34. ÉL ME VA A ADORAR
NARRADORA

Verak caminó rumbo a la carpita rústica que se había armado, pensando en cómo enfrentar el drama de Nana al otro día.

Él era un hombre con necesidades y, aunque moría por meter la polla entre las piernas de Lyra, se conformó con follarse a la loba ofrecida del otro grupo.

*****

La noche transcurrió sin mayores incidentes, y a punto de que el sol saliera, Verak abrió los ojos; estaba solo bajo el techo de pieles.

—¿Nana? —La llamó con voz ronca, sintiéndola en el exterior.

Salió para encontrarla sentada frente al fuego, asando un pedazo de carne.

A pesar de que Verak le había dado un poco de su sangre y de que ahora tenía loba, aún le quedaban magulladuras y cortes en el cuerpo.

— ¿Dormiste bien? —Verak se sentó frente a ella, asombrado por la tranquilidad con que ella le hablaba.

Pensó que le estaría chillando como loca.

—Sí, lo hice —le respondió organizando sus ideas, dándole un vistazo al campamento que despertaba.

—. Nana, con respecto a lo de anoche...

—Está bien
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