Capitulo 5_Espanto

Despierto con el sonido insistente de la alarma y, tras unos segundos de letargo, me incorporo de la cama. Me dirijo al baño para darme una ducha, dejando que el agua tibia me ayude a despejarme.

Al salir, me visto con el atuendo que había elegido la noche anterior: una falda de satén azul con una chaqueta a juego, una blusa blanca debajo y unos hermosos zapatos del mismo color. Suelto mi largo cabello rubio y me maquillo de manera sencilla, lo justo para realzar mis rasgos. Me observo en el espejo, satisfecha con el resultado.

Tomo mi bolso y el currículum antes de bajar al comedor para desayunar.

Al llegar, me sorprende encontrar a Alexander sentado a la mesa, vestido con un impecable traje de oficina que se ajusta a su cuerpo, destacando la firmeza de sus músculos. Me dedica una mirada de cuerpo entero, escrutadora, pero permanece en silencio. Ignoro su presencia y tomo asiento en la parte más alejada, desayunando rápidamente.

Al terminar, me despido de Mary y salgo casi corriendo de la mansión.

Al acercarme a la carretera principal, un auto se detiene a mi lado. Reconozco de inmediato al conductor: es el chofer de la mansión. Baja los cristales y me dirige una sonrisa amable.

—Señora, por favor, suba. La llevaré a su destino —dice cortésmente.

—No, gracias. Ya estoy cerca. Tomaré un taxi —respondo con amabilidad, pero mi mirada se encuentra con unos ojos fríos observándome desde el asiento trasero del vehículo.

Es Alexander.

Lo ignoro y continúo caminando hasta la carretera, donde detengo un taxi y subo sin dudar.

—Mayordomo, quiero que investigues a dónde se dirige mi esposa —ordenó Alexander desde el asiento trasero de su BMW.

El taxi se detiene frente a un imponente edificio de veinte plantas. Le pago al conductor y entro rápidamente, maravillada por la decoración sofisticada y moderna del lugar. Me acerco a la recepción, donde una mujer alta de piel morena y cabello castaño me recibe con una sonrisa profesional.

—Buenos días. Vengo para una entrevista de trabajo. El señor Colleman me espera —le informo.

Ella asiente y me guía hasta el ascensor, llevándome a la última planta. Al llegar, me deja frente a unas grandes puertas de madera marrón.

Tomo aire profundamente y golpeo suavemente la puerta.

—Adelante —escucho una voz monótona desde el interior.

Con el corazón latiendo con fuerza, entro a la oficina y siento un escalofrío cuando el aire frío acaricia mi piel. Detrás del escritorio, un hombre de cabello rubio levanta su mirada azulada y me observa de arriba abajo. Traga grueso antes de levantarse y extenderme la mano.

—Bienvenida, señorita… ¿Aslin Ventura?

Asiento con la cabeza.

—Sí, señor Colleman. Es un placer conocerlo.

Él asiente con amabilidad y me invita a sentarme. Le entrego mi currículum, y apenas lo revisa, su expresión se transforma en asombro.

—¡Vaya! Veo que eres muy talentosa. Tus diseños son excelentes. Con este portafolio podrías postularte a una empresa más grande, como el Corporativo Líbano. No dudarían en contratarte.

Mi rostro palidece, pero mantengo la compostura.

Lo último que deseo es que alguien relacione mi nombre con Alexander.

—No, señor. Créame, estoy feliz de trabajar con ustedes. No necesito postularme en otra empresa —respondo con una sonrisa medida.

Él asiente.

—Bien, entonces, señorita Ventura, será un placer para mí recibirla en la empresa.

—¿Eso significa que estoy contratada? —pregunto con incredulidad.

—Por supuesto, y no solo eso. Estás de suerte: serás la nueva directora del departamento de diseño.

Mi corazón salta de alegría.

—¿Está seguro? Ni siquiera tengo experiencia en un cargo como este.

—La experiencia es lo de menos. Lo que realmente importa es el talento —responde con convicción.

Su respuesta me tranquiliza. Toma el teléfono y llama a alguien. Minutos después, la misma recepcionista entra en la oficina.

—Katia, lleva a la señorita Ventura al departamento de diseño.

—Gracias por todo, señor Colleman —digo, estrechando su mano.

—Llámame Erick. Los amigos de Verónica también son mis amigos.

Salgo de la oficina y sigo a Katia hasta el ascensor. Ella presiona el botón del piso 15. Al llegar, noto cómo algunas personas me observan y susurran entre ellas.

—Señorita, esta será su oficina. Y felicidades nuevamente por el puesto —me informa Katia antes de retirarse.

Al entrar, me encuentro con una mujer de cabello negro recogiendo sus pertenencias en cajas. Su mirada es fría y hostil. Sin decir una sola palabra, se marcha.

No sé quién es ni por qué me odia, pero decido ignorarla y examinar la oficina. Es espaciosa y tiene una vista hermosa de la ciudad. Con unos pequeños ajustes, será perfecta.

Unos minutos después, alguien golpea suavemente la puerta.

—Adelante.

Una joven simpática entra con una sonrisa.

—Señora Ventura, es un placer conocerla. Mi nombre es Filiz, seré su secretaria a partir de ahora.

—El placer es mío, Filiz. Confío en ti. Sé que juntas haremos un gran equipo —respondo con calidez.

Filiz se sonroja y sonríe.

—Me alegra que la hayan nombrado como directora. La señorita Roxana hacía las cosas muy difíciles para todos.

—¿Roxana? ¿Era la mujer que estaba aquí recogiendo sus cosas? —pregunto intrigada.

—Sí, señora. Era una secretaria, igual que yo, pero el señor Colleman la nombró temporalmente directora de diseño. Al parecer, se acostumbró al puesto y no esperaba que le quitaran el cargo tan rápido.

Ahora comprendo su hostilidad.

—Gracias por la información, Filiz. Puedes retirarte.

El resto del día lo paso familiarizándome con mis nuevas responsabilidades y revisando los diseños que debemos entregar esa semana.

Al caer la tarde, recojo mi bolso y salgo de la oficina. Afuera, la lluvia cae torrencialmente. Me paro al borde de la carretera, esperando un taxi, pero después de veinte minutos, ninguno se detiene.

De repente, un Ferrari rojo se estaciona frente a mí.

Los cristales se bajan, y el rostro de Erick aparece detrás del volante.

—Señorita Ventura, ¿qué hace aquí bajo la lluvia? —pregunta sorprendido.

—No he podido encontrar un taxi —respondo, cubriéndome el rostro con las manos.

—Venga, suba. La llevaré a su casa.

Dudo, pero termino aceptando. El trayecto transcurre en silencio hasta que la imponente mansión aparece a lo lejos.

—¿Aquí vives? —pregunta Erick, asombrado.

—Solo es algo temporal. Muchas gracias por traerme. Nos vemos mañana en el trabajo.

Salgo apresurada del auto y camino hacia la entrada.

Apenas cruzo la puerta, un fuerte tirón en el brazo me estampa contra la madera.

El aire se me escapa al sentir una respiración frenética cerca de mi oído.

Levanto la mirada y me encuentro con el rostro de Alexander, sus ojos fríos destilando rabia.

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