El silencio entre ellos se extendió por largos segundos. La respiración de Víctor era cada vez más errática, mientras Daniela sentía que su corazón iba a salirse de su pecho. No tenía idea de cuál sería su reacción, pero la intensidad de su mirada le indicaba que algo se rompía dentro de él.Víctor restregó sus dedos en sus ojos por un momento, como si intentara procesarlo todo, y cuando los abrió de nuevo, se acercó más a Daniela de forma intimidante.De hecho, Daniela notó cómo su mano grande tembló ligeramente antes de tomarle la quijada, obligándola a sostener su mirada.—¿Cuántos años tienen? —preguntó con voz ronca y ella tragó con dificultad.—Cinco —Daniela sintió que el aire se le atascaba en la garganta—. Todo fue un caos para mí, me sentí muy sola, y no sabía en quién confiar. —admitió con honestidad.La respiración de Víctor se volvió más profunda, sus fosas nasales se ensancharon y su ceño se frunció aún más.—¿No sabías si podías confiar en mí? —repitió en tono grueso.—N
Daniela sintió que su corazón se encogía mientras observaba a Víctor. Su mirada era una tormenta de emociones contenidas, una mezcla de furia y determinación. Había esperado este momento durante cinco años, temido cada posibilidad, cada escenario en el que él apareciera reclamando lo que era suyo. Pero nada, nada la había preparado para la realidad que ahora la golpeaba con fuerza.—Los veré hoy —reafirmó él con un tono que no dejaba margen para la discusión.Daniela tragó saliva y asintió débilmente. Sabía que no había escapatoria. Lo que más temía estaba sucediendo, y no podía evitarlo.Víctor la soltó con brusquedad y dio un paso atrás, pasándose una mano por el cabello, intentando recobrar el control de sí mismo. Respiró hondo, como si intentara contener la rabia que amenazaba con consumirlo.—Dímelo otra vez —pidió con un tono bajo y peligroso.Daniela frunció el ceño, sin entender.—¿Qué cosa?—Que tengo hijos. Dilo en voz alta.Ella sintió un nudo en la garganta, pero obligó a
Víctor dejó que Daniela y los niños fuesen en una camioneta, mientras él se subió en otra, indicándole al chofer su trayecto.Daniela les puso el cinturón a sus hijos en cada puesto, mientras ellos la miraban con preguntas.—¿Es tu novio? —Adriano preguntó y ella negó rápidamente.—Ammm… no.—¿De qué se trata? —Mateo fue el siguiente, y ella supo que sería un ciclo de preguntas.—Escuchen, vamos a ir a un sitio. Cuando lleguemos, podemos hablar con calma.—Pero… ¿Por qué nos sacaste de la escuela antes de tiempo? Eso nunca había pasado antes.Daniela soltó el aire.—Este es un asunto importante —la camioneta ya estaba en marcha.—¿Y cuál es el asunto? —Adriano frunció el ceño para preguntar—. Este hombre parece enojado.Y Daniela negó.—No está enojado. Está… feliz de verlos.—Jum —Mateo hizo el gesto y Adriano comenzó a reírse. De hecho, ambos comenzaron a hacer bromas el uno al otro diciendo—. Mira mi cara de llanto… —E hizo una cara riendo.—Mira mi cara de felicidad —Y Adriano hiz
La noche anterior, los mellizos no podían conciliar el sueño. Sus mentes estaban ocupadas con un solo pensamiento: al día siguiente conocerían a su verdadero padre. ¿Cómo sería? ¿Qué sentirían al verlo? Se intercambiaban preguntas en susurros, bajo las cobijas, con la emoción y el miedo revoloteando en sus corazones.—¿Cómo crees que sea?Y Mateo negó.—Pues, no como mi tío Javier, sino, ya mamá, fuese su novia.Adriano se rio bajo.—Estoy muy emocionado… —Y Mateo lo miró.—Yo también…—Chicos —Daniela volvió a abrir la puerta—. Necesito que se duerman ya…Ninguno de ellos contestó y ella se fue a la sala con Melissa.—Oye, pero parece una tormenta de grado 5…—Lo está, y lo entiendo.—Y eso de correr en último momento, ¿qué fue? —Daniela negó ante su pregunta.—Creo que tuve ataque de pánico. No lo sé aún, incluso me da vergüenza.Melissa sonrió.—Entonces te dijo que no le importabas…—No es el tema.—Pero la vez que vino a casa no lo parecía, está hablando desde su rabia, Daniela,
El silencio que siguió a las palabras de Víctor fue casi ensordecedor. Los mellizos lo miraban fijamente, como si esperaran que se retractara o dijera que era una broma. Pero él no lo hizo. Se quedó ahí, con la espalda recta y la mirada firme, dándoles el tiempo que necesitaran para procesarlo.Si no estaba siendo fácil para un adulto de 35 años como él, mucho menos sería para unos niños de 5 años, a quienes se les había mentido en toda su vida.Víctor tenía el aire contenido, en toda su vida no se había sentido así tan vulnerable, tan a la espera de que alguien lo aceptara. Sus manos no eran inocentes como aquellas pequeñas manos de sus hijos, pero por este momento deseo ser la mejor persona para ellos.Adriano fue el primero en reaccionar. Él notó que entreabrió los labios, pero no encontró palabras. Su mente estaba llena de preguntas, pero la más importante se coló en su garganta antes de que pudiera detenerse.—¿Por qué no lo sabíamos?Mateo, más reservado, cruzó los brazos y bajó
Daniela estaba en su oficina, revisando la información del proyecto con el ceño fruncido. Algo había cambiado. Los datos, los esquemas, incluso algunas líneas de código, tenían ligeras modificaciones que no recordaba haber autorizado. No era algo malo; de hecho, parecían mejoras, pero alguien había intervenido sin consultarla. —¿De qué se trata? —Le preguntó a Lancaster y él tomó el aire, pero justo cuando él iba a darle una respuesta, alguien tocó la puerta. Daniela se giró para ver entrar a una mujer que parecía diseñada para ser perfecta. Era alta, de cabello castaño oscuro con reflejos dorados, ojos claros y una sonrisa profesional pero encantadora. Demasiado linda, pensó Daniela de inmediato, sintiendo una incomodidad inexplicable. —Buenos días, señor Lancaster —Lancaster se puso de pie para darle la mano a la mujer. —Bienvenida. ¿Elisa? —Ella asintió mientras Daniela frunció más su ceño. ¿Qué, Elisa? —Así es, señor. ¿Llego tarde? Realmente había pasado media hora desde que
Daniela marcaba el número de Víctor una y otra vez, pero él no contestaba. La preocupación le revolvía el estómago. No era solo que los niños no estuvieran con ella, era el hecho de no saber dónde estaban exactamente. Finalmente, un auto negro se detuvo frente al edificio y el conductor bajó la ventanilla con tranquilidad.—¿Señorita Daniela? —ella frunció el ceño y se acercó.—¿Sí?—El señor Víctor me pidió que la llevara a casa. Él se está tardando un poco.Daniela tomó el aire, ya habían sido muchas rabietas por el día de hoy y necesitaba con urgencia un descanso.Sin muchas opciones, se subió al auto, sintiendo cómo la impotencia la consumía.—Oye, pero ¿los niños están bien? —Daniela miró a Melissa, desde hace más de una semana, ya se estaba quedando en su casa, y eso porque le quedaba más cerca de sus clases.—Espero que sí, porque lo mato.—Relájate…—Todos dicen eso.Pero en el momento los toques en la puerta la dejaron quieta y se apresuró a abrir.—¡Mamá! —Sus dos hijos se l
Al día siguiente, Daniela se masajeaba la sien, mientras Melissa tenía una sonrisa de oreja a oreja, escuchando a los niños. Se habían levantado más temprano de lo normal, y no paraban de hablar de su padre mientras desayunaban.Ella sabía que Víctor tenía una influencia poderosa sobre ellos ahora que estaban juntos, y aunque le molestaba la manera en que tomaba decisiones sin consultarla, no podía negar que los niños estaban felices.Nunca antes los vio así.—Y, en conclusión, ¿son millonarios? —Melissa le metió adrenalina a la conversación mientras Adriano la miró de forma picarona.—Lo somos, así que no te preocupes. Si necesitas una crema para tu rostro a cabello, cuenta conmigo.—¡UHHHHH! —Melissa gritó aplaudiendo y Daniela tuvo que levantarse con los platos hacia la cocina.—Como ustedes están listos, y no sé cómo, yo iré a arreglarme. Tenemos tiempo de sobra… —Ella salió del comedor a su habitación con el pecho agitado y se tomó el tiempo en arreglarse de nuevo, porque, además