Fuego y sangre

Stephan

El bate crujió en mi mano cuando lo levanté, aun sujetando a mi torturador con mi brazo. Podía sentir el sabor de la sangre todavía impregnado mi boca y los murmullos en el piso superior. Por el galopar, estaba casi seguro de que había, al menos, media docena de tiradores esperando la señal para volarme la cabeza. Mientras que alrededor, el abanico de hombres de Sergei mantenía sus posiciones, bloqueando cualquier intento de escape.

Estaba jodido.

Nada les impedía, hacerme pedazos, excepto quizás que todavía necesitaban encontrar a Oriana y su cámara.

Entonces la puerta chirrió y el aire de la bodega se volvió más denso. Cuando una figura fue arrastrada al interior por uno de los hermanos de la bratva. Lo primero que llegué a divisar fue un cuerpo delgado forcejeando contra la mano gruesa que lo sujetaba por el cuello.

Entorné los ojos y cuando las frías luces del exterior, iluminaron el rostro de la persona que era arrastrada, mi sangre se congeló en mis venas.

Parpadee varia
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