La habitación estaba en silencio, salvo por el suave susurro del viento que se colaba entre las rendijas de la ventana. Lina, con el rostro pálido y las manos temblorosas, se despertó lentamente. La confusión la envolvía como una niebla espesa, tratando de comprender lo que estaba pasando. No recordaba nada. Ni cómo había llegado aquí, ni qué le había sucedido. Solo sabía que estaba en un lugar extraño, con paredes cálidas y acogedoras, pero vacías de recuerdos.—¿Dónde estoy? —susurró, mirando a su alrededor. Sus ojos vagaron por la habitación hasta que se posaron en Selene, que la observaba con una sonrisa suave.Selene se acercó, sentándose en el borde de la cama. Su expresión era tranquila, pero algo en su mirada delataba la preocupación que sentía.—Tranquila, Lina. Estás a salvo. Estás en casa de Kael. —Selene acarició suavemente la mano de Lina—. Soy Selene. No me conoces aún, pero soy la madre de Kael.Lina parpadeó varias veces, como si intentara recordar. Algo, alguna chispa
Elior, frustrado por no encontrar a Lina en el hospital, decide rastrearla. Se movía con precisión, sorteando la espesura del bosque, con las manos crispadas de furia contenida. No debía haber tardado tanto. Si no hubiera jugado con los guardias, si no los hubiera matado...—Maldita sea —murmuró, golpeando el tronco de un árbol cercano. —No puede estar lejos.Cuando llegó a la casa del líder de Valragh, se detuvo en seco. Desde las sombras, sus ojos agudos captaron el movimiento. Tres lobos, imponentes y alertas, patrullaban el perímetro. Sus cuerpos musculosos parecían una amenaza silenciosa, listos para atacar a la menor provocación.—Por supuesto que estaría protegida —susurró entre dientes, frustrado.Uno de los lobos levantó la cabeza, olfateando el aire. Elior retrocedió un paso, ocultando su presencia. No podía arriesgarse a una confrontación directa. No ahora.—Si piensas que esto ha terminado, Kael... te equivocas.Con un último vistazo a la casa, se dio la vuelta y desapar
Habían transcurrido dos días desde el brutal ataque en el hospital de Luzbria.El sargento Smith se detuvo frente a los cadáveres, sus ojos recorrían cada detalle con precisión, como un hombre acostumbrado a encontrar respuestas en las huellas del crimen. La morgue, fría y silenciosa, apenas interrumpida por el tenue resplandor de las lámparas, era el escenario de una tragedia que se desmoronaba bajo su mirada. Los cuerpos de los guardias del hospital estaban destrozados, su mutilación más allá de lo que cualquier ser humano podría haber imaginado.La expresión de Smith era seria, ajena al escalofrío que podría haber recorrido a otros en su lugar. Había visto muerte, pero lo que yacía frente a él era diferente, algo salvaje, incontrolable. Había llegado a Luzbria con una misión clara: encontrar respuestas, y lo había hecho a petición directa. La noticia había llegado a oídos de sus superiores, y al instante supo que este caso era más que un simple asesinato."Es un caso especial", le
Clara se encontraba en el borde del bosque, el aire fresco acariciaba su rostro mientras las sombras de los árboles comenzaban a alargarse. Había algo en el ambiente, algo que no sabía cómo describir, pero que la inquietaba profundamente. Un "no sé qué" que la abrazaba, llenándola de una extraña sensación de urgencia. Era como si la naturaleza misma le estuviera enviando una advertencia. Los árboles susurraban, y el viento parecía contar secretos que Clara no podía comprender, pero su instinto la estaba llamando, empujándola a seguir un impulso, a adentrarse en la oscuridad del bosque.Con un respiro hondo, Clara cerró los ojos y se concentró. Su magia, su vínculo con la tierra, la guía a través de lo desconocido. Sentía una presencia, algo oscuro. Una energía maligna, una vibración que la atravesaba, y su conexión con la hechicería le decía que esa presencia no traía nada bueno. Abrió los ojos, el bosque ya no parecía tan imponente, pero su mente estaba llena de imágenes perturbadora
