—¡Yo no empecé nada! —exclamé, empujando a Jae-hyun a un lado con brusquedad. Agarré a Ha-neul del cuello de la camisa, con unas fervientes ganas de estamparle la mano en la cara. La rabia me nublaba el juicio—. ¡Cállate de una m*****a vez! ¡Y no la vuelvan a pronunciar en mi presencia! —Miré a todos los presentes, que me observaban con gestos de sorpresa e interrogación. Solté a Ha-neul, alejándome de él a grandes zancadas para encerrarme de un portazo en el baño.
Desde dentro del baño, escuché la voz de Jae-hyun, con un tono severo que rara vez utilizaba: —Tienes que aprender cuándo callar, Jung Ha-neul.
Escuché a Ha-neul maldecir entre dientes y gritos ahogados, hasta que la voz de Jae-hyun resonó con fuerza, imponiendo silencio en la habitación:
—¡Ya basta! —gritó Jae-hyun, haciendo que el silencio reinara de nuevo en la suite—. Todos, busquen dónde van a dormir y démosle espacio a Ji-hoon.
Agradecí el gesto de Jae-hyun, aunque una parte de mí seguía sintiéndose perdido. Los próximos días pasaron muy rápido con todos ellos presentes. La dinámica del grupo, aunque tensa a ratos, me reconfortaba en cierta medida. Sin embargo, Ariana parecía una mosca a nuestro alrededor, revoloteando constantemente, sobre todo alrededor de Ha-neul, que se regodeaba con cada uno de sus halagos, inflando su ego como un globo. Sus miradas hacia mí después de cada elogio me exasperaban. «¿En serio necesita tanta validación?»
Los ensayos fueron intensos, pero productivos. Yu-jin, sorprendentemente, logró que Robyn nos diera un lugar a todos en el desfile. Destacamos como grupo y también individualmente. Al menos pude ver una sonrisa genuina en los labios de Ha-neul cuando finalizó el desfile, justo antes de que subiéramos al escenario para tocar la canción que saldría a la luz la próxima semana.
—Ha-neul, cantaste muy bien —dijo Ariana, con una voz melosa que me revolvió el estómago. Otra vez los elogios de Ariana hacia un Ha-neul que se pavoneaba bajo el foco de su atención—. Quiero que sepas que te apoyo mucho.
—Gracias, Ariana —respondió Ha-neul con una sonrisa que rozaba la arrogancia. Me lanzó una mirada fugaz, como buscando mi reacción.
—¡Oye! Basta, solo estás engañando a Jung Ha-neul —dijo Tae-yang, con una sonrisa pícara. Me reí ante sus palabras, acelerando el paso para alejarme de Ariana lo más posible.
—¡¿Qué?! ¡No estoy engañando a nadie! —exclamó Ariana, con el ceño fruncido y cruzándose de brazos. Se detuvo en seco, mirándonos con indignación—. ¡Solo estoy siendo amable!
—Sí, amable con todos menos con Ji-hoon —murmuró Min-ho por lo bajo, provocando una risita ahogada en Ji-woo.
—¿Dijiste algo, Min-ho? —preguntó Ariana, con el tono de voz elevado.
—Nada, nada —respondió Min-ho rápidamente, agitando las manos en señal de negación.
Continué caminando, ignorando la escena. Al doblar una esquina, vi a Jae-hyun hablando con Yu-jin en un rincón apartado. Sus rostros estaban serios, y hablaban en voz baja, casi en susurros. Parecía una conversación importante, incluso secreta.
—¿Qué estarán tramando esos dos? —murmuró Seo-joon, uniéndose a mí. Miró en dirección a Jae-hyun y Yu-jin con curiosidad.
—No lo sé —respondí, encogiéndome de hombros. Pero por dentro, sentía una punzada de preocupación. ¿Estarían hablando sobre el contrato? ¿O sobre algo más?
—Sea lo que sea, parece serio —comentó Ji-woo, uniéndose a nosotros junto con Tae-yang y Min-ho. Todos mirábamos en dirección a Jae-hyun y Yu-jin, con una mezcla de curiosidad e inquietud.
