Asentimos en silencio, uniendo nuestras miradas en un pacto tácito. Sabíamos que nos enfrentábamos a una situación difícil, pero también sabíamos que no estábamos solos. Juntos, intentaríamos navegar por este nuevo y complicado capítulo de nuestras vidas, aferrándonos a la esperanza de que, al final, podríamos salir adelante sin perdernos a nosotros mismos en el camino. La determinación brillaba en nuestros ojos, un pequeño fuego que ardía en medio de la oscuridad. A la mañana siguiente, bajamos a desayunar al restaurante del hotel. El ambiente era tranquilo, con el suave murmullo de las conversaciones y el tintineo de las tazas. Apenas nos habíamos sentado cuando un miembro del staff se acercó con Ariana, que sonreía al vernos. Yo apenas la vi, desviando mi mirada a mi café, intentando mantenerme al margen de su presencia. Los demás hicieron lo mismo después de saludarla amablemente frente al miembro del staff.
—Buenos días, chicos —dijo Ariana, con una voz alegre que contrastaba con la frialdad que irradiaba el ambiente.
—Buenos días —respondieron los demás al unísono, con una cortesía forzada.
—Me enteré de que se van pronto —continuó Ariana, con una sonrisa que se desvaneció un poco al notar nuestras expresiones—. Y quería… quería darles un pequeño regalo como muestra de gratitud por… por todo.
—Es muy amable de tu parte, Ariana —dijo Jae-hyun, con una sonrisa educada pero distante.
—No es necesario —añadió Ji-woo, con un tono cortante.
—Sí, gracias —dijo Min-ho, sin mirarla directamente.
Incluso Seo-joon, generalmente el más tímido, se limitó a un breve asentimiento de cabeza. Yo seguí concentrado en mi café, fingiendo que nada de esto me importaba.
—¿Interrumpo algo? Tal vez pueda venir más tarde —preguntó Ariana, con la voz temblorosa y los ojos a punto de aguarse. Su sonrisa había desaparecido por completo, reemplazada por una expresión de dolor y frustración. Sus manos jugueteaban nerviosamente con el borde de su bolso. Miró a cada uno de nosotros buscando una respuesta, pero solo encontró miradas evasivas y gestos de desinterés. Era como si fuéramos estatuas, presentes físicamente, pero ausentes emocionalmente. — ¿Están… enojados conmigo? —preguntó con un hilo de voz, la pregunta flotando en el aire denso y cargado de tensión—. Yo solo… solo quiero pasar tiempo con ustedes.
El silencio se hizo aún más incómodo. Nadie se atrevía a responder. Yo sentía una mezcla de lástima y fastidio. Sabía que ella estaba intentando encajar, pero su presencia era un recordatorio constante del contrato y de la farsa que me obligaban a representar.
Finalmente, Tae-yang, con su habitual franqueza, rompió el silencio con una crueldad sutil que heló el ambiente:
—No somos una organización de caridad para recibir tus limosnas, Ariana.
Las palabras de Tae-yang resonaron en el ambiente como un trueno silencioso. La expresión de Ariana se transformó en una mezcla de sorpresa e indignación, como si hubiera recibido una bofetada. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero se contuvo para no llorar frente a nosotros. Podía sentir la tensión en mis hombros, mi cuerpo rígido como una piedra. Apreté la mandíbula, intentando controlar la rabia que me consumía por dentro.
—Yo… yo solo… —balbuceó Ariana, con la voz entrecortada por la emoción. Intentó recomponerse, pero su labio inferior temblaba ligeramente, y una fina línea de lágrimas comenzaba a acumularse en sus ojos. Se mordió el labio, intentando controlar el llanto que amenazaba con salir.
Levanté la vista de mi café, mirándola directamente a los ojos. Mi voz era fría y dura, desprovista de cualquier rastro de la amabilidad que le había mostrado en el pasado. —No hay cámaras cerca, Ariana. No necesitamos pasar tiempo juntos. Ni nosotros, ni mucho menos yo —Mi mirada recorrió a los demás, que mantenían un silencio sepulcral, como si estuvieran conteniendo la respiración, petrificados ante la dureza de mis palabras. Incluso Jae-hyun, que siempre intentaba mediar, permanecía en silencio, con la mirada fija en su plato.
Ha-neul, con una expresión de fingida lástima y una dureza que me sorprendió viniendo de él, añadió: —Lo siento, preciosa. Pero las cosas son así.
Ariana respiró hondo, intentando mantener la compostura. Sus ojos, ahora brillantes por las lágrimas que luchaban por salir, nos recorrieron a cada uno, buscando una pizca de comprensión o al menos de arrepentimiento. Finalmente, con la voz apenas audible, susurró: —¿De verdad… de verdad no les importo en absoluto? ¿Ni siquiera un poco?
