La señora Darya volvió minutos después del coronel irse de la habitación con un vestido y algunas bolsas en la que había una zapatilla de Louis Vuitton, con lencería de Kiki de Montparnasse. Conozco las marcas, es caro todo lo que me trajeron, ser de bajo recursos no ha evitado que fantasee con utilizar algunas prendas de esas.
Me di una ducha larga, me lave el cabello y luego frente al espejo pude ver los moretones que tenía en mi cuerpo. Estaba vuelta un desastre, suspire y saque maquillaje de una de las bolsas, lo aplique en mi rostro cubriendo en su totalidad lo más que pude el golpe de mi mejilla.
Al menos esto era algo que si sabía hacer muy bien, maquillarme.
Cuando estuve lista con el vestido rojo vino, me sorprende que sepan mi medida exacta. Me alegra también que este no sea el típico traje que le da el mafioso a sus putas, me veía elegante y con los tacones bajos grises parecía una actriz o quizás una modelo de esas famosas.
Suspire y alise mi vestido con mis manos, no estaba arrugado, pero los nervios me estaban matando. Salí de la habitación y encontré un hombre contraje esperando fuera, no dijo ninguna palabra. Este empezó a caminar y yo a seguirlo, el pasillo que recorrimos es enorme y luego bajamos una escalera tipo caracol.
Volvimos a ingresar en un pasillo y este abrió las puertas mostrando una habitación con una única mesa en el centro. No era un comedor principal, se notaba que era algo improvisado para la cena de esta noche, el coronel se encontraba allí con un vaso de cristal en su mano con un líquido ámbar casi medio terminar.
El hombre que me trajo desapareció del lugar quedando solo el coronel y yo en la habitación. Este extendió la silla para que tome asiento y así lo hice, no emití palabra alguna hasta que este cortó el silencio del salón.
—¿Quieres algo de beber? —interrogo.
—Si —respondí, el coronel se acercó a lo que es un mini bar improvisado y de allí regreso con una copa de algo burbujeante. Tome un trago pequeño, se sentía exquisita al paladar, por lo que volví a beber un poco más—. Despacio —ordeno, le hice caso—. Cenaremos, te explicare como funciona todo y luego quiero una repuesta —añadió mirándome directo a los ojos.
Su máscara roja seguía cubriendo la mitad de su rostro, ¿Por qué ocultaba la otra mitad? Me pregunte antes de asentirle, el coronel tomo asiento y minutos después ingresaron con la cena, no falto su orden de que comiera y honestamente lo que trajeron abrió mi apetito.
(…)
El postre fue una Sharlotka la cual es una tarta de manzana y por supuesto, mi postre favorito. No tengo duda de que el coronel sabe más de mi que yo misma y quedo demostrado con las informaciones que medio cuando me ofreció ser su amante.
Se llevaron las bandejas y quedamos solo con las bebidas, yo mi champaña y este con su liquido ámbar.
—Te lo voy a ofrecer una vez más —dijo, su voz calma pero persuasiva—. Convertirte en mi amante.
Mis manos temblaban ligeramente en mi regazo, luchando por no soltar las emociones que me ahogaban. No sabía si debía sentir miedo o una leve curiosidad, pero su propuesta era una jaula dorada que me aterraba.
—Un año —continuó, como si no le importara que estuviera en shock—. Un año en el que vivirás como una reina. Riquezas, viajes, una vida que nunca soñaste. Todo lo que siempre quisiste estará a tu disposición.
Mis labios temblaron, queriendo gritarle que no, pero las palabras no salían. La idea era tentadora, pero yo no era una mujer dispuesta a perder su dignidad.
—Y después de ese año, eres libre de irte —añadió con un leve encogimiento de hombros.
—Pero… —intenté hablar, pero la voz apenas salió.
—Sin peros, Alina —interrumpió, su tono firme—. No hay vuelta atrás. Un año. Todo lo que necesitas está aquí, a tu alcance.
Sus ojos se clavaron en mí, exigiendo una respuesta que se quedó atrapada en mi garganta. No tengo nada más que a Teodoro en el exterior y mi sueño de ser doctora como le dije a mi padre está mezclado en esa propuesta. Es solo un año, me librare de él después de eso.
—Piensa en ello —dijo con voz baja—. Pero si decides rechazarlo, sabes las consecuencias —de igual modo me tomaría, sin beneficio a nada.
—Un año —susurró.
—Solo un año y aunque ya no seas mi amante te seguiré supliendo tus necesidades —expresó con esa voz de todo un hombre que sabe de negocios, suspiro y mire sus ojos sabiendo que me iba a meter en la boca del lobo.
—Acepto ser tu amante —murmure y este asintió.
—Ya no hay vuelta atrás, Alina —se puso de pie y me extendió su mano. Por lo que hice lo mismo, el coronel me atrajo hasta él y empleo su fuerza para girarme, no entendía que quiere hasta que me hizo apoyar mi torso en la mesa.
—¿Qué haces? —interrogue con miedo intentando levantarme, sin embargo, me lo impidió.
—Sellando este trato, Alina —dijo con su voz ronca, el coronel levanto mi vestido y sabía lo que haría, me tomaría. Escuche que bajo el cierre de su pantalón, un envoltorio siendo abierto y sin previo aviso, él se llevó mi virginidad en una embestida.
Grite aferrándome al mantel rojo, mi entrepierna escocia por el dolor de su embestida. No fue nada cuidadoso, el coronel entraba y salía, no me había siquiera dejado acostumbrar a su tamaño, no me gustaba la sensación que dejaba en mí.
Sus caderas me empujaban con brusquedad, no pude contener las lágrimas y me sentí de lo peor: esto era lo que había pactado, ser la puta del mafioso. Se quedó quieto, supuse que ya había llegado a su orgasmo, el coronel abandono mi interior, lo escuche subir su bragueta y segundo después la puerta siendo cerrada.
Los sollozos salieron de mi garganta sin previo aviso, me quede postrada en aquella mesa como un trapo que acaba de ser pasado por la ventana más sucia de toda Rusia.
Miau, miau, miau…
El maullido y luego su pelaje pasar entre mis piernas me hizo incorporarme con un dolor punzante en mi entre pierna, Teodoro estaba aquí.
—Oh… Teo… —solloce más y me desborone en el suelo mientras lo tomaba entre mis brazos. El tiempo se perdió entre mis dedos, me quede dormida abrazada a Teodoro, no quiero despegarme de él y este tampoco de mí.
—Maldito gato —escuché en medio de mi pesado sueño mientras también escuchaba los gruñidos de advertencia de Teodoro, sin embargo, mi cuerpo cansado se sintió en la gloria cuando toco algo suave....Cuando volví abrir mis ojos, me encontraba todavía con el vestido, pero no estaba en la habitación que desperté cuando llegue aquí. Me incorporó en la cama y vi a Teodoro comiendo en una esquina de un plato.—Uno de los dos debe ser feliz —susurró al recordar lo de anoche, se me cristalizaron los ojos. Inspire profundo para alejar las lágrimas, me puse de pie y observe en la mesita de noche una pastilla con una nota que solo dice ‘‘tómala’’ junto con un vaso de agua.La bebí, camine hacia lo que suponía era el baño ignorando por completo la molestia en mi entre pierna. Me deshice del vestido quedando desnuda, no me fije siquiera en mi cuerpo y llene la tina con agua caliente, me introduje a esta.—Ah… mierda —jadee al sentir un picor en mi sexo, apreté mis dientes y espere que la sensació
El sonido de las garras de Teodoro en la puerta, me informaron una sola cosa: necesita hacer sus necesidades. Suspire y me puse de pie para ir a abrirle descubriendo que Sergei no se encuentra vigilando como esperaba.—Espera, Teo —pero era tarde, ni me escucho y solo corrió por el pasillo, lo empece a seguir y supongo que este utilizando sus sentidos me guia hasta las escaleras de caracol.Lo sigo hacia la parte trasera de la mansión en donde me ocupo de abrirle la puerta corrediza de cristal para que pueda salir. Él no se alejó demasiado. Se movía entre los arbustos y el césped como si estuviera inspeccionando su pequeño reino, mientras yo me acomodaba en el suelo junto a la puerta, observándolo.Mi gato se toma su tiempo para explorar el área, y yo para pensar en la situación en la que me he involucrado. Aceptar este trato con Viktor me lleva a un mundo que no es mi estilo «De igual modo no tenías otra opción» me digo a mi misma. Si no aceptaba él me obligaría o quizás me haría alg
El tiempo avanzo rápido, me sentía nerviosa y llena de ansiedad, Viktor esperaba por mí. Una empleada llego con una fina lencería y una bata de seda, me vestí con las prendas y ella personalmente me va guiando a la habitación del coronel. Esperaba los pasillos fueran eternos, sin embargo, nos detuvimos frente a una puerta en un corredor sin nada más que esta aposento.La mujer se retiró en silencio, no me quedo de otra que respirar hondo frente a la pesada puerta de madera antes de tocar suavemente. No hubo respuesta, pero la puerta estaba entreabierta, como si me estuviera invitando a pasar. Empujé con cuidado y entre.La habitación estaba parcialmente iluminada, con una lámpara de mesa proyectando sombras danzantes sobre las paredes. El espacio era mucho más sobrio de lo que recordaba, decorado en tonos oscuros y apenas algunos muebles esenciales. Todo estaba perfectamente ordenado, c
Al despertar me ardían los ojos por llorar durante varias horas después de llegar a mi habitación, Teo se encontraba dormido a mi lado. Suspire pesadamente intentando enfocar todo en este aposento, vi en mi mesita de noche varias cosas: teléfono, una tarjeta de negra de algún banco, un estuche y una nota.Te doy la confianza, no me falles, si intentas algo estúpido lo sabré y me encargare de cobrártelo muy caro. Coronel Decía la nota que rompí con mucha rabia, maldito imbécil.Salí de la cama con molestia, camine hacia el baño y me di una ducha larga con la cual todo mi enojo disminuyo, pero mi odio hacia el coronel no. Busque la ropa más sencilla e hice lo mismo con el maquillaje, tome el puto teléfono y la tarjeta, me gastare su maldito dinero.Al abrir la puerta me encontré con mi escolta.—Llévame al centro comercial —ordene a lo que este asintió, no esperaba que fuera así de fácil. Empecé a seguirlo hacia una parte de la casa que reconocí como el lugar donde se encuentran los a
—Señorita Petronva —tocaron a mi puerta despacio en eso de las 4:00pm, me acerque a esta con cierta curiosidad y abrí encontrando dos chicas rubias, y por su senos protuberantes, operadas hasta la raíz del cabello, pero con una sonrisa juguetona en sus bocas—. Soy Yulia y ella es Galia, el coronel solito nuestro servicio para que la preparemos para la fiesta de esta noche, ¿le gustaría iniciar ahora? —me eche a un lado para dejarlas pasar.Lo que ambas hicieron con una enorme sonrisa, me sorprendió ver la cuatro maletas que trajeron y también con la familiaridad que se desplazaron por la habitación como si la conocieran más que yo misma.Supuse que esto iba ser para largo cuando me entregaron una bata y pidieron que me duchara.Ahora estoy sentada frente a un espejo de tres cuerpos, rodeada de luces que acentúan cada ángulo de mi rostro. Aunque intento mantener l
—Gracias —es lo único que pudo salir de mi boca mientras que este curva sus labios en lo que parecía ser una sonrisa, ni se cómo puedo describirla, ya que en su mundo retorcido debe ser lo más cercano a una.—Con que tú eres, Alina —dice un hombre que llega a nosotros con un vaso en su mano, con un tono que mezcla curiosidad y un matiz de diversión peligrosa. Este lleva un traje negro impecable, pero a diferencia de Viktor, lleva el cuello de la camisa ligeramente desabrochado, dejando entrever una cadena de oro con el mismo fénix que la mía que brilla contra su piel bronceada «Otra propiedad del coronel, supongo». Su cabello negro y ligeramente despeinado cae sobre su frente de una manera que parece deliberadamente descuidada, como si quisiera transmitir que no sigue reglas, sino que las rompe—. Mi nombre es Dmitry Ivanov —me extiende su mano y la acepto, notando una cicatriz delgada que atraviesa su ceja izquierda mientras que este besa el dorso de mi mano.Sus ojos, de un tono ámbar
Regresó al sillón, y el chico regresó con una margarita. Esta vez, el sabor no era el mismo que al principio. No tenía apetito para continuar con la bebida. No sé cuántas horas estuve allí sentada, pero no vi señales de Dmitry o del coronel. Saqué del bolso el teléfono, ya tenía el número de Sergei, le marqué y al primer tono respondió.—Señorita Petronva —dijo enseguida.—No veo al coronel por ningún lado y quiero regresar, ¿puedes venir por mí? —interrogué. No escuché respuesta de su parte, solo algunas conversaciones algo lejanas.—Pavel se pondrá en contacto con el coronel, no se muevas de su lugar —es lo que me dijo antes de colgarme. Suspiré y subí mis piernas hasta el pecho después de deshacerme de los tacones.(…)No sé cuántas horas pasaron, ni en qué momento me quedé dormida, sin embargo, desperté en brazos del coronel. El ruido del lugar me indicaba que todavía nos encontrábamos en el club. Abrí los ojos y efectivamente estábamos sentados en el sofá. Me moví para que me lib
Un movimiento de algo pesado subiendo en mi cama me hace despertarme, me tenso cuando un par de brazos me envuelven y me pegan a un torso desnudo, sin embargo, ese olor lo reconozco y me vuelvo a relajar.—Vuelve a dormir, Alina —ordeno como siempre, me quise girar en sus brazos para quedar frente a frente, sin embargo, no me lo permitió. No luche, me quede tranquila bajo unas pequeñas caricias que dejaba en mi brazo.Cerré mis ojos y me deje llevar por el sueño nuevamente. Para cuando desperté Viktor no se encontraba a mi lado, pero movimiento en mi cuarto de baño me notificaron de su presencia, por lo que salí de la cama y camine hacia el lugar antes mencionado. Ingrese encontrándolo en mi bañera con su máscara escarlata cubriendo la mitad de su rostro, ¿Cuánto tiempo llevara allí dentro? Mi respuesta fue respondida por el vapor que sale desde la tina. —¿Te quedas ahí o me acompañaras? —cuestiono abriendo sus ojos para verme. Me deshice de mi blusa y pantalón corto de seda queda