La noche anterior, los mellizos no podían conciliar el sueño. Sus mentes estaban ocupadas con un solo pensamiento: al día siguiente conocerían a su verdadero padre. ¿Cómo sería? ¿Qué sentirían al verlo? Se intercambiaban preguntas en susurros, bajo las cobijas, con la emoción y el miedo revoloteando en sus corazones.—¿Cómo crees que sea?Y Mateo negó.—Pues, no como mi tío Javier, sino, ya mamá, fuese su novia.Adriano se rio bajo.—Estoy muy emocionado… —Y Mateo lo miró.—Yo también…—Chicos —Daniela volvió a abrir la puerta—. Necesito que se duerman ya…Ninguno de ellos contestó y ella se fue a la sala con Melissa.—Oye, pero parece una tormenta de grado 5…—Lo está, y lo entiendo.—Y eso de correr en último momento, ¿qué fue? —Daniela negó ante su pregunta.—Creo que tuve ataque de pánico. No lo sé aún, incluso me da vergüenza.Melissa sonrió.—Entonces te dijo que no le importabas…—No es el tema.—Pero la vez que vino a casa no lo parecía, está hablando desde su rabia, Daniela,
El silencio que siguió a las palabras de Víctor fue casi ensordecedor. Los mellizos lo miraban fijamente, como si esperaran que se retractara o dijera que era una broma. Pero él no lo hizo. Se quedó ahí, con la espalda recta y la mirada firme, dándoles el tiempo que necesitaran para procesarlo.Si no estaba siendo fácil para un adulto de 35 años como él, mucho menos sería para unos niños de 5 años, a quienes se les había mentido en toda su vida.Víctor tenía el aire contenido, en toda su vida no se había sentido así tan vulnerable, tan a la espera de que alguien lo aceptara. Sus manos no eran inocentes como aquellas pequeñas manos de sus hijos, pero por este momento deseo ser la mejor persona para ellos.Adriano fue el primero en reaccionar. Él notó que entreabrió los labios, pero no encontró palabras. Su mente estaba llena de preguntas, pero la más importante se coló en su garganta antes de que pudiera detenerse.—¿Por qué no lo sabíamos?Mateo, más reservado, cruzó los brazos y bajó
Daniela estaba en su oficina, revisando la información del proyecto con el ceño fruncido. Algo había cambiado. Los datos, los esquemas, incluso algunas líneas de código, tenían ligeras modificaciones que no recordaba haber autorizado. No era algo malo; de hecho, parecían mejoras, pero alguien había intervenido sin consultarla. —¿De qué se trata? —Le preguntó a Lancaster y él tomó el aire, pero justo cuando él iba a darle una respuesta, alguien tocó la puerta. Daniela se giró para ver entrar a una mujer que parecía diseñada para ser perfecta. Era alta, de cabello castaño oscuro con reflejos dorados, ojos claros y una sonrisa profesional pero encantadora. Demasiado linda, pensó Daniela de inmediato, sintiendo una incomodidad inexplicable. —Buenos días, señor Lancaster —Lancaster se puso de pie para darle la mano a la mujer. —Bienvenida. ¿Elisa? —Ella asintió mientras Daniela frunció más su ceño. ¿Qué, Elisa? —Así es, señor. ¿Llego tarde? Realmente había pasado media hora desde que
Daniela marcaba el número de Víctor una y otra vez, pero él no contestaba. La preocupación le revolvía el estómago. No era solo que los niños no estuvieran con ella, era el hecho de no saber dónde estaban exactamente. Finalmente, un auto negro se detuvo frente al edificio y el conductor bajó la ventanilla con tranquilidad.—¿Señorita Daniela? —ella frunció el ceño y se acercó.—¿Sí?—El señor Víctor me pidió que la llevara a casa. Él se está tardando un poco.Daniela tomó el aire, ya habían sido muchas rabietas por el día de hoy y necesitaba con urgencia un descanso.Sin muchas opciones, se subió al auto, sintiendo cómo la impotencia la consumía.—Oye, pero ¿los niños están bien? —Daniela miró a Melissa, desde hace más de una semana, ya se estaba quedando en su casa, y eso porque le quedaba más cerca de sus clases.—Espero que sí, porque lo mato.—Relájate…—Todos dicen eso.Pero en el momento los toques en la puerta la dejaron quieta y se apresuró a abrir.—¡Mamá! —Sus dos hijos se l