Ariana nos miró a todos con una expresión de profundo dolor y humillación antes de darse la vuelta y alejarse rápidamente de nuestra mesa, casi corriendo. Sus pasos resonaban con fuerza en el suelo del restaurante, atrayendo algunas miradas curiosas. No volteó hacia atrás ni una sola vez, como si temiera que, si lo hacía, las lágrimas que contenía a duras penas finalmente se derramarían. La vi desaparecer por la entrada, dejando tras de sí un vacío helado. El silencio volvió a reinar en nuestra mesa, pero esta vez era un silencio diferente, un silencio pesado y opresivo que se asentaba sobre nosotros como una losa. Ya no era la incomodidad inicial, sino un silencio cargado de tensión, resentimiento y una palpable sensación de que algo se había roto irremediablemente. La atmósfera se había vuelto irrespirable. Podía sentir las miradas de los demás posadas sobre mí, pero no me atrevía a levantar la vista. El eco de mis propias palabras resonaba en mi cabeza, frías y crueles, y un atisbo de culpa comenzaba a abrirse paso entre la coraza de frialdad que me había construido. El desayuno, que apenas habíamos tocado, se había convertido en un recordatorio amargo de la crueldad que habíamos mostrado. El aroma del café, que antes me resultaba reconfortante, ahora me producía nauseas. La imagen de Ariana alejándose, con los hombros caídos y la cabeza gacha, se repetía una y otra vez en mi mente. Sabía que habíamos cruzado una línea, una línea que tal vez nunca podríamos cruzar de vuelta.
(ARIANA JÁUREGUI)3 AÑOS DESPUÉS, 2 DE ABRIL DEL 2024Tener amigos en este mundo es muy fácil, porque todos son los que quieren ser, pero muy pocos son los que son verdaderamente sinceros, honestos, con quienes verdaderamente son. No me voy a poner como ejemplo porque no soy del todo congruente con mis actos. Pero Kaia es mi mejor amiga en este mundo; incluso hemos decidido hacer las mismas pasarelas para pasar tiempo juntas, salir a desayunar o comer. Ella no tiene tanta «ayuda» como la tengo yo; ella no tiene un chófer, ni un ama de llaves. Sí tiene una señora que se encarga de limpiar su departamento un día a la semana y una asistente, pero tiene más descansos que la mía. ¿Es malo que mi asistente solo tenga dos días libres? No son exactamente todos los fines de semana porque ella me acompaña a las pasarelas o sesiones fotográficas. Se supone que Keyla nos asiste a los tres, lleva nuestras agendas, pero a quien más consciente es a mí; siempre está conmigo y me encanta porque me trat
—Sabes que eres mi otra mitad, y mi espíritu gemelo...La noche continuó, la música subió de volumen, la gente bailaba y reía. Kaia regresó un rato después, radiante, contándome sobre el chico que había conocido. Aunque me sentía un poco desplazada, me alegré por ella. Alguien mencionó un after-party en un club cercano, y la idea comenzó a circular entre algunos de los invitados. La sola mención hizo que un escalofrío me recorriera la espalda. Después de todo lo que había pasado con Ethan, la idea de salir de fiesta me generaba sentimientos encontrados. Sin embargo, la noche aún era joven, y la promesa de olvidar, aunque fuera por unas horas, los problemas recientes, era tentadora.A estas alturas estaba chillando la canción de Paula de Zoé. Imposible evitarlo; es tan perfecta, lo abarca todo, que solo me permitía seguir dando vueltas en la habitación, brincando incluso sobre el sofá.—Increíble.Me volteé hacia la puerta para ver si me estaba imaginando los aplausos, o si me habían pi
El aroma que emana de él, de repente, me recuerda intensamente a Ethan, su colonia, ese olor amaderado que tanto conozco. La confusión me golpea con fuerza. ¿Por qué estoy viendo a Ethan? ¿Por qué huelo a Ethan? ¿Por qué tengo esta necesidad repentina de besarlo, de tenerlo cerca? Confundida por la imagen fugaz, me acerco más, buscando refugio en ese hombro que ahora, en mi mente distorsionada, pertenece a Ethan. Necesito sentir esa cercanía, aunque sea una fantasía. Él asintió como si me estuviera dando permiso para apoyarme en él, y con una pequeña sonrisa lo hice: apoyé mi frente en su hombro. Su aroma a Ethan era delicioso; sus caricias se sentían tan suaves, tan bonitas, que sentía que estaba flotando. Exhaló un suspiro corto, frotando mi frente en él, dejando un beso en la zona donde mi cabeza estaba apoyada. En ese momento, la cercanía, el alcohol y el recuerdo de Ethan me nublan el juicio por completo. Me incorporo lentamente, mis ojos buscando los suyos, que ahora, en mi mente