—Deberíamos irnos —dije finalmente, rompiendo el silencio. No quería entrometerme en su conversación, pero la atmósfera tensa me ponía nervioso.
—Sí, creo que tienes razón —asintió Min-ho. Tae-yang, sin embargo, seguía mirando a Jae-hyun y Yu-jin con el ceño fruncido.
—Me pregunto de qué estarán hablando —murmuró Tae-yang, sin apartar la mirada de ellos.
—Déjalos, Tae-yang —dijo Seo-joon, dándole una palmada en el hombro—. Seguramente son cosas de managers.
—Sí, claro —respondió Tae-yang con sarcasmo—. Cosas de managers que se ven muy sospechosas.
Finalmente, nos alejamos del lugar, dejando a Jae-hyun y Yu-jin continuar con su misteriosa conversación. La tensión en el ambiente era palpable, y la incertidumbre sobre lo que estaba sucediendo me carcomía por dentro. Después del desfile, la adrenalina aún corría por mis venas, pero también una profunda sensación de agotamiento. Sabía que la noche no había terminado. Nos dirigíamos a la afterparty, un evento público donde tendríamos que mantener las apariencias.
Al salir del recinto, una multitud de reporteros y fotógrafos nos esperaba. Los flashes de las cámaras nos cegaban mientras intentábamos abrirnos paso entre la multitud. En ese momento, sentí una mano que se deslizaba entre la mía. Era Ariana. Me tensé de inmediato, pero intenté relajar mi semblante, fingiendo una tranquilidad que no sentía. Caminamos de la mano entre los demás miembros, sonriendo a las cámaras y respondiendo a las preguntas de los reporteros.
Ha-neul y Tae-yang se comportaban de forma especialmente efusiva frente a las cámaras, abrazándose y riendo, creando una imagen de camaradería que contrastaba con la tensión que se respiraba en el ambiente. Ha-neul, en particular, parecía disfrutar de la atención de Ariana, respondiendo a sus comentarios con sonrisas y miradas cómplices.
Una vez que llegamos al club, la música resonaba con fuerza y la pista de baile estaba llena de gente. Intentamos mantener las apariencias, pero la delgada línea entre la amistad y algo más se mantenía intacta. Tomadas de mano, risas fingidas, y nada más. Al menos, eso era lo que yo ofrecía. Intentaba divertirme con los demás miembros, pero la tensión era palpable. Se sentía la clara hostilidad que sentían hacia Ariana, a excepción de Ha-neul. Las miradas de desaprobación de Min-ho y Ji-woo eran evidentes, y Seo-joon simplemente la ignoraba.
—Esta fiesta está genial —dijo Ariana, con una sonrisa radiante, aferrándose aún más a mi mano.
—Sí, genial —respondí secamente, apartando la mirada. «¿Cuánto más tendré que fingir?»
—Deberías relajarte un poco, Ji-hoon —dijo Ha-neul, acercándose a nosotros con una copa en la mano. Su mirada se detuvo en nuestras manos entrelazadas, y una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. —Estás con la chica más linda del lugar.
—Gracias, Ha-neul —respondió Ariana, con una risita nerviosa que delataba su emoción. Sus mejillas se tiñeron de un ligero rubor y apretó mi mano con más fuerza, casi con desesperación, buscando inconscientemente mi aprobación o tal vez, una confirmación de que no estaba cruzando ninguna línea. Sus ojos brillaban con una intensidad que solo reservaba para Ha-neul. Era evidente que él era quien le gustaba, y cualquier interacción con él la ponía nerviosa y eufórica a partes iguales.
