Daniela conducía con las manos firmes sobre el volante, pero su mente era un torbellino de pensamientos incontrolables. Cada palabra de Víctor retumbaba en su cabeza como una sentencia inevitable."Javier aclarará mis dudas si las tengo".¿Cuánto tardaría en conectar las piezas?¿Cuánto faltaba para que llegara a la verdad que tanto temía?No podía permitirse el lujo de caer en el pánico, no ahora. Respiró hondo, tratando de mantener la calma.Lo primero era llegar a casa y asegurarse de que Adriano estuviera bien. Lo segundo, pensar en algo.Cuando estacionó frente a su casa, se quedó unos segundos dentro del auto. Su reflejo en el retrovisor mostraba su rostro tenso, con la piel pálida y los ojos enrojecidos por la tensión. Se obligó a componer una expresión neutral antes de salir, por sus hijos.Melissa la recibió en la puerta con una sonrisa cálida, pero notó de inmediato la preocupación en su mirada.—¿Cómo te fue? —preguntó mientras la ayudaba a colgar su abrigo.Daniela suspiró
Daniela sintió cómo la tensión en la sala aumentaba con cada segundo que pasaba. Víctor estaba ahí, en su casa, irrumpiendo en su vida con una facilidad que la aterrorizaba. Se obligó a mantener la compostura, a no mostrar el miedo que le recorría el cuerpo como un escalofrío.Y Melissa fue quien rompió el hielo.—¿De verdad quiere caldo de pollo? —Víctor torció su boca en una sonrisa.—Claro.Daniela negó hacia Melissa y ella alzó los hombros.—No entiendo por qué está aquí, señor.—Víctor —esta vez profundizó la palabra con seriedad—. Y nada del otro mundo, le pregunté un poco a Javier. Estábamos cansados del trabajo, y le pregunté si podíamos venir, ya que él… es tan amigo tuyo…Daniela miró a Javier, pero él tenía una mirada seca.—Calentaré el caldo… —Melissa salió a la cocina, y Javier se levantó.—Te ayudo.En un momento estuvieron solos y ella negó rápido.—¿Qué haces aquí? —preguntó finalmente, cruzándose de brazos.Él sonrió lentamente y de forma calculada.—Quería un poco m
La revelación de Javier había dejado un silencio espeso y opresivo. Melissa la miraba con incredulidad, intentando procesar lo que acababa de escuchar. —¿Es cierto, Dani? —preguntó Melissa en un susurro sin poder creerlo. Daniela bajó la mirada, mientras sus manos temblaban sobre su regazo. —Sí —murmuró. —Los mellizos son hijos de Víctor. Melissa se cubrió la boca con ambas manos con los ojos brillantes por la sorpresa. Javier, en cambio, la observaba con una expresión grave. —Él lo descubrirá, Daniela. No es un hombre que deje cabos sueltos. Tú debes saberlo más que yo. Quien tenga tres dedos de frente sabe que él vino con un propósito. Daniela lo miró directamente y asintió. —¿Qué hablaron? ¿Cómo es que llegó aquí? Él negó tomando una aspiración. —Pude notar algo en la reunión, desde que entraste, no dejaste de mirarlo. Parecías demasiado impactada y cómo él te mira, Daniela, es muy evidente. Luego, cuando comencé el recorrido, me di cuenta de que estaba preguntando cosas qu
Víctor pasó un trago que le fastidió en la garganta, y sobre todo en su cuerpo insatisfecho y hastiado de esperar.No era que la belleza de Daniela solo lo distrajera, literalmente ella lo desquiciaba de una forma que nunca pudo controlar. Su ceño se frunció de forma significativa, y pudo oler, desde su distancia, el perfume que ella se había puesto. No era el perfume, era su olor mezclado con el mismo, y sus ganas por hacerse presente en él.El solo pensamiento de que ella había hecho un cambio significativo para obtener su atención, lo excitaba de la forma más cruda. Ahora sentado, podía sentir las palpitaciones de su miembro, quería mandar a Lancaster a la verdadera mierd@, y coger con Daniela sobre el escritorio, hasta que ya no le quedara una sola gota de él.Y se sentía desesperado en este punto.—Señor… —Víctor parpadeó mirando a Lancaster que parecía decirle algo, no podía dar otra inhalación de ella, porque literalmente la sacaría de aquí de forma obligada, y había tenido la f
