227. Los encontraron

227

Le dije al chofer que condujera directamente a nuestra casa. Julieta estaba agotada, apenas podía mantenerse despierta, aunque juraba que no tenía sueño. Pero apenas apoyó la cabeza en mi hombro, se quedó profundamente dormida.

Cuando llegamos, la bajé del auto con cuidado, susurrándole: “Perdóname, nena”, mientras la cargaba en brazos. Su respiración era tranquila, y algo murmuró, pero no entendí qué. La llevé a nuestra habitación y, aunque me doliera, la até a la cama con unas esposas. No podía arriesgarme a que intentara seguirme. No esta vez.

Besé su frente antes de cubrirla con las mantas. “Es por tu bien”, susurré, sintiendo un nudo en la garganta.

Salí de la habitación, cerrando la puerta suavemente. Marcelo me estaba esperando en la sala, con su expresión de siempre, una mezcla de preocupación y resignación.

—¿Qué sucede? —preguntó al ver mi rostro.

—Dimitri tiene a mi madre —respondí, apretando los dientes. Mi pecho se llenaba de una mezcla de rabia y miedo. Brigitt
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