—Sí, muy linda —murmuré, intentando ocultar mi sarcasmo. Bebí un trago de mi copa, intentando calmar los nervios. La mano de Ariana seguía aferrada a la mía, como si temiera que fuera a desaparecer en cualquier momento.—¿Te estás divirtiendo, Ji-hoon? —preguntó Tae-yang, acercándose a nosotros con una sonrisa. Su mirada recorrió a Ariana y a mí, deteniéndose en nuestras manos entrelazadas. Su sonrisa se desvaneció ligeramente, pero rápidamente la reemplazó con una expresión neutra, aunque sus ojos brillaban con una picardía mal disimulada. Miró a Ariana con una sonrisa socarrona y soltó: —Te regalo a Ha-neul, Ariana. Es todo tuyo. Pero a mí… dame a mi Ji-hoon.Sin darle tiempo a reaccionar a Ariana, Tae-yang tomó mi muñeca, separando mi mano de la de ella con una suavidad firme. Me jaló hacia la pista de baile, donde la música resonaba con más fuerza y la gente bailaba sin inhibiciones. Los demás miembros nos siguieron, creando un pequeño círculo alrededor nuestro.—¡Vamos, Ji-hoon! ¡
Asentimos en silencio, uniendo nuestras miradas en un pacto tácito. Sabíamos que nos enfrentábamos a una situación difícil, pero también sabíamos que no estábamos solos. Juntos, intentaríamos navegar por este nuevo y complicado capítulo de nuestras vidas, aferrándonos a la esperanza de que, al final, podríamos salir adelante sin perdernos a nosotros mismos en el camino. La determinación brillaba en nuestros ojos, un pequeño fuego que ardía en medio de la oscuridad. A la mañana siguiente, bajamos a desayunar al restaurante del hotel. El ambiente era tranquilo, con el suave murmullo de las conversaciones y el tintineo de las tazas. Apenas nos habíamos sentado cuando un miembro del staff se acercó con Ariana, que sonreía al vernos. Yo apenas la vi, desviando mi mirada a mi café, intentando mantenerme al margen de su presencia. Los demás hicieron lo mismo después de saludarla amablemente frente al miembro del staff.—Buenos días, chicos —dijo Ariana, con una voz alegre que contrastaba con
(ARIANA JÁUREGUI)3 AÑOS DESPUÉS, 2 DE ABRIL DEL 2024Tener amigos en este mundo es muy fácil, porque todos son los que quieren ser, pero muy pocos son los que son verdaderamente sinceros, honestos, con quienes verdaderamente son. No me voy a poner como ejemplo porque no soy del todo congruente con mis actos. Pero Kaia es mi mejor amiga en este mundo; incluso hemos decidido hacer las mismas pasarelas para pasar tiempo juntas, salir a desayunar o comer. Ella no tiene tanta «ayuda» como la tengo yo; ella no tiene un chófer, ni un ama de llaves. Sí tiene una señora que se encarga de limpiar su departamento un día a la semana y una asistente, pero tiene más descansos que la mía. ¿Es malo que mi asistente solo tenga dos días libres? No son exactamente todos los fines de semana porque ella me acompaña a las pasarelas o sesiones fotográficas. Se supone que Keyla nos asiste a los tres, lleva nuestras agendas, pero a quien más consciente es a mí; siempre está conmigo y me encanta porque me trat
—Sabes que eres mi otra mitad, y mi espíritu gemelo...La noche continuó, la música subió de volumen, la gente bailaba y reía. Kaia regresó un rato después, radiante, contándome sobre el chico que había conocido. Aunque me sentía un poco desplazada, me alegré por ella. Alguien mencionó un after-party en un club cercano, y la idea comenzó a circular entre algunos de los invitados. La sola mención hizo que un escalofrío me recorriera la espalda. Después de todo lo que había pasado con Ethan, la idea de salir de fiesta me generaba sentimientos encontrados. Sin embargo, la noche aún era joven, y la promesa de olvidar, aunque fuera por unas horas, los problemas recientes, era tentadora.A estas alturas estaba chillando la canción de Paula de Zoé. Imposible evitarlo; es tan perfecta, lo abarca todo, que solo me permitía seguir dando vueltas en la habitación, brincando incluso sobre el sofá.—Increíble.Me volteé hacia la puerta para ver si me estaba imaginando los aplausos, o si me habían pi