El silencio entre ellos se extendió por largos segundos. La respiración de Víctor era cada vez más errática, mientras Daniela sentía que su corazón iba a salirse de su pecho. No tenía idea de cuál sería su reacción, pero la intensidad de su mirada le indicaba que algo se rompía dentro de él.Víctor restregó sus dedos en sus ojos por un momento, como si intentara procesarlo todo, y cuando los abrió de nuevo, se acercó más a Daniela de forma intimidante.De hecho, Daniela notó cómo su mano grande tembló ligeramente antes de tomarle la quijada, obligándola a sostener su mirada.—¿Cuántos años tienen? —preguntó con voz ronca y ella tragó con dificultad.—Cinco —Daniela sintió que el aire se le atascaba en la garganta—. Todo fue un caos para mí, me sentí muy sola, y no sabía en quién confiar. —admitió con honestidad.La respiración de Víctor se volvió más profunda, sus fosas nasales se ensancharon y su ceño se frunció aún más.—¿No sabías si podías confiar en mí? —repitió en tono grueso.—N
Daniela sintió que su corazón se encogía mientras observaba a Víctor. Su mirada era una tormenta de emociones contenidas, una mezcla de furia y determinación. Había esperado este momento durante cinco años, temido cada posibilidad, cada escenario en el que él apareciera reclamando lo que era suyo. Pero nada, nada la había preparado para la realidad que ahora la golpeaba con fuerza.—Los veré hoy —reafirmó él con un tono que no dejaba margen para la discusión.Daniela tragó saliva y asintió débilmente. Sabía que no había escapatoria. Lo que más temía estaba sucediendo, y no podía evitarlo.Víctor la soltó con brusquedad y dio un paso atrás, pasándose una mano por el cabello, intentando recobrar el control de sí mismo. Respiró hondo, como si intentara contener la rabia que amenazaba con consumirlo.—Dímelo otra vez —pidió con un tono bajo y peligroso.Daniela frunció el ceño, sin entender.—¿Qué cosa?—Que tengo hijos. Dilo en voz alta.Ella sintió un nudo en la garganta, pero obligó a
Víctor dejó que Daniela y los niños fuesen en una camioneta, mientras él se subió en otra, indicándole al chofer su trayecto.Daniela les puso el cinturón a sus hijos en cada puesto, mientras ellos la miraban con preguntas.—¿Es tu novio? —Adriano preguntó y ella negó rápidamente.—Ammm… no.—¿De qué se trata? —Mateo fue el siguiente, y ella supo que sería un ciclo de preguntas.—Escuchen, vamos a ir a un sitio. Cuando lleguemos, podemos hablar con calma.—Pero… ¿Por qué nos sacaste de la escuela antes de tiempo? Eso nunca había pasado antes.Daniela soltó el aire.—Este es un asunto importante —la camioneta ya estaba en marcha.—¿Y cuál es el asunto? —Adriano frunció el ceño para preguntar—. Este hombre parece enojado.Y Daniela negó.—No está enojado. Está… feliz de verlos.—Jum —Mateo hizo el gesto y Adriano comenzó a reírse. De hecho, ambos comenzaron a hacer bromas el uno al otro diciendo—. Mira mi cara de llanto… —E hizo una cara riendo.—Mira mi cara de felicidad —Y Adriano hiz
La noche anterior, los mellizos no podían conciliar el sueño. Sus mentes estaban ocupadas con un solo pensamiento: al día siguiente conocerían a su verdadero padre. ¿Cómo sería? ¿Qué sentirían al verlo? Se intercambiaban preguntas en susurros, bajo las cobijas, con la emoción y el miedo revoloteando en sus corazones.—¿Cómo crees que sea?Y Mateo negó.—Pues, no como mi tío Javier, sino, ya mamá, fuese su novia.Adriano se rio bajo.—Estoy muy emocionado… —Y Mateo lo miró.—Yo también…—Chicos —Daniela volvió a abrir la puerta—. Necesito que se duerman ya…Ninguno de ellos contestó y ella se fue a la sala con Melissa.—Oye, pero parece una tormenta de grado 5…—Lo está, y lo entiendo.—Y eso de correr en último momento, ¿qué fue? —Daniela negó ante su pregunta.—Creo que tuve ataque de pánico. No lo sé aún, incluso me da vergüenza.Melissa sonrió.—Entonces te dijo que no le importabas…—No es el tema.—Pero la vez que vino a casa no lo parecía, está hablando desde su rabia, Daniela,