CAPÍTULO 48

Daniela tuvo que poner su mano en su propia boca, pero Víctor quitó sus dedos, y apretó sus labios. La embistió con fuerza, colocándola de todas las formas, mientras Daniela parecía luchar con él.

Los labios de Víctor la devoraban como si hubiera pasado años sin probarla, como si no le bastara el roce de su piel, ni los suspiros que arrancaba de su garganta. Daniela no supo en qué momento dejó de resistirse, solo sintió cómo se hundía en él, envuelta en un torbellino de deseo que la arrastraba sin tregua.

De todo lo que le alegraba, es que no estuvieran en la cama, porque todo ahora, era un completo desastre. La respiración entrecortada llenaba la habitación, y su cuerpo ardía bajo cada caricia, cada palabra dicha con esa voz grave que la desarmaba.

—Te odio por hacerme necesitarte así —dijo ella, mientras él la giró con sus piernas, y la puso encima de él.

Y a Daniela le encantó tener ese poder.

—Mientes —sus ojos brillaban con algo oscuro y peligroso—. Me deseas. Lo hiciste desde el
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