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Capítulo 41: La Estrategia de la Luna

Sebastián observaba con furia mientras Emma se elevaba por encima del suelo, envuelta en una luz azul incandescente. La presión en el aire se volvió insoportable. Su magia, la misma que había destruido reinos y masacrado manadas enteras, se disipaba como si nunca hubiera existido.  

—¡No puede ser posible! —gruñó, intentando canalizar su poder de las sombras, pero su energía era absorbida por la presencia de Emma.  

La tierra tembló.  

Un rugido resonó en el aire cuando un inmenso lobo plateado emergió de la luz detrás de Emma, con ojos brillantes como dos lunas. La Diosa Luna misma había descendido.  

—Sebastián —su voz sonó en todas partes, reverberando en cada rincón del campo de batalla—. Tú has profanado mi legado. Has destruido vidas inocentes por tu ambición.  

Sebastián sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Sabía que no había escapatoria.  

Emma descendió lentamente, posando los pies sobre la tierra con una gracia sobrehumana. Su mirada, ahora completamente blanca, reflejaba el poder de la Luna en su máximo esplendor.  

—Esta es tu última noche, Sebastián —declaró con voz firme.  

Sebastián rugió de ira y se lanzó hacia ella con toda su fuerza.  

Pero Emma no se movió.  

Solo levantó una mano y un círculo de luz se expandió a su alrededor. El impacto de Sebastián se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra un muro invisible.  

—No… —jadeó él, sintiendo cómo su cuerpo comenzaba a arder.  

De repente, Emma giró la muñeca y una ráfaga de energía azul lo envolvió por completo. La magia ancestral de los Quileute lo estaba consumiendo, arrancando de él todo el poder oscuro que había robado.  

—Esta magia… —Sebastián gimió, cayendo de rodillas—. No puede ser. Es la magia de los Quileute… la misma manada que exterminé…  

Su cuerpo comenzó a desmoronarse en cenizas mientras la voz de Emma retumbaba en el viento.  

—Esta es la justicia de aquellos a quienes traicionaste. Esta es la venganza de los inocentes.  

Con un último grito, Sebastián fue consumido por la luz, desvaneciéndose en el aire.  

El silencio cayó sobre el campo de batalla.  

Emma bajó la mano lentamente y cerró los ojos. Su cuerpo volvió a la normalidad, pero la marca de la Luna en su frente quedó como prueba de lo que había ocurrido.  

Diego corrió hacia ella y la sostuvo en sus brazos antes de que su cuerpo se desplomara de agotamiento.  

La guerra había terminado.  

Y Emma…  

Emma se había convertido en la leyenda que estaba destinada a ser.  

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