CAPÍTULO 37

La noche anterior, los mellizos no podían conciliar el sueño. Sus mentes estaban ocupadas con un solo pensamiento: al día siguiente conocerían a su verdadero padre. ¿Cómo sería? ¿Qué sentirían al verlo? Se intercambiaban preguntas en susurros, bajo las cobijas, con la emoción y el miedo revoloteando en sus corazones.

—¿Cómo crees que sea?

Y Mateo negó.

—Pues, no como mi tío Javier, sino, ya mamá, fuese su novia.

Adriano se rio bajo.

—Estoy muy emocionado… —Y Mateo lo miró.

—Yo también…

—Chicos —Daniela volvió a abrir la puerta—. Necesito que se duerman ya…

Ninguno de ellos contestó y ella se fue a la sala con Melissa.

—Oye, pero parece una tormenta de grado 5…

—Lo está, y lo entiendo.

—Y eso de correr en último momento, ¿qué fue? —Daniela negó ante su pregunta.

—Creo que tuve ataque de pánico. No lo sé aún, incluso me da vergüenza.

Melissa sonrió.

—Entonces te dijo que no le importabas…

—No es el tema.

—Pero la vez que vino a casa no lo parecía, está hablando desde su rabia, Daniela,
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