CAPÍTULO 41

Al día siguiente, Daniela se masajeaba la sien, mientras Melissa tenía una sonrisa de oreja a oreja, escuchando a los niños. Se habían levantado más temprano de lo normal, y no paraban de hablar de su padre mientras desayunaban.

Ella sabía que Víctor tenía una influencia poderosa sobre ellos ahora que estaban juntos, y aunque le molestaba la manera en que tomaba decisiones sin consultarla, no podía negar que los niños estaban felices.

Nunca antes los vio así.

—Y, en conclusión, ¿son millonarios? —Melissa le metió adrenalina a la conversación mientras Adriano la miró de forma picarona.

—Lo somos, así que no te preocupes. Si necesitas una crema para tu rostro a cabello, cuenta conmigo.

—¡UHHHHH! —Melissa gritó aplaudiendo y Daniela tuvo que levantarse con los platos hacia la cocina.

—Como ustedes están listos, y no sé cómo, yo iré a arreglarme. Tenemos tiempo de sobra… —Ella salió del comedor a su habitación con el pecho agitado y se tomó el tiempo en arreglarse de nuevo, porque, además
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