La noche en la reserva de Blackwood estaba cargada de tensión. El viento helado arrastraba el olor de la tierra húmeda y de algo más oscuro: sangre. Entre los árboles, las sombras se movían con una paciencia depredadora.Un grupo de hombres del pueblo avanzaba con linternas y rifles en mano. El líder, un tipo corpulento llamado Harris, escupía al suelo de vez en cuando, con la mándibula apretada por la rabia. Estaban hartos del miedo, hartos de las historias de bestias que por años acechaban desde el bosque.—¡Maten a todos! —ordenó en voz baja—. Si esas malditas cosas aparecen, disparamos a matar.Detrás de los arbustos, los lobos de Dorian observaban en silencio. Lucan se agazapó, con el cuerpo tenso y los colmillos al descubierto. Sus ojos brillaban con un destello asesino. Los otros lobos lo seguían de cerca, esperando su señal.El crujido de una rama bajo las botas de uno de los hombres hizo que los lobos se movieran. Silenciosos como sombras, se deslizaron por el terreno, rodean
—Detén esto —pidió Clara, dando un paso al frente, sus ojos fijos en Dorian—. Ya ha habido suficiente sangre, Dorian. Ordena a tus lobos que se retiren. No más muertes.Dorian soltó una carcajada amarga que resonó entre los árboles como un eco desgarrador.—¿Crees que puedes venir aquí y darme órdenes? —susurró, acercándose a ella con una lentitud calculada—. Después de todo lo que hiciste... ¿después de cómo me despreciaste?...Tú eres la culpable de todo.Clara sostuvo su mirada, negándose a retroceder.—No quiero más guerra —insistió—. Esto no tiene sentido, Dorian. Lo que pasó entre nosotros quedó atrás. Déjalo ir.—¿Dejarlo ir? —repitió con un susurro venenoso, pero entonces su expresión cambió. La arrogancia se desvaneció y en sus ojos apareció algo más profundo. Dolor. Anhelo—. ¿Por qué nunca me amaste, Clara? —La pregunta salió áspera, como si llevara tiempo atorándolo—. ¿Por qué elegiste a Ragnar cuando yo lo hubiera dado todo por ti? Yo… te amaba.El corazón de Clara se encog
Kael se encontraba en el borde de la reserva, observando las sombras del bosque con el ceño fruncido. Desde la lucha con Dorian, un malestar persistente no lo dejaba en paz, una sensación punzante que no lograba ignorar.—Clara debería haber regresado —murmuró, más para sí mismo que para Ragnar, quien se mantenía a su lado, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada.—Ella me prometió no desaparecer sin avisar —respondió Ragnar, con el tono grave y tenso—. Algo no está bien.Kael asintió, sintiendo que la preocupación le carcomía el pecho.—¿Crees que Nyssa…? —Ragnar escupió el nombre con desprecio—. Ella asumió el mando tras la desaparición de Dorian, tomó control de la manada en su ausencia. No me fío de ella, y tú tampoco deberías hacerlo.Kael apretó los puños, tratando de controlar el instinto salvaje que hervía bajo su piel.—Si le ha hecho algo, lo pagará —gruñó Kael, con una amenaza latente en cada palabra—. Pero no siento su rastro. Es como si…—Como si se hubiera desvan
Dorian se acercó al lobo que sostenía a la niña.—Llévatela —ordenó con frialdad, su voz era un filo cortante que no admitía réplica. El lobo asintió y desapareció en la penumbra, dejando a Clara con el corazón encogido por el miedo.—Por favor… no le hagas daño —susurró ella, su voz apenas es un temblor.Dorian se giró lentamente hacia ella, con una sonrisa torcida que no tenía nada de amable. La observó con una mezcla de triunfo y deseo oscuro.—Eres fuerte, ¿no? Una bruja… una hechicera poderosa. Pero mírate ahora —sus dedos atraparon su mentón con fuerza, obligándola a alzar la mirada—. Arrodíllate.Clara vaciló un segundo. El pensamiento de su hija, vulnerable y sola, la aplastó como un peso insoportable. Con el alma rota, obedeció, dejando que sus rodillas tocaran el suelo frío.Dorian se agachó a su altura, sus ojos brillando con una furia oscura.—Podría … destrozarte si me lo propongo. Pero quiero verte quebrarte por voluntad propia.Clara cerró los ojos con fuerza, intentan
