CAPÍTULO 47

Daniela bajó tambaleándose del aparato, con las piernas aun temblando, las mejillas ardientes y los dedos crispados. Su cuerpo temblaba un poco, y se sentía tan caliente como si tuviera fiebre.

Entretanto, Víctor caminaba a su lado, erguido, con una sonrisa ladina que aún tenía vestigios del poder que acababa de ejercer.

—¡Estás enfermo! —espetó ella con la voz ahogada.

—Si lo estoy —susurró él, acercándose a su oído mientras la ayudaba a caminar—. Y no me quiero curar.

Ella lo empujó con torpeza, alejándose, y él se soltó con facilidad. Sintió la mirada de Melissa a lo lejos, justo cuando corría con los mellizos hacia otra atracción.

Entonces Daniela se llevó la mano al vientre, como si aún pudiera sentir las huellas de Víctor allí.

—Nunca más hagas algo como eso. ¿Me escuchaste? —le advirtió con los dientes apretados.

—No prometo nada —respondió él, y su sonrisa desapareció al instante. Se acercó, acortando la distancia otra vez—. Porque tú tampoco prometiste no provocarme. Y lo hac
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