí misma, frotando sus brazos en un intento inútil de conservar el calor. Su respiración se entrecortaba cada vez que el viento susurraba entre los árboles, arrastrando sombras que se alargaban como garras espectrales. En más de una ocasión se giró bruscamente, convencida de que algo la acechaba entre las sombras."No debí ser tan impulsiva", pensó, mordiéndose el labio inferior con frustración. Kael no era un hombre común. Lo que había visto, lo que había sentido en su presencia, la aterraba y la fascinaba en igual medida. Y ahora estaba sola, enfrentándose a ese miedo sin ninguna certeza de que él volvería por ella.El sonido