El lobo sostenía a la niña en sus garras. Las órdenes eran claras: deshacerse de ella. Emma lo miraba con ojos brillantes, demasiado serenos para una criatura tan pequeña.—Eres solo una mocosa —murmuró, endureciendo la mandíbula.La niña inclinó la cabeza, como si entendiera sus palabras. Luego, el aire a su alrededor se volvió denso. Una brisa helada surgió de la nada y las sombras parecieron alargarse. La bestia sintió cómo sus patas temblaban sin razón aparente.De repente, su pecho ardió.Un dolor invisible lo atravesó, obligándolo a soltar a la niña y retroceder con un gruñido. Miró su torso, buscando heridas, pero no había nada.Emma extendió una de sus manitas. La brisa se intensificó, y el lobo sintió su cuerpo paralizarse. Su respiración se volvió errática. No podía moverse.—¿Qué demonios…? —gimió, con el hocico crispado.La niña sonrió. Sonrió.Esa criatura no era normal. No era solo la hija de una humana y un lobo… Era algo más.Soltó un gruñido de frustración y, con esfu
La luna filtraba su luz a través de las copas de los árboles, bañando el bosque en un resplandor pálido y frío. Entre las raíces retorcidas de un gran roble, la pequeña Emma yacía inmóvil, su cuerpecito cubierto de tierra y hojas. Su respiración era débil, apenas un murmullo entre el silencio de la noche.Un crujido en la maleza alertó a los depredadores nocturnos. Ojos brillantes surgieron de la penumbra, reflejando el plateado de la luna. Eran lobos, pero no pertenecían ni a Valragh ni a Shadowfang. Sus pelajes eran de tonos grises y pardos, sus miradas feroces pero llenas de inteligencia.—¿Qué es eso? —gruñó uno de ellos, adelantándose con cautela.—Una cachorra humana —respondió otro, su voz profunda y sorprendida.El más grande del grupo, un lobo de pelaje cenizo y cicatrices en el hocico, avanzó y olfateó el aire con precaución.—Esperen… —su voz se tornó más seria—. Tiene el aroma de Valragh.Los lobos se miraron entre sí, sorprendidos.—¡Kael! —susurró el más joven—. Huele a
Clara se encontraba en la fría y oscura cueva, su cuerpo temblaba de debilidad. Su piel estaba marcada por el sufrimiento y sus ojos apagados reflejaban la desesperanza. Pero de repente, una sensación recorrió su ser. Fue un escalofrío, una certeza inexplicable que la atravesó hasta los huesos. Emma… su hija aún estaba viva.Se llevó una mano al pecho, sintiendo su propio corazón latir con una renovada intensidad. Lágrimas silenciosas corrieron por sus mejillas. No todo estaba perdido. A pesar de todo lo que había soportado, el vínculo con su hija seguía fuerte. Era como si una fuerza invisible le susurrara que no debía rendirse.El sonido de pasos firmes interrumpió su momento de esperanza. Dorian entró en la cueva con su porte imponente, la mirada oscura clavada en ella. Su presencia ensombreció el espacio, haciendo que la temperatura pareciera descender aún más.—Mi querida Clara —murmuró con sorna—. Deberías arreglarte un poco para mí. Tu aspecto no es muy sexi para mi en estos mo
Lina temblaba, su respiración era errática y su pecho subía y bajaba con fuerza. Sus ojos se clavaron en Kael con terror, confusión y rabia. Su mente se negaba a aceptar lo que había visto, lo que había sentido.—¿Qué eres tú? —susurró al principio, pero luego su voz se alzó, temblorosa—. ¡¿Qué clase de bestia eres, Kael?!Kael no respondió de inmediato. Su mandíbula estaba tensa y su mirada reflejaba un dolor contenido. No quería verla así, pero tampoco podía cambiar lo que era.—Lina…—¡No! —gritó ella, retrocediendo, sintiendo que sus piernas apenas la sostenían—. No… No puede ser verdad… Esto no es real…De pronto su mirada se quedó fija en la nada misma y recordó los momentos en que ambos estuvieron juntos; los besos, las caricias… todo aquello que habían vivido, las veces que hicieron el amor con pasión y frenesí. Sus ojos reflejaron una angustia acompañada de dudas, su cabeza daba vueltas.—Tú y yo… —no encontraba las palabras—. Tú y yo …hicimos el amor. Fui tuya…¿Cómo es esto