La noche en la reserva de Blackwood estaba cargada de tensión. El viento helado arrastraba el olor de la tierra húmeda y de algo más oscuro: sangre. Entre los árboles, las sombras se movían con una paciencia depredadora.Un grupo de hombres del pueblo avanzaba con linternas y rifles en mano. El líder, un tipo corpulento llamado Harris, escupía al suelo de vez en cuando, con la mándibula apretada por la rabia. Estaban hartos del miedo, hartos de las historias de bestias que por años acechaban desde el bosque.—¡Maten a todos! —ordenó en voz baja—. Si esas malditas cosas aparecen, disparamos a matar.Detrás de los arbustos, los lobos de Dorian observaban en silencio. Lucan se agazapó, con el cuerpo tenso y los colmillos al descubierto. Sus ojos brillaban con un destello asesino. Los otros lobos lo seguían de cerca, esperando su señal.El crujido de una rama bajo las botas de uno de los hombres hizo que los lobos se movieran. Silenciosos como sombras, se deslizaron por el terreno, rodean
—Detén esto —pidió Clara, dando un paso al frente, sus ojos fijos en Dorian—. Ya ha habido suficiente sangre, Dorian. Ordena a tus lobos que se retiren. No más muertes.Dorian soltó una carcajada amarga que resonó entre los árboles como un eco desgarrador.—¿Crees que puedes venir aquí y darme órdenes? —susurró, acercándose a ella con una lentitud calculada—. Después de todo lo que hiciste... ¿después de cómo me despreciaste?...Tú eres la culpable de todo.Clara sostuvo su mirada, negándose a retroceder.—No quiero más guerra —insistió—. Esto no tiene sentido, Dorian. Lo que pasó entre nosotros quedó atrás. Déjalo ir.—¿Dejarlo ir? —repitió con un susurro venenoso, pero entonces su expresión cambió. La arrogancia se desvaneció y en sus ojos apareció algo más profundo. Dolor. Anhelo—. ¿Por qué nunca me amaste, Clara? —La pregunta salió áspera, como si llevara tiempo atorándolo—. ¿Por qué elegiste a Ragnar cuando yo lo hubiera dado todo por ti? Yo… te amaba.El corazón de Clara se encog
Kael se encontraba en el borde de la reserva, observando las sombras del bosque con el ceño fruncido. Desde la lucha con Dorian, un malestar persistente no lo dejaba en paz, una sensación punzante que no lograba ignorar.—Clara debería haber regresado —murmuró, más para sí mismo que para Ragnar, quien se mantenía a su lado, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada.—Ella me prometió no desaparecer sin avisar —respondió Ragnar, con el tono grave y tenso—. Algo no está bien.Kael asintió, sintiendo que la preocupación le carcomía el pecho.—¿Crees que Nyssa…? —Ragnar escupió el nombre con desprecio—. Ella asumió el mando tras la desaparición de Dorian, tomó control de la manada en su ausencia. No me fío de ella, y tú tampoco deberías hacerlo.Kael apretó los puños, tratando de controlar el instinto salvaje que hervía bajo su piel.—Si le ha hecho algo, lo pagará —gruñó Kael, con una amenaza latente en cada palabra—. Pero no siento su rastro. Es como si…—Como si se hubiera desvan
Dorian se acercó al lobo que sostenía a la niña.—Llévatela —ordenó con frialdad, su voz era un filo cortante que no admitía réplica. El lobo asintió y desapareció en la penumbra, dejando a Clara con el corazón encogido por el miedo.—Por favor… no le hagas daño —susurró ella, su voz apenas es un temblor.Dorian se giró lentamente hacia ella, con una sonrisa torcida que no tenía nada de amable. La observó con una mezcla de triunfo y deseo oscuro.—Eres fuerte, ¿no? Una bruja… una hechicera poderosa. Pero mírate ahora —sus dedos atraparon su mentón con fuerza, obligándola a alzar la mirada—. Arrodíllate.Clara vaciló un segundo. El pensamiento de su hija, vulnerable y sola, la aplastó como un peso insoportable. Con el alma rota, obedeció, dejando que sus rodillas tocaran el suelo frío.Dorian se agachó a su altura, sus ojos brillando con una furia oscura.—Podría … destrozarte si me lo propongo. Pero quiero verte quebrarte por voluntad propia.Clara cerró los ojos con fuerza, intentan