Mientras tanto, en otro lugar, Kian—aunque Álvaro le había dicho que no se metiera—no podía quedarse de brazos cruzados tras enterarse de que Gabriela había ido por su cuenta al Hospital Serrano Verde, un lugar tan impredecible donde además Noelia había desaparecido recientemente. Apenas terminó de hablar con Álvaro, Kian salió disparado hacia allá. Pero, justo al estacionarse, recibió la llamada de Gabriela:—¿Señorita? —contestó, con voz atenta y respetuosa.—Necesito entrar a la habitación de Mattheo.—¿Cómo? ¿Por qué…? Mire que estamos en plenas fiestas, no es nada aconsejable acercarse a ese sujeto tan nefasto. Mejor espere a que el señor regrese y…—Si no eres capaz de decidir, pregúntale a Álvaro. Y si no, yo misma entraré por la fuerza con mis hombres —lo atajó ella con un tono helado.A Kian se le heló la sangre.—De acuerdo —acertó a decir con voz temblorosa, y antes de que pudiera añadir algo, Gabriela colgó.***El auto se detuvo lentamente frente a la antigua casona de la
El ceño de Álvaro se endureció. Con razón no habían podido ubicar a Noelia. Resulta que se ocultó en la boca misma del lobo.Dentro de la sala, Oliver había colocado algunos documentos sobre la mesita de madera tallada. Luego miró a Noelia y a Iker:—A pesar de la rivalidad actual, las familias García y Rojo han sido aliadas por generaciones. Por la memoria de Octavio, no me gustaría dejarlos a su suerte. Aquí tienen algunas opciones de destino: lugares apartados donde podrían comenzar de cero. Elijan adónde quieren ir. En cuanto decidan, me encargaré de que salgan cuanto antes.—¡No pienso irme! —gimoteó Noelia, frotándose los ojos enrojecidos—. Alvi está siendo engañado por Gabriela; solo de imaginarlo me retuerzo de rabia. Y me duele pensar en lo que él sufre. Ya sé que no me quiere, que quedarme es peligroso, pero no me importa. Quiero estar con él.Carmen, con el gesto tenso y visiblemente más envejecida de lo habitual, negó con la cabeza:—¿Por qué sigues tan encaprichada? Lo que
—¿Qué dices? —Oliver se puso de pie con el ceño fruncido—. ¿Te has vuelto loco?Sin responder de inmediato, Álvaro sacó un fajo de documentos de su bolsillo y, con un gesto, los lanzó al aire como si esparciera pétalos. Uno de ellos aterrizó en las manos de Carmen. Al mirarlo, un estruendo pareció sacudir su mente y la sangre se le heló. Era una foto de Emiliano, jovencito y erguido en una cancha vacía, sonriendo con un aire de resignación a la cámara.—Alvi… —murmuró Oliver, empalideciendo, poniéndose en pie también.Álvaro contempló sus reacciones y comprendió que sus sospechas se confirmaban. Hacía tiempo que se preguntaba por qué, tras haber sido expulsados de Midred, esos dos seguían tan tranquilos, con la aparente excusa de «viajar a la playa». ¿Por qué los archivos de Emiliano habrían desaparecido de forma tan oportuna?Gabriela jamás lo habría permitido, pues atesoraba hasta el último recuerdo de él.La única explicación plausible le señalaba a sus abuelos maternos.Al pensar e
Al marcharse de la isla, se llevó la foto consigo.Cuando él regresó a Midred, el matrimonio de Gabriela y Álvaro ya estaba acordado. En ese entonces, Iker y su esposa, Ivana, habían concertado el compromiso de Noelia y, además, les pareció conveniente que Gabriela asumiera la responsabilidad de aquel «caos» llamado Álvaro. Sumado a esto, Oliver y la familia Rojo ofrecieron ciertas condiciones para que él y su esposa no causaran problemas.Iker, ante la promesa de un beneficio significativo, decidió guardar la foto en una caja de seguridad de uso personal, de la cual solo él conocía la clave. Más tarde, cuando Álvaro empezó a consolidar su poder, esa imagen se convirtió en un arma perfecta para presionar a Gabriela. Siendo sincero, cuando Noelia regresó, llegó a pensar en revelar la foto para que Álvaro se divorciara de Gabriela de inmediato. Pero al final, algo lo hizo dudar. Aunque Iker sentía envidia por Luis, era cierto que su hermano mayor siempre lo había tratado bien. Y, después
«No soportaría seguir viviendo…»Esas palabras resonaron en Álvaro como una ventisca helada que desgarraba su corazón ya hecho trizas.—¿Recuperar todo lo que le di? —repitió, mirando a la anciana que lloraba sin cesar—. Tal vez pueda recuperar mi dinero, pero… ¿cómo recupero mi corazón?Carmen se estremeció, sintiendo que el mundo se le desmoronaba.—La amo. La amo tanto que estoy perdiendo la razón —dijo Álvaro con la mirada fija—. Nada habría llegado a este extremo si me lo hubieran contado antes. Habría frenado mis sentimientos a tiempo, los habría cortado de raíz.—Alvi…—Pero ya todo se salió de control. ¿Qué puedo hacer ahora? —agachó la mirada, con una sonrisa llena de amargura—. Solo destruirlo todo. Dime tú, abuela, ¿qué otra opción me queda?—¡No hables así! —exclamó Carmen—. Escúchame aunque sea esta vez… ¡Te lo suplico!—Abuela, parece que no entiendes. Cuando digo «destruirlo todo», ustedes también quedan incluidos. Está claro que quieren más a Gabriela que a mí —respondi
—Por lo que nos contaron —explicó Oliver con voz queda—, naciste primero y sin complicaciones, llorando con fuerza. En cambio, tu hermano tardó mucho en salir. Quizá ya venía débil o pasó demasiado tiempo atorado. Nació con la respiración muy frágil, y Eliseo —que creía en tonterías de astrólogos— pensó que ese niño le traería mala suerte. Además, el primogénito se consideraba un motivo de celebración para la familia Saavedra; reconocer abiertamente que otro bebé había muerto se vería muy mal. Por eso ocultaron su existencia. Aparte de tus padres, casi nadie supo jamás que él nació.Carmen no dejaba de llorar, con el pecho oprimido por la pena.Carmen sentía que el corazón se le partía en mil pedazos al imaginar que tenía otro nieto, y que ese pobre muchacho hubiera tenido que soportar una vida tan dura, creciendo como huérfano en un orfanato de un lugar miserable. Le dolía recordar cómo, tiempo atrás, se empeñó en pelear con su hija. Si la hubiera apoyado mientras esperaba a los gemel
Mientras tanto, en el Hospital Serrano Verde, Kian caminaba adelante, seguido por Gabriela y Soren. Él no podía evitar sentirse inquieto al ver el rostro de Gabriela, claramente marcado por un llanto reciente. Incluso la expresión de Soren se notaba inusualmente seria.Al entrar al ascensor que los llevaría al piso donde se encontraba Mattheo, Kian comentó con una sonrisa tensa:—¿Cómo así que de pronto quiere verlo? Su salud se ha deteriorado mucho este último año. Apenas sobrevive gracias al dinero que nuestro joven señor invierte en mantenerlo con vida. Dicen que su aspecto no es agradable de ver. Si no es estrictamente necesario, tal vez…Gabriela seguía sin decir nada, ignorando por completo las palabras de Kian.Soren, al notar el silencio de la joven, se dirigió a él en tono firme:—Si la señorita desea verlo, es porque realmente lo necesita.Kian se encogió de hombros con una mueca incómoda.—Claro, claro… No es por incomodar. Solo temí que… que la impresión fuera demasiado fue
Con la ira resplandeciendo en sus ojos, Mattheo contrajo los músculos, y Gabriela captó en su mirada un odio casi feroz.—¿Sorprendido de verme? —lo interpeló—. ¿No deberías? Digo, planeaste que tu hija, esa asesina, se acercara a mí. Era obvio que, tras descubrir la verdad, yo pensaría primero en liquidar a Álvaro… y después a ti, que fuiste su cómplice.Mattheo dedujo de inmediato que ella había visto el video. Un rictus retorcido asomó en la comisura de sus labios. Así que—quiso preguntarle—¿te hace sentir bien? Con el aliento débil y la garganta bloqueada por el tubo, dejó que sus labios formaran la pregunta muda: «¿Estás feliz?»—¿Pretendes provocarme y que yo pierda la cabeza, para que pueda acabar contigo? —Gabriela soltó una risa seca—. Tus intenciones están clarísimas.Observando que su pequeña estratagema quedaba al descubierto, Mattheo bajó la sonrisa.—No te apresures a mostrarte tan decepcionado —continuó ella—. Lo normal sería dejarte así, pudriéndote en vida por años, ca