El aroma que emana de él, de repente, me recuerda intensamente a Ethan, su colonia, ese olor amaderado que tanto conozco. La confusión me golpea con fuerza. ¿Por qué estoy viendo a Ethan? ¿Por qué huelo a Ethan? ¿Por qué tengo esta necesidad repentina de besarlo, de tenerlo cerca? Confundida por la imagen fugaz, me acerco más, buscando refugio en ese hombro que ahora, en mi mente distorsionada, pertenece a Ethan. Necesito sentir esa cercanía, aunque sea una fantasía. Él asintió como si me estuviera dando permiso para apoyarme en él, y con una pequeña sonrisa lo hice: apoyé mi frente en su hombro. Su aroma a Ethan era delicioso; sus caricias se sentían tan suaves, tan bonitas, que sentía que estaba flotando. Exhaló un suspiro corto, frotando mi frente en él, dejando un beso en la zona donde mi cabeza estaba apoyada. En ese momento, la cercanía, el alcohol y el recuerdo de Ethan me nublan el juicio por completo. Me incorporo lentamente, mis ojos buscando los suyos, que ahora, en mi mente
—Carajo, me gustas desde el primer momento en que te vi... —confieso, fue como un impulso de verdad, como si no pudiese ocultarle absolutamente nada—. Te deseo tanto que quiero sentirte, te quiero dentro de mí.Él solo me observó, sus gestos de hecho no cambiaron ni un poco, se mantuvieron fijos en los míos. Su mano, a estas alturas, había bajado de mi mejilla a mi brazo. Mantener el contacto físico tenía todo mi cuerpo temblando, tanto, tanto que mi respiración se aceleró y mis labios se resecaron tan solo un poco, aunque aún se sentían suaves. Pasé la lengua por mis labios, algo que pareció retener su aliento.—Quiero besarte, hacerte gritar, gemir, ¿puedo hacerlo?¿Qué? Demonios, claro que sí. ¡Hazlo ahora, por favor!Exhalo tan solo un suspiro pequeño con los ojos puestos en él. A estas alturas ya deseaba subirme encima de él, abrazarlo, besarlo y hacerle cosas que hace un rato sentía asquerosas, pero es que con él nada se siente asqueroso de ningún tipo. ¿Es lógico? Ni un poco, pe
No tardó demasiado en que su mano terminara en mi diestra y, sin que pudiera decir nada, él se deslizó entre mis piernas para meterse debajo de mi falda, jadeando ante la sorpresa que se encontró. En ese instante, la imagen de Ethan se intensificó aún más. Ya no era una simple superposición, era una presencia completa. Sentía sus manos en mi piel, sus besos en mi boca, su cuerpo contra el mío. Era como si él estuviera ahí, realmente ahí, haciéndome el amor. La culpa y la confusión se mezclaron con una excitación incontrolable. Sabía que estaba mal, que estaba besando a Thomas mientras pensaba en Ethan, pero la sensación era demasiado intensa para resistirme.Justo cuando Thomas comenzaba a moverse para entrar dentro de mí, la puerta se abrió de golpe. Kaia y Sarah irrumpieron en la habitación, con una mezcla de shock y horror en sus rostros. Kaia se tapó la boca con las manos, mientras que Sarah se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos y la mandíbula caída. La escena que tenían d
Yu-jin se levantó también, con una expresión de advertencia en el rostro. —Ethan, piénsalo bien. Estás poniendo en riesgo todo lo que hemos construido.Lo miré fijamente a los ojos, con una determinación que no sentía desde hacía mucho tiempo. —Prefiero perderlo todo a seguir viviendo esta mentira.Salí de la oficina dando un portazo, dejando a Yu-jin con la palabra en la boca. La adrenalina me recorría el cuerpo, una mezcla de rabia y alivio. Alivio por haber finalmente expresado lo que sentía, rabia por haber tenido que llegar a este punto. Sabía que esta conversación tendría consecuencias, repercusiones que probablemente afectarían a Chromatic y a mi propia carrera, pero ya no me importaba. Había llegado a un punto de quiebre. Necesitaba recuperar mi vida, mi banda, a mí mismo. Y en mi mente, la única forma de lograrlo era ponerle fin a la farsa con Ariana, de una vez por todas.La decisión me carcomía por dentro desde hacía meses, como un ácido lento y corrosivo. Cada vez que veía