CAPÍTULO 31.

Elior, frustrado por no encontrar a Lina en el hospital, decide rastrearla. Se movía con precisión, sorteando la espesura del bosque, con las manos crispadas de furia contenida. No debía haber tardado tanto. Si no hubiera jugado con los guardias, si no los hubiera matado...

—Maldita sea —murmuró, golpeando el tronco de un árbol cercano. —No puede estar lejos.

Cuando llegó a la casa del líder de Valragh, se detuvo en seco. Desde las sombras, sus ojos agudos captaron el movimiento. Tres lobos, imponentes y alertas, patrullaban el perímetro. Sus cuerpos musculosos parecían una amenaza silenciosa, listos para atacar a la menor provocación.

—Por supuesto que estaría protegida —susurró entre dientes, frustrado.

Uno de los lobos levantó la cabeza, olfateando el aire. Elior retrocedió un paso, ocultando su presencia. No podía arriesgarse a una confrontación directa. No ahora.

—Si piensas que esto ha terminado, Kael... te equivocas.

Con un último vistazo a la casa, se dio la vuelta y desapar
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