Al día siguiente, Daniela se masajeaba la sien, mientras Melissa tenía una sonrisa de oreja a oreja, escuchando a los niños. Se habían levantado más temprano de lo normal, y no paraban de hablar de su padre mientras desayunaban.Ella sabía que Víctor tenía una influencia poderosa sobre ellos ahora que estaban juntos, y aunque le molestaba la manera en que tomaba decisiones sin consultarla, no podía negar que los niños estaban felices.Nunca antes los vio así.—Y, en conclusión, ¿son millonarios? —Melissa le metió adrenalina a la conversación mientras Adriano la miró de forma picarona.—Lo somos, así que no te preocupes. Si necesitas una crema para tu rostro a cabello, cuenta conmigo.—¡UHHHHH! —Melissa gritó aplaudiendo y Daniela tuvo que levantarse con los platos hacia la cocina.—Como ustedes están listos, y no sé cómo, yo iré a arreglarme. Tenemos tiempo de sobra… —Ella salió del comedor a su habitación con el pecho agitado y se tomó el tiempo en arreglarse de nuevo, porque, además
Daniela sintió que le hervía la sangre. Ya le quedaba claro por qué esa mujer se tomaba tantas atribuciones, y si era inteligente se mantendría al margen.Sin embargo, con su propio trabajo no. Este proyecto era de ella, y no iba a permitir que nadie metiera su mano.Víctor siguió hablando sobre los planes que tenía con los proyectos. Su amigo intervino en muchos temas, y sus aportaciones demoraron al menos una hora, eso, sumando a que Elisa se las dio de inteligente en todo el rato.—Bien, como mencioné, Bruno estará colaborando con nosotros en nuevos proyectos de expansión. Hay oportunidades importantes que debemos evaluar, y su experiencia en fusiones empresariales será clave en este proceso.Bruno asintió con una sonrisa confiada, sin apartar la mirada de Daniela.—Eso significa que necesitaremos cooperación total de todos los departamentos. Y por supuesto —Víctor hizo una pausa, clavando sus ojos en ella—, Daniela tendrá un papel crucial en esto.Un escalofrío recorrió su espalda
Después de las palabras cortadas de Lancaster tratando de mediar la tensión, dio por terminada la reunión por orden de Víctor, y Daniela se levantó recogiendo sus cosas. Necesitaba salir sin detenerse, porque necesitaba respirar profundo, y, sobre todo, reírse a carcajadas de la satisfacción por todo lo ocurrido.—No dije que podías retirarte —La voz de Víctor hizo que se detuviera—. Todos salgan. Lancaster y tu equipo, Javier, pueden retirarse. Elisa, también.La tensión en la sala se intensificó. Lancaster intercambió una mirada con Javier, quien se encogió de hombros y se levantó. Elisa tardó un poco más, buscando los ojos de Víctor para encontrar alguna señal, pero él no la miró. Solo se mantuvo firme.Cuando la puerta se cerró tras ellos, quedó el silencio, apenas interrumpido por los dedos de Bruno golpeando la mesa con ritmo distraído. Daniela no miraba a ningun punto, solo trataba de mantener su quijada levantada. Daniela solo notó que la señaló.La puerta se cerró y ella se
Daniela se dejó caer en su silla, hundió los dedos en su cabello y cerró los ojos. Sentía el cuerpo jodido, saturado de tensión y excitación, una mezcla venenosa que no sabía cuánto tiempo podría seguir soportando.Víctor le revolvía todo.La rabia, la necesidad, el deseo. Y lo peor, el orgullo. No iba a ser la débil, no otra vez. Si quería acostarse con él, no lo reprimiría. Pero tampoco lo dejaría creer que significaba algo.Como al principio.El sonido de la puerta la sacó de sus pensamientos.Elisa entró con una carpeta en mano y una sonrisa tensa.—Daniela, quisiera entregarte esto… sé que hice mal las cosas al principio, y pienso remediarlo.Daniela respiró hondo, reprimiendo las ganas de soltarle algo que la dejara en el piso. En vez de eso, se levantó con calma y buscó su bolso.—Necesito un café. ¿Me haces el favor?Elisa parpadeó, confundida.—¿Quieres que… vaya por café?—¡Exacto! Uno negro, sin azúcar.Antes de que Elisa pudiera responder, Javier entró y se detuvo al ver l