CAPÍTULO 44

Daniela se dejó caer en su silla, hundió los dedos en su cabello y cerró los ojos. Sentía el cuerpo jodido, saturado de tensión y excitación, una mezcla venenosa que no sabía cuánto tiempo podría seguir soportando.

Víctor le revolvía todo.

La rabia, la necesidad, el deseo. Y lo peor, el orgullo. No iba a ser la débil, no otra vez. Si quería acostarse con él, no lo reprimiría. Pero tampoco lo dejaría creer que significaba algo.

Como al principio.

El sonido de la puerta la sacó de sus pensamientos.

Elisa entró con una carpeta en mano y una sonrisa tensa.

—Daniela, quisiera entregarte esto… sé que hice mal las cosas al principio, y pienso remediarlo.

Daniela respiró hondo, reprimiendo las ganas de soltarle algo que la dejara en el piso. En vez de eso, se levantó con calma y buscó su bolso.

—Necesito un café. ¿Me haces el favor?

Elisa parpadeó, confundida.

—¿Quieres que… vaya por café?

—¡Exacto! Uno negro, sin azúcar.

Antes de que Elisa pudiera responder, Javier entró y se detuvo al ver l
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