Capítulo 74

Fiorella se sentía en la cima del mundo. 

La noche anterior aún ardía en su piel como un recuerdo imborrable.

Dante.

Dante dentro de ella, Dante gimiendo contra su cuello, Dante embistiéndola con esa fiereza salvaje.

Se deslizó por el pasillo con una sonrisa autosuficiente en los labios, llevando la bandeja con gracia, como si su mera existencia fuera un privilegio para quien la mirara. Se sentía victoriosa.

Porque ella había estado en su cama.

No esa patética extranjera de nombre ridículo, con su acento tosco y su aire de mártir.

Y pronto, Dante abriría los ojos y se daría cuenta de la realidad.

Esa rusa simplona no estaba a su nivel.

Nunca lo estaría.

Era solo cuestión de tiempo.

Empujó la puerta del despacho con una seguridad felina, lista para encontrarlo detrás de su escritorio, despeinado, agotado… quizás todavía con resabios de la resaca y de ella en su piel.

Pero él no estaba allí.

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