—Carajo, me gustas desde el primer momento en que te vi... —confieso, fue como un impulso de verdad, como si no pudiese ocultarle absolutamente nada—. Te deseo tanto que quiero sentirte, te quiero dentro de mí.Él solo me observó, sus gestos de hecho no cambiaron ni un poco, se mantuvieron fijos en los míos. Su mano, a estas alturas, había bajado de mi mejilla a mi brazo. Mantener el contacto físico tenía todo mi cuerpo temblando, tanto, tanto que mi respiración se aceleró y mis labios se resecaron tan solo un poco, aunque aún se sentían suaves. Pasé la lengua por mis labios, algo que pareció retener su aliento.—Quiero besarte, hacerte gritar, gemir, ¿puedo hacerlo?¿Qué? Demonios, claro que sí. ¡Hazlo ahora, por favor!Exhalo tan solo un suspiro pequeño con los ojos puestos en él. A estas alturas ya deseaba subirme encima de él, abrazarlo, besarlo y hacerle cosas que hace un rato sentía asquerosas, pero es que con él nada se siente asqueroso de ningún tipo. ¿Es lógico? Ni un poco, pe
No tardó demasiado en que su mano terminara en mi diestra y, sin que pudiera decir nada, él se deslizó entre mis piernas para meterse debajo de mi falda, jadeando ante la sorpresa que se encontró. En ese instante, la imagen de Ethan se intensificó aún más. Ya no era una simple superposición, era una presencia completa. Sentía sus manos en mi piel, sus besos en mi boca, su cuerpo contra el mío. Era como si él estuviera ahí, realmente ahí, haciéndome el amor. La culpa y la confusión se mezclaron con una excitación incontrolable. Sabía que estaba mal, que estaba besando a Thomas mientras pensaba en Ethan, pero la sensación era demasiado intensa para resistirme.Justo cuando Thomas comenzaba a moverse para entrar dentro de mí, la puerta se abrió de golpe. Kaia y Sarah irrumpieron en la habitación, con una mezcla de shock y horror en sus rostros. Kaia se tapó la boca con las manos, mientras que Sarah se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos y la mandíbula caída. La escena que tenían d
Yu-jin se levantó también, con una expresión de advertencia en el rostro. —Ethan, piénsalo bien. Estás poniendo en riesgo todo lo que hemos construido.Lo miré fijamente a los ojos, con una determinación que no sentía desde hacía mucho tiempo. —Prefiero perderlo todo a seguir viviendo esta mentira.Salí de la oficina dando un portazo, dejando a Yu-jin con la palabra en la boca. La adrenalina me recorría el cuerpo, una mezcla de rabia y alivio. Alivio por haber finalmente expresado lo que sentía, rabia por haber tenido que llegar a este punto. Sabía que esta conversación tendría consecuencias, repercusiones que probablemente afectarían a Chromatic y a mi propia carrera, pero ya no me importaba. Había llegado a un punto de quiebre. Necesitaba recuperar mi vida, mi banda, a mí mismo. Y en mi mente, la única forma de lograrlo era ponerle fin a la farsa con Ariana, de una vez por todas.La decisión me carcomía por dentro desde hacía meses, como un ácido lento y corrosivo. Cada vez que veía
Ha-neul, que hasta ahora había permanecido en silencio, finalmente habló: —Ethan… ¿estás seguro de esto? ¿De verdad crees que es la mejor solución?—No lo sé, Ha-neul —admití, con sinceridad. —Pero no podía seguir así. Tenía que hacer algo.—Estás siendo egoísta, Ethan —dijo Yu-jin, con la voz cargada de reproche, clavando sus ojos en mí como si quisiera perforarme con la mirada—. Estás poniendo en riesgo todo lo que hemos construido. Años de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio… ¡todo por tu capricho!—No —respondí, mirándolo directamente a los ojos, sin ceder ante su intensidad. Mi voz era firme, aunque por dentro me debatía entre la convicción y la duda—. Estoy intentando salvarla. A Chromatic. A nosotros.Un silencio tenso se extendió entre nosotros, roto solo por el murmullo lejano de la multitud impaciente. Yu-jin respiraba con dificultad, con las mejillas enrojecidas por la ira contenida. Sus puños estaban apretados a los costados del cuerpo.—¿Salvarla? —espetó finalmente, con u
Entre la multitud de carteles con nuestros nombres, con mensajes de apoyo y dibujos coloridos, destacaban algunos que me helaron la sangre. Carteles con mi nombre y el de Ariana, unidos por un corazón. Fotos nuestras de las alfombras rojas, recortadas y pegadas juntas. Incluso algunos con frases como "Ethan y Ariana para siempre" o "#Ethaniana". La "ship" que habían creado los fans, esa fantasía que alimentaban con cada una de nuestras apariciones públicas, estaba ahí, frente a mí, recordándome la farsa que vivía.Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Apreté la mandíbula y cerré los ojos por un instante, intentando controlar la rabia que comenzaba a crecer en mi interior. «No puedo dejar que esto me afecte. No puedo dejar que esta mentira arruine el concierto. Los chicos dependen de mí, los fans dependen de nosotros.»Abrí los ojos y me obligué a sonreír. Intenté conectar con el público, interactuar con ellos entre canción y canción, como siempre lo hacía. Pero la imagen de esos car