14—¡Julieta! —exclama sorprendido y hasta un poco enojado.Sacudió sus zapatos para quitar el exceso y la miró preocupado de que estuviera demasiado intoxicada y tal vez deba hacer un viaje a urgencias.—Lo siento —dijo en un murmullo muy bajito y avergonzada.Sus mejillas ya rosadas a causa del alcohol se pusieron más rojas por la vergüenza.—¿Estás mejor? —pregunta Max hundiendo el ceño, Julieta por un momento pensó que estaba preocupado por ella, pero eso era imposible.Julieta sacudió la cabeza despejando las telarañas de su mente, no le dio tiempo de contestar cuando un auto plateado de lujo se estacionó frente a ellos y le tocó la bocina.—Preciosa, vamos —el recién llegado, Tomás vio la que se lío su mejor amiga y casi rompe a reír, pero mantuvo su fachada seria todo el tiempo desafiando a Max de decirle algo.—Tomás… —Julieta suspiró aliviada— sabía que no me ibas a abandonar. Díselo al retrógrada de mi jefe —señala un poco más a la izquierda de donde de verdad está Maximilian
15Julieta se sentía tan mal que terminó vomitando dos veces más en el camino a casa. Tomás, muy amablemente, se detenía a un lado de la carretera mientras ella expulsaba hasta lo último que había en su estómago.—Juro que no voy a beber más —decía entre arcadas.—Eso lo dicen todos los borrachos, y luego, el próximo viernes, están de nuevo de juerga —se burló su mejor amigo.—Se supone que eres mi amigo, pareces más mi enemigo —gimió ella de dolor estomacal de tanto vomitar—. Creo que ya no me agradas.—Mentirosa —se rió Tomás mientras la ayudaba a ponerse en pie y soltaba su cabello—. Nadie te va a cuidar después de una borrachera como yo.—En eso tienes toda la razón, me retracto —dijo, caminando con la ayuda de Tomás hacia el auto, con un poco más de color en sus mejillas.Tomás la ayudó a volver al auto y siguió su trayecto hacia su casa. No quería llevarla hasta la casa de ella porque no sabía si se iba a encontrar con el imbécil de Maximiliano Hawks. Nunca le agradó ese t
16Al día siguiente, la alarma sonó como todos los lunes. Julieta no había sabido nada de Maximiliano Hawks, pero sabía que primero debía presentar su renuncia y esperar al menos 15 días para poder retirarse de su trabajo. Esperaba no encontrar ningún tipo de problema. Se vistió con uno de los vestidos que Tomás le había regalado; era hermoso, de un color verde botella que hacía resaltar sus propios ojos verdes. Decidió hacerse una cola alta con algunos rizos en las puntas; unos mechones sueltos enmarcaban su rostro, realzando su belleza y su esbelto cuello.—Bueno, chica, estás lista —se dijo al espejo, tratando de darse ánimo. Tomó su cartera y se dirigió a la estación para tomar el metro.Llegó temprano, como cada mañana. Preparó el café de su jefe y se sentó a revisar los pendientes, que se suponía no serían muchos. Poco menos de cinco minutos después, llegó Maximiliano, mirando a todos con desdén hasta que su mirada se cruzó con la de Julieta.—Pensé que habías renunciado —dijo s
17Max estaba lívido de que una subordinada se pusiera a opinar sobre su vida de esa manera, sabía de los rumores y nunca los había detenido porque sencillamente no había pruebas, pero escucharlo era muy diferente. —¿Quién eres tú para especular sobre mi vida privada? —pregunta Maximiliano con un tono bajo y peligroso. Nunca hizo falta que levantará la voz, su sola presencia y mirada azul hielo no presagiaba nada bueno—. Mejor aún, Greta... ¿Por qué no estás trabajando?La chica en cuestión tiembla bajo la mirada glaciar de su jefe y no sabe cómo salir de este problema en el que ella solita se metió.—Yo… yo… seño... —Trató de hablar, pero no pudo, la mujer temblaba delante de él mientras Maximiliano Hawks la veía con desaprobación.—Recoge tus pertenecías y firma la carta de renuncia, RR. HH te estará esperando —dijo simplemente y se dio media vuelta para largarse, antes de salir se detuvo y sin girar la cara habló— espero que en dos minutos el resto del grupito este disuelto y
18Liliane se sentó frente a él como si el lugar le perteneciera, lo que solo molestó a Maximiliano, pero no lo mostró.—Tienes empleados groseros —comentó la prometida de Maximiliano cuando se sentó frente a él.—En serio, ¿qué haces aquí? —preguntó Maximiliano sin rodeos, tratando de contener su temperamento—. No te pedí que vinieras.—Vine porque quería verte, para hablar de las capitulaciones, por supuesto —comenzó a decir Liliane—. Me gustaría que mi abogado también esté presente el día que las firmemos y poner algunas cláusulas que considero convenientes.—¿Y qué cláusulas son esas? —preguntó Maximiliano, sonriendo con malicia.—De fidelidad, claro está —dijo ella, cruzando las piernas con elegancia—, y una compensación si fallas, otras cosas sin importancia.A Maximiliano le sorprendían las cosas que ella decía, pero no lo demostró. Su fachada permaneció intacta. Solo se quedó mirándola por largo rato, lo que puso bastante nerviosa a Liliane, aunque intentó no demostrarl
19 Julieta no quería seguir con un hombre que no la valoraba, lo amaba y durante tres años se hizo de la vista gorda en nombre de ese amor, pero ya estaba cansada. Ya no podía más. Él no la amaba y era hora de aceptarlo. —Te pedí una sola cosa y al parecer es lo único que no puedes darme —dijo Julieta mirando sus ojos azules con determinación— se acabó, no puedo seguir así, Maximiliano Hawks. —¡Esto no se acaba hasta que yo lo diga! —su voz saliendo baja y peligrosa. Maximiliano estaba tratando de controlar su creciente pánico, no quiere que ella se vaya. La necesita. —No —respondió con odio en su voz y lo vio de manera apática— ya no quiero estar contigo. “No me amas y ya lo acepté” quiso decirle. Maximiliano la suelta como si quemará, odiando que se comporte de esa manera. —Las cosas han cambiado, en dos años me divorciaré y volveremos a estar como siempre —dijo Max, su pecho subiendo y baja coincidiendo en el ritmo que marcaba su respiración rápida— has espe
20El departamento de recursos humanos no era muy visitado y todos sus empleados directos le temían, Rachel Riker era joven, pero manejaba su departamento con puño de acero. Lo que le gustó a Maximiliano y la hizo jefa en poco tiempo, al presidente Hawks no le importaba tu género, sino que supieras trabajar con nada menos que perfección y Rachel Riker era uno de ellos.—Ayer te pase mi carta de renuncia. Pero no recibí respuesta alguna o por lo menos la respuesta de que ya están buscando alguien para mi vacante —Julieta fue directa al grano, obviando su comentario de deidades— debemos hacer las entrevistas lo más pronto posible y elegir mi reemplazo para entrenarla.Rachel se le quedó viendo atentamente de manera pensativa, se recuesta en su silla sin quitarle los ojos de encima a la hermosa mujer que tenía delante de ella, como un puma con su presa. Julieta se estaba empezando a poner nerviosa, pero empujó eso hasta el fondo.—Ayer llamé directamente al presidente Hawks, me dijo que s
21Julieta respiraba de manera irregular, su corazón latía salvajemente en su pecho, ambos estaban tan cerca que podían sentir el aliento del otro y eso solo la hacía ponerse cachonda, su cuerpo siempre reaccionando a él. Lo que solo hacía que se molestará el doble.—Sé todo sobre ti, Julieta —responde Max sin tapujos y con mucha seguridad— pero ese no es el punto. Te quedan tres meses en ambos contratos —Max la acorrala con su cuerpo y acerca sus labios a los suyos.“Como extraño esos labios” piensa Max, sin poder dejar de verlos.—No me obligues a hacerlo —habla Julieta entre dientes y tristeza en sus ojos— no me obligues a odiarte.Por mucho ame a Max, ella teme que pueda llegar a odiarlo y no es lo que ella quiere. Ella jamás a odiado a nadie y que triste sería comenzar con el amor de su vida.“Tal vez nunca fue el amor de tu vida” me dice mi conciencia. En este punto Julieta cree que todo es posible, solo idealicé un amor de niños. Se idealizó el amor de una niña tonta.—