Entregándome

Hace una semana estoy aquí, en la isla de Santorini y me siento como si estuviera en el cielo. He perdido la perspectiva de todo y nadie se ha puesto en contacto conmigo, no sé por qué pero tampoco me atrevo a salir de la habitación.

A pesar de la frialdad con que vi como Ian Moskav asesinaba a Hillary, no puedo sentir falta de seguridad ahora que él no está.

Hay algo en ese hombre, algo extraño que me hace querer estar a su lado. Algo turbio, oscuro y siniestro rozando la enfermedad que me hace sentir protección, seguridad y aplomo y él me asiste.

Ahora me he quedado a la deriva. En el instante en que me dejó ir, todo dejó de tener ese sentido del deber, la posibilidad de sobrevivir escapó cuando me dejó. Paradójicamente, así es. Paso del alivio de su ausencia a la impresionante necesidad de su presencia.

Con Samuel es otra cosa, no sabría definirlo. Aunque creo que me sentí en España con la ilusa idea ferviente de tener algo con alguien que por primera vez me hacía sentie; pero c
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