El auto no se dirigió a la mansión como Lilia esperaba. En cambio, tomaron una ruta diferente, adentrándose en la parte más exclusiva y oculta de la ciudad.—¿Adónde vamos? —preguntó, con el ceño fruncido.Nikolai sonrió, pero no le respondió.El vehículo se detuvo frente a una entrada discreta. Desde afuera, parecía un almacén cualquiera, pero cuando Nikolai la guió adentro, Lilia sintió que entraba en otro mundo.Luces rojas y doradas iluminaban la estancia, reflejándose en las paredes de terciopelo oscuro. Música sensual vibraba en el aire, mezclada con risas, murmullos y el chasquido de copas de champán.Era un club exclusivo… pero no uno cualquiera.Lilia lo supo en cuanto vio las jaulas en el centro del salón, donde mujeres con máscaras doradas se contoneaban al ritmo de la música. Mesas privadas rodeaban la pista, ocupadas por hombres poderosos que disfrutaban del espectáculo con tragos en mano.Un club de placer.—¿En serio me trajiste aquí? —Lilia siseó entre dientes.—Me debe
Nikolai la empujó dentro de la habitación. Lilia apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento antes de escuchar el sonido seco de la puerta cerrándose tras ella.Sus pasos resonaron en la penumbra, un aviso de que su ira aún ardía.—¿Qué estabas pensando, muñeca? —su voz era un susurro peligroso.Lilia se giró para enfrentarlo, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho.—No tenías derecho a prohibírmelo —espetó, intentando mantener su voz firme.—¿No? —Él rió, pero no era diversión, era amenaza. Se acercó hasta que la acorraló contra la pared—. ¿De verdad creíste que podías desobedecerme sin consecuencias?Su aliento cálido acarició su cuello, y Lilia sintió un escalofrío recorrer su espalda.—Tú no eres mi dueño —susurró, aunque la forma en que su cuerpo temblaba le decía lo contrario.Nikolai deslizó un dedo por su brazo desnudo, recorriendo su piel como una caricia que la hizo contener el aliento.—Muñeca, yo te poseo en todos los sentidos.Lilia apretó los dientes, negándose a
Lilia no había podido dejar de pensar en lo que había visto en el club. Su hermana, Sofía, estaba con Alexei, el mismo hombre que la había metido en la cárcel. El mismo que le había arrebatado todo.¿Qué demonios estaba haciendo con él?Se pasó la noche en vela en la enorme cama de Nikolai, su cuerpo aún con el rastro de su dominio, pero su mente atrapada en una maraña de recuerdos y preguntas sin respuesta.Al amanecer, tomó una decisión. Tenía que verla.…Fue fácil escabullirse. Demasiado fácil. O Nikolai realmente confiaba en que no escaparía, o… sabía que volvería a él. Lilia dejó la mansión en una de las camionetas negras, con la excusa de que iba a hacer compras. Pero su destino era otro: un viejo apartamento en la zona industrial de la ciudad.Sofía estaba allí.El corazón le latía con fuerza cuando llamó a la puerta. Un segundo. Dos. Tres. Luego, se abrió con un rechinar, y su hermana apareció.—No puede ser… —susurró Sofía, su mirada reflejó sorpresa y algo más—. ¿Lilia?—¿Es
El sol de la tarde se filtraba por los enormes ventanales del restaurante privado, dándole un brillo dorado al cabello perfectamente peinado de Isabella Volkov. Sentada con elegancia en la mesa, sostenía una copa de vino mientras observaba a Débora Petrov con una expresión neutra.La joven Petrov cruzó las piernas con un movimiento pausado y estudiado. Vestía un traje entallado, blanco como el mármol, y su mirada reflejaba la frialdad calculadora de alguien acostumbrada a mover piezas en el tablero del poder.—Sabemos que todo este asunto ha sido… desafortunado —dijo Isabella con tono conciliador—. Pero créeme, Débora, Nikolai nunca tuvo la intención de ofender a tu familia.Débora arqueó una ceja.—¿No tuvo la intención? —Su tono era gélido—. Mi nombre fue pisoteado cuando Nikolai se casó con otra mujer. ¿Tienes idea de cómo afecta esto a nuestra familia? ¿Cómo nos hace ver?Isabella presionó los labios en una fina línea, sin perder la compostura.—Sé que no es ideal, pero podemos ll
El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Anya empujó la puerta del dormitorio de Leonard.El sonido de la tormenta afuera cubría el leve crujido de la madera bajo sus pies descalzos. La mansión estaba en absoluto silencio, pero su corazón latía como un tambor en sus oídos. Él estaba ahí. Sentado en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos, como si estuviera luchando contra algo dentro de sí mismo.Sus ojos se levantaron cuando sintió su presencia. Se congeló al verla de pie en la penumbra, con la tenue luz del pasillo iluminando su silueta. Llevaba una camisa demasiado grande para su cuerpo, que apenas le llegaba a la mitad de los muslos. Descalza.Leonard sintió un golpe seco en el estómago.—Anya… —su voz fue un gruñido bajo, tenso.Ella cerró la puerta detrás de sí con un clic, aislándolos del mundo exterior. Sus labios se curvaron en una sonrisa temblorosa mientras avanzaba lentamente, sin apartar la mirada de él.—Estoy cansada de fingir que no quiero esto —susurr
Nikolai estaba sentado en su oficina privada dentro de uno de sus clubes más exclusivos. Sus pensamientos estaban demasiado ocupados en lo que su hombre de confianza tenía que decirle. Frente a él, Viktor, un hombre fornido con cicatrices en los nudillos y un aura de letalidad, esperaba en silencio, con un expediente grueso entre las manos. —Dime que traes algo bueno —ordenó Nikolai. Viktor le tendió el expediente sin perder tiempo. —No sé si lo llamaría “bueno”, pero es jugoso. Nikolai arqueó una ceja y abrió la carpeta, escaneando rápidamente las primeras páginas. Entonces, se detuvo en seco. Sus ojos oscuros se clavaron en la línea que acababa de leer. Sofía Ivanova. Estado civil: Casada. Esposo: Alexei Ivanov. El aire en la oficina pareció volverse más pesado. Nikolai cerró el expediente con un golpe seco y alzó la mirada hacia Viktor. —Dime que esto es un maldito error. Viktor negó con la cabeza, con expresión sombría. —Verifiqué tres veces. Tienen un certificado de matr
La mesa del comedor estaba más callada de lo normal. La familia Volkov solía desayunar en un ambiente rígido, pero ese día la tensión era diferente, más densa, más opresiva. Leonard comía en silencio, con el ceño fruncido, mientras que Anya removía su café con la cucharilla con una calma que parecía estudiada. No estaba de mal humor, no lanzaba miradas de desprecio ni respondía con sarcasmos… y eso la hacía aún más peligrosa. El padre de ambos los miró, con su expresión fría y calculadora. —Anya, ¿quién te llevará a la universidad hoy? Ella alzó la vista, como si acabara de recordar que tenía clases. —Pediré a uno de los guardias que me lleve. —No —cortó su padre, con tono firme—. Leonard lo hará. Él levantó la cabeza, sorprendido, y Anya finalmente mostró una reacción: una sonrisa sarcástica que apenas duró un segundo. Leonard carraspeó y asintió con rigidez. —Sí, señor. Su padre le dedicó una última mirada antes de seguir desayunando, sin saber que acababa de lanzar a los d
La música pulsante del club aún vibraba en sus oídos mientras Lilia salía a la parte trasera del edificio, sus tacones resonando contra el concreto húmedo. El aire nocturno estaba cargado de tabaco y peligro, pero nada la hizo detenerse. Ahí estaba Sofía.Su hermana estaba de espaldas, apoyada contra la pared de ladrillo, hablando con un hombre de traje oscuro, con Alexei. Lilia sintió que la sangre se le helaba. Su hermana había luchado por salir de ese infierno y ahora se paseaba con el hombre que la había hundido en él.—Sofía.Su hermana se giró, su rostro se endureció por el tiempo en prisión. Sus labios se entreabrieron con sorpresa, pero antes de que pudiera hablar, Alexei la interceptó.—Qué coincidencia —murmuró con una sonrisa serpenteante. Su mirada oscura se deslizó por el cuerpo de Lilia, evaluándola—. Sí que eres tú, ¿acaso no fui claro? No quiero verte cerca de Sofía.—Aléjate tú de ella —gruñó Lilia, pero Sofía le agarró el brazo.—Lilia, no es lo que parece…—¿No es lo