CAPÍTULO 31

Daniela sintió cómo la tensión en la sala aumentaba con cada segundo que pasaba. Víctor estaba ahí, en su casa, irrumpiendo en su vida con una facilidad que la aterrorizaba. Se obligó a mantener la compostura, a no mostrar el miedo que le recorría el cuerpo como un escalofrío.

Y Melissa fue quien rompió el hielo.

—¿De verdad quiere caldo de pollo? —Víctor torció su boca en una sonrisa.

—Claro.

Daniela negó hacia Melissa y ella alzó los hombros.

—No entiendo por qué está aquí, señor.

—Víctor —esta vez profundizó la palabra con seriedad—. Y nada del otro mundo, le pregunté un poco a Javier. Estábamos cansados del trabajo, y le pregunté si podíamos venir, ya que él… es tan amigo tuyo…

Daniela miró a Javier, pero él tenía una mirada seca.

—Calentaré el caldo… —Melissa salió a la cocina, y Javier se levantó.

—Te ayudo.

En un momento estuvieron solos y ella negó rápido.

—¿Qué haces aquí? —preguntó finalmente, cruzándose de brazos.

Él sonrió lentamente y de forma calculada.

—Quería